La falta de dinero también enferma: el estrés económico acelera el envejecimiento del corazón
Un estudio de la Clínica Mayo, basado en inteligencia artificial y más de 280 mil pacientes, revela que la tensión financiera y la inseguridad alimentaria pueden dañar el sistema cardiovascular tanto o más que factores de riesgo clásicos.
Llegar a fin de mes dejó de ser solo un problema económico para convertirse en una cuestión de salud pública. La medicina cardiovascular, históricamente enfocada en la dieta, el ejercicio y el control de la presión arterial, empieza a reconocer que las condiciones sociales -y en particular la situación económica- influyen de manera directa en el estado del corazón.
Esa es la principal conclusión de una investigación de la Clínica Mayo, que analizó datos de más de 280.000 pacientes con el apoyo de modelos de inteligencia artificial. El trabajo sugiere que las dificultades para pagar el alquiler, afrontar deudas o cubrir la canasta básica generan un impacto fisiológico medible, capaz de acelerar el envejecimiento cardíaco.
El estudio y la "edad cardíaca"
El núcleo del hallazgo está en un algoritmo de IA aplicado a electrocardiogramas. A diferencia del análisis clínico tradicional, enfocado en detectar arritmias u otras anomalías evidentes, el modelo examina variaciones eléctricas mínimas, imperceptibles para el ojo humano. A partir de esas señales, estima lo que los investigadores denominan "edad cardíaca".Cuando esa edad se compara con la cronológica, aparece una brecha: personas con corazones que parecen biológicamente más viejos de lo esperable. Esa diferencia, según el estudio, resulta un predictor de mortalidad más preciso que varios indicadores médicos convencionales.
La economía como factor de riesgo
Los resultados, publicados en Mayo Clinic Proceedings, señalan a la tensión financiera y a la inseguridad alimentaria como los determinantes sociales de la salud más agresivos para el sistema cardiovascular. La preocupación constante por el dinero -hipotecas, alquileres, facturas o el aumento del precio de los alimentos- genera un desgaste sostenido que la IA identifica como envejecimiento prematuro del tejido cardíaco.Desde el punto de vista biológico, el fenómeno se explica por la activación crónica del estrés. La incertidumbre económica mantiene al organismo en estado de alerta permanente, con niveles elevados de cortisol y adrenalina. Esa exposición prolongada afecta al endotelio vascular y altera la variabilidad del ritmo cardíaco, señales que el algoritmo reconoce como propias de un corazón envejecido. El impacto, advierten los investigadores, puede igualar o incluso superar al de la inactividad física o enfermedades como la diabetes en términos de riesgo de muerte prematura.
Una línea de investigación en expansión
El trabajo se inscribe en una serie de estudios previos de la Clínica Mayo. En 2024, el mismo equipo había demostrado que el aislamiento social acelera el envejecimiento cardíaco, mientras que contar con redes de apoyo y vínculos comunitarios actúa como un freno biológico. La novedad del estudio de 2025 es que coloca a los factores económicos por encima de muchos indicadores clínicos tradicionales.El hallazgo refuerza la idea de que la práctica médica no puede limitarse a analizar estudios de laboratorio o electrocardiogramas. Detrás de cada paciente hay una historia social que incide en su enfermedad. El colesterol alto o la hipertensión no siempre explican todo: la precariedad, el estrés y la falta de recursos también moldean la salud.
La relevancia del estudio radica en haber logrado medir con precisión ese impacto. Por primera vez, modelos de inteligencia artificial permiten cuantificar cómo la fragilidad económica "oxida" el músculo cardíaco y lo hacen comparable -e incluso superior- a los riesgos médicos clásicos. Un dato que obliga a repensar las prioridades de la salud pública y de la atención clínica.