El histórico proyecto del trasvase del Río Grande al Atuel vuelve a la escena pública no como una solución hídrica, sino como el burdo libreto de una campaña electoral anticipada.
El Decreto 961 de Alfredo Cornejo es la perfecta jugada del tejemaneje y engañoso, de armar un consejo de burócratas capitalinos para repartir un agua que no les pertenece.
Tras años de promesas incumplidas desde las gestiones de Macri y Cornejo, la infraestructura vial de Malargüe tocó fondo esta semana. El auto caído al cauce del río Malargüe es la crónica de un siniestro anunciado por resoluciones que juntan tierra en los escritorios.
Mientras la gestión argumenta una insólita "falta de fondos" para ausentarse de las principales vidrieras comerciales de la provincia, las planillas oficiales revelan partidas millonarias de destino indescifrable.
Cómo el arte de anticipar el fracaso se convirtió en la principal herramienta de gestión. Una radiografía de los silencios que convienen, las promesas postergadas y una ciudadanía atrapada en un relato que naturaliza la falta de respuestas.
Esta es la verdad desnuda que los concejales del "Sí fácil" no quisieron ver cuando levantaron la mano por pura comodidad legislativa. Prefirieron transformarse en los gerentes de recaudación de EDEMSA antes que en los defensores del pueblo que los votó.
El polémico convenio con EDEMSA replica el modelo de entrega y opacidad que Mendoza sufrió con Potasio Río Colorado, Hierro Indio o como el que firmó Suarez 2019 (provincia/Edemsa), y varios más.
La reacción al desvío de los fondos de Portezuelo huele a estrategia electoral. La indignación tardía de Jaque y el silencio de los legisladores que no blindaron el dinero. Malargüe asiste al fin de una siesta política que nos dejó sin la obra del siglo y con la obra trunca de las cloacas.
Alfredo Cornejo celebra un balance contable y el Sur siente ajuste nacional y el centralismo mendocino. El discurso del 1° de mayo dejó un mensaje: hay orden en las planillas, pero un vacío de respuestas para la emergencia social y la infraestructura que Malargüe necesita hoy, no en 2030.