La muerte de "El Mencho" y el nuevo escenario del crimen organizado en México
El abatimiento del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación desató una reacción violenta en varios estados y abrió interrogantes sobre la sucesión, el riesgo de fracturas internas y el impacto en el mapa del narcotráfico.
El ejército mexicano abatió este domingo en Tapalpa, estado de Jalisco, a Nemesio Oseguera Cervantes, líder y fundador del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado por autoridades y especialistas como la organización criminal con mayor expansión y capacidad operativa en México.
El operativo desató una reacción casi inmediata: bloqueos de rutas, incendios de vehículos y ataques coordinados en distintos puntos del país. La magnitud de la respuesta volvió a poner en foco el poder territorial del grupo y dejó abierto el interrogante central: qué ocurrirá ahora sin su jefe histórico.
Una estructura con alcance nacional y negocios múltiples
El CJNG nació en 2009 bajo el mando de Oseguera y, en poco más de una década, se consolidó como uno de los carteles más robustos del país. Su crecimiento se apoyó en una combinación de reclutamiento masivo, acceso a armamento de alto poder y despliegue en múltiples estados.
De acuerdo con especialistas, la organización ocupa un lugar central en el tráfico de heroína, cocaína, metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos. Pero su estructura financiera no depende solo del narcotráfico: también obtiene recursos de la extorsión, el robo de combustible y el tráfico de personas, lo que le permitió sostener un engranaje económico diversificado.
A nivel simbólico, el cartel construyó una imagen de fuerza militarizada, con la difusión de videos en los que exhibía vehículos blindados y sicarios fuertemente armados, en abierta demostración de desafío al Estado. Entre los episodios más resonantes se cuentan el atentado en 2020 contra el entonces jefe policial capitalino, Omar García Harfuch, y el asesinato en 2023 del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.
Reacción coordinada y demostración de fuerza
Tras la muerte de Oseguera, los disturbios se extendieron por Jalisco, Michoacán, Puebla, Sinaloa, Guanajuato y Guerrero, además del balneario de Puerto Vallarta. Para analistas en seguridad, la respuesta coordinada evidenció tanto la capacidad de movilización del grupo como su presencia territorial.
Aunque la ofensiva no logró impedir el fallecimiento del líder ni el traslado de su cuerpo a Ciudad de México, el despliegue dejó en claro que la estructura operativa del CJNG continúa activa y articulada.
¿Continuidad o disputa interna?
El escenario a mediano plazo es incierto. Oseguera ejercía un liderazgo altamente personalista y no había señales claras de un sucesor consolidado. Su hijo mayor, conocido como "El Menchito", fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos, lo que limita una línea de sucesión directa.
Entre las hipótesis que manejan los especialistas aparecen dos caminos posibles: una transición ordenada hacia mandos regionales que mantengan la cohesión del cartel o una disputa interna por el control, con riesgo de fragmentación.
En este último caso, el vacío de poder podría derivar en enfrentamientos entre facciones y en un incremento de la violencia homicida, tanto por reacomodamientos internos como por intentos de otros grupos criminales de disputar territorios.
La muerte de "El Mencho" marca el fin de una etapa para el CJNG, pero no necesariamente el debilitamiento inmediato de su estructura. El verdadero impacto se medirá en los próximos meses, cuando se vea si el cartel logra preservar su cohesión o si se abre un nuevo ciclo de violencia en México.