Estallido metálico con el "todos presos menos los delincuentes"

Un cacerolazo golpea con fuerza a un Gobierno que decidió asumir posturas a favor y en contra de la decisión de otorgar masivamente prisiones domiciliarias a detenidos por diversos delitos. En lugar de abrazar a toda la sociedad concita un fuerte repudio.

El gobierno se ligó un fuerte repudio mediante el pacífico pero contundente método del cacerolazo, a raíz de la extendida idea instalada en los últimos días de que hay un consenso raro en el partido gobernante en torno a que "nadie merecería estar preso". El Frente de Todos contiene a abolicionistas como Raúl Eugenio Zaffaroni, que efectivamente viene diciéndolo desde hace años, pero también a Sergio Massa, que como lo contó Memo días atrás, termina cerrando el abrazo del Gobierno a todas las posiciones posibles en torno a la salida de presos a sus domicilios.

Sin embargo, el Gobierno se ve entrampado en decisiones que surgen desde instancias judiciales. La trampa es que muchos de sus militantes han aprovechado este masivo otorgamiento de prisiones domiciliarias, aun sin contar con suficiente cantidad de tobilleras ni policías para apostar en los domicilios de los "liberados", para afirmar con contundencia su apoyo a medidas como ésta, abonando una teoría romántica del preso, como "perdedor" dentro de la sociedad, no por propia culpa o acción, sino de lo que llaman "sistema".

Lo cierto es que la cuarentena, con la mayor de la parte de la ciudadanía privada de sus libertades y confinada en sus hogares, no resulta el mejor escenario para las elucubraciones intelectuales de Zaffaroni y sus acólitos, y mucho menos cuando las noticias en torno a cada caso puntual sobre los enviados a sus domicilios dan cuenta de una impericia fenomenal de parte de la Justicia a la hora de tomar las decisiones que están tomando.

"¿Quién se ocupa de las víctimas?", plantean quienes temen que "suelten" a su victimario. En tanto, la política se filtra ineludiblemente, habida cuenta de que la catarata de pedidos de prisión domiciliaria se di luego de que se le otorgara, con argumentos bastante débiles para sus detractores, al ex vicepresidente Amado Boudou.

A la vez, los canales de TV transmitieron en vivo y hasta sin relato que los acompañare, el tañir de las cacerolas, lo que multiplicó el efecto: quienes no tenían noción de la iniciativa, se enteraron. Quien no se sumó físicamente, ya está hablando de ello.

Y esto obliga al Gobierno a revisar su posición definitiva, silenciar a los pregoneros de las liberaciones masivas o no, continuar con el respaldo y asumir un rechazo social justo cuando recibían las caricias de un apoyo inédito a raíz del manejo de la crisis sanitaria. 

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