La siesta perfecta: cuánto debe durar y en qué franja horaria conviene dormirla

Investigaciones científicas indican que el descanso vespertino puede mejorar la atención y la memoria si se limita a pocos minutos y se realiza en el momento adecuado del día.

Dormir una siesta es una costumbre extendida en distintas regiones del mundo y no responde solo a preferencias personales. La ciencia respalda esta práctica como una forma eficaz de recuperar energía en jornadas exigentes, atravesadas por estrés, altas temperaturas o noches de sueño incompleto. Durante la tarde, el organismo atraviesa de manera natural un descenso en el nivel de alerta, lo que suele traducirse en somnolencia, menor foco y cansancio mental.

Una revisión difundida en la revista especializada Sleep Medicine Reviews analizó distintos estudios sobre el descanso diurno y concluyó que la siesta puede potenciar funciones cognitivas como la concentración y la memoria, siempre que se realice de manera planificada. No se trata únicamente de cerrar los ojos: la duración y el horario resultan determinantes para obtener beneficios sin interferir con el sueño nocturno.

Descansos breves, mejores resultados

El tiempo dedicado a la siesta aparece como uno de los factores centrales. Los trabajos evaluados coinciden en que los descansos cortos -de entre 10 y 30 minutos- son los más efectivos. Este lapso permite reducir la fatiga y mejorar el desempeño mental sin provocar la llamada "inercia del sueño", una sensación de pesadez y confusión que suele presentarse al despertar de etapas más profundas.

En cambio, las siestas prolongadas pueden generar desorientación al levantarse y, en algunas personas, dificultar el descanso durante la noche, sobre todo en quienes ya tienen problemas para conciliar el sueño.

El horario que recomienda la ciencia

La franja en la que se duerme también influye. La evidencia científica ubica el mejor momento entre el mediodía y la media tarde, aproximadamente entre las 13 y las 16 horas. Ese intervalo coincide con una caída fisiológica del estado de alerta regulada por los ritmos circadianos.

Dormir más cerca del atardecer, en cambio, puede reducir la presión de sueño acumulada y alterar el horario habitual de descanso nocturno.

Quiénes se benefician más

La revisión señala que la siesta resulta particularmente útil para personas con falta de sueño, trabajadores con turnos prolongados o rotativos, estudiantes y adultos mayores, que suelen experimentar un descanso nocturno fragmentado.

No obstante, en quienes padecen insomnio crónico se aconseja moderación: los especialistas advierten que las siestas largas o fuera de horario pueden empeorar el problema y deberían evaluarse dentro de un enfoque integral de higiene del sueño.

Esta nota habla de: