Argentina oficializó su salida de la OMS: qué cambia y qué no en el sistema de salud
El Gobierno formalizó su salida del organismo internacional tras casi ocho décadas de pertenencia. Aunque se mantendrá el vínculo con la OPS, especialistas advierten sobre el impacto en la cooperación global y la toma de decisiones sanitarias.
El Gobierno nacional confirmó la salida de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud, una decisión que ya había sido anticipada el año pasado y que ahora se formalizó a través de la Cancillería. De todos modos, el país continuará integrando la Organización Panamericana de la Salud, el brazo sanitario regional vinculado a la Organización de los Estados Americanos.
La medida abre interrogantes sobre sus efectos concretos en el sistema sanitario. Desde el Ministerio de Salud buscaron relativizar el impacto y aseguraron que la desvinculación "no compromete ningún programa de salud nacional", al tiempo que destacaron que la cooperación técnica seguirá a través de la OPS.
Argentina había adherido a la OMS en 1948, lo que implicó asumir compromisos internacionales en materia de salud pública. Por ese motivo, el proceso de salida no fue inmediato: demandó al menos un año de gestiones formales ante el organismo con sede en Ginebra.
En términos presupuestarios, hasta el año pasado el país destinaba más de $1.200 millones en concepto de cuotas a la OMS, mientras que los aportes a la OPS superaban los $400 millones. A la par, se registraban deudas acumuladas con el organismo regional por contribuciones impagas desde 2023.
Uno de los puntos centrales del debate es qué se pierde con esta decisión. La pertenencia a la OMS permitía a la Argentina participar en la coordinación de políticas sanitarias a escala global, acceder a asistencia técnica internacional y formar parte de redes de vigilancia epidemiológica financiadas en parte por ese organismo.
También facilitaba la integración en estrategias conjuntas frente a emergencias sanitarias, como ocurrió durante la pandemia de Covid-19, además de abrir espacios de influencia -aunque acotados- en la agenda global de salud.
Aun así, desde el Gobierno sostienen que gran parte de la cooperación continuará canalizándose mediante la OPS, que mantiene un rol activo en el país. A través de ese organismo, la Argentina accede a asesoramiento técnico, capacitación de recursos humanos y mecanismos de compra conjunta de vacunas y medicamentos a precios más bajos, gracias a fondos regionales que negocian con la industria farmacéutica.
Especialistas advierten, sin embargo, que la salida implica un cambio de escala. El exministro de Salud Adolfo Rubinstein había señalado que abandonar la OMS supone quedar al margen de marcos regulatorios globales, del Reglamento Sanitario Internacional y de la coordinación frente a pandemias, además de limitar la participación en debates sobre desafíos sanitarios que exceden la región.
En paralelo, la decisión también podría abrir discusiones jurídicas. Dado que la adhesión a la OMS implicó compromisos internacionales asumidos por el Estado argentino, algunos analistas consideran que el proceso podría requerir revisión legislativa o análisis constitucional.
Más allá de las diferencias políticas, incluso dentro del sistema sanitario se reconoce que el vínculo con la OPS garantiza la continuidad de herramientas clave, como la provisión de insumos estratégicos y la cooperación técnica en áreas críticas como dengue, vigilancia epidemiológica y acceso a medicamentos de alto costo.
Así, la salida de la OMS marca un giro en la inserción internacional del país en materia de salud: mientras el Gobierno apuesta a sostener la articulación regional, el debate sigue abierto sobre el costo de quedar fuera de los espacios de decisión a nivel global.