Trastornos del olfato: más del 20 % de los adultos presenta alteraciones
Diversos estudios epidemiológicos revisados sugieren que los trastornos del olfato afectan a un porcentaje significativo de la población mundial. Meta-análisis amplios indican que entre el 3,6 % y el 5,8 % de las personas pueden experimentar anosmia completa (pérdida total del olfato), mientras que las alteraciones olfativas en general pueden llegar a superar el 20 % en poblaciones adultas estudiadas.
La anosmia es la pérdida completa del sentido del olfato. Puede ser transitoria (lo más frecuente) o permanente, dependiendo de su causa. Aunque en muchos casos responde a procesos inflamatorios banales, también puede ser la manifestación inicial de enfermedades neurológicas o el resultado de traumatismos.
¿Por qué se produce?
Desde el punto de vista fisiopatológico, la anosmia puede aparecer cuando:
- La inflamación intranasal u otra obstrucción impide que los olores lleguen al área olfatoria.
- Se destruye el neuroepitelio olfatorio.
- Se lesionan los filetes, bulbos o tractos del nervio olfatorio, o sus conexiones centrales en el cerebro.
Entre las principales causas se encuentran:
· Infecciosa (post viral)
· Traumática (por traumatismo encéfalo-craneano)
· Degenerativa (como en la enfermedad de Alzheimer)
· Puede ser un síntoma predictor de enfermedad de Parkinson, incluso hasta 10 años antes de los síntomas motores
· Iatrogénica
- Tumoral
Lo que dejó la pandemia en Argentina
Durante la pandemia de COVID-19, la pérdida del olfato fue uno de los síntomas más característicos. En Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación incluyó la alteración del olfato y del gusto entre los síntomas frecuentes reportados en casos confirmados de SARS-CoV-2.
A nivel científico internacional, estudios publicados en The Lancet estimaron que entre el 40% y el 60% de las personas con COVID-19 presentaron alteraciones del olfato durante la fase aguda de la infección.
Si bien la mayoría recupera el sentido en semanas o meses, un porcentaje mantiene síntomas persistentes, integrando lo que se conoce como síndrome post-COVID.
Traumatismos y causas neurológicas
La anosmia también puede ser consecuencia de traumatismos encéfalo-craneanos (TEC), debido al cizallamiento de los filetes olfatorios a nivel de la lámina cribosa.
En Argentina, las lesiones por causas externas (entre ellas los traumatismos), representan una causa significativa de morbimortalidad, especialmente en población joven, según datos de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS).
Por otra parte, la alteración del olfato puede ser un marcador temprano de enfermedades neurodegenerativas. La evidencia científica ha demostrado que la disfunción olfatoria es un síntoma frecuente en etapas iniciales de la enfermedad de Parkinson.
Cómo se diagnostica
La anosmia puede ser brusca o progresiva, y su detección no se limita a confirmar que una persona "no siente olores". El proceso diagnóstico comienza mucho antes, con una conversación clínica minuciosa. ¿La pérdida fue repentina o progresiva? ¿Hubo una infección respiratoria reciente? ¿Existió un traumatismo? ¿Hay obstrucción nasal o síntomas neurológicos asociados?
La evaluación médica incluye un examen neurológico completo (con especial atención a los pares craneales) y una valoración cognitivo-conductual cuando corresponda. En algunos casos, se utilizan test olfatorios específicos que permiten medir de manera objetiva la capacidad para identificar y discriminar aromas.
Cuando la causa no es evidente, los estudios por imágenes se vuelven herramientas clave. La tomografía computada de senos paranasales puede revelar procesos obstructivos o inflamatorios, mientras que la resonancia magnética cerebral permite evaluar estructuras profundas vinculadas con la vía olfatoria y descartar lesiones centrales.
El diagnóstico, en definitiva, no busca solamente confirmar la ausencia de olfato, sino comprender su origen.
Tratamiento y pronóstico
El abordaje terapéutico depende directamente de la causa. Cuando la anosmia es consecuencia de una obstrucción o alteración conductiva, el tratamiento puede ser médico o quirúrgico desde la especialidad otorrinolaringológica. Si el origen es inflamatorio, los corticoides suelen ser una herramienta eficaz.
En los casos post virales, el entrenamiento olfatorio ha demostrado resultados alentadores. Esta estrategia consiste en la exposición repetida y sistemática a distintos aromas con el objetivo de estimular la recuperación neurosensorial. Es un proceso que requiere constancia y tiempo, pero que puede favorecer la reorganización de las vías olfatorias.
Cuando la causa es tumoral, el tratamiento dependerá del tipo de lesión y puede incluir cirugía y abordaje oncológico. En cambio, en las enfermedades degenerativas, la pérdida del olfato suele ser irreversible, formando parte de un proceso más amplio.
El pronóstico es, en general, favorable en cuadros inflamatorios y post virales. Es más reservado en traumatismos y enfermedades neurodegenerativas, y particularmente complejo en presencia de tumores.
Mucho más que un síntoma
La anosmia trasciende el plano clínico. No se trata únicamente de no percibir aromas: implica una alteración concreta en la calidad de vida.
En la alimentación, disminuye el disfrute y la percepción de los sabores, lo que puede afectar el apetito y la nutrición. En términos de seguridad, el olfato cumple una función protectora esencial al alertar sobre humo, pérdidas de gas o alimentos en mal estado. Y en el plano emocional, su impacto puede ser profundo: el olfato está íntimamente ligado a la memoria y a las emociones, por lo que su pérdida puede generar tristeza, ansiedad y sensación de desconexión del entorno.
Reconocer la anosmia como un síntoma relevante y no menor es clave para un diagnóstico oportuno y para comprender que, detrás de la ausencia de un aroma, puede haber una causa que requiere atención médica, y que permite no solo buscar su causa, sino también comprender su dimensión humana.
Perder el olfato no es solo dejar de percibir perfumes o el aroma del café recién hecho. Es perder señales de alerta, recuerdos, matices del sabor y, muchas veces, una parte silenciosa pero profunda de la conexión con el entorno.
Pablo Rubino (MN 97573)
Jefe del Servicio de Neurocirugía
Hospital Alemán