"EEUU nació del exit": cuando irse vuelve a ser una idea fundacional
A partir de los planteos de Martín Varsavsky y del pensador tecnológico Balaji Srinivasan, esta nota analiza el "exit" como rasgo fundacional de Estados Unidos y como respuesta contemporánea de los creadores de valor frente a Estados que se vuelven extractivos. El éxodo desde California hacia otros polos revela un debate de fondo sobre poder, incentivos y el futuro del modelo político-económico estadounidense.
Por décadas, el relato dominante presentó a Estados Unidos como la tierra del "voice": la capacidad de reformar el sistema desde dentro, de disputar poder, de mejorar instituciones. Sin embargo, una corriente creciente de pensamiento -reactualizada por figuras del mundo tecnológico y empresarial- propone volver a mirar el ADN original del país: el "exit" como acto fundacional.
Así lo planteó esta semana el emprendedor y filántropo Martín Varsavsky, al retomar una idea difundida por el inversor y pensador tecnológico Balaji Srinivasan. El argumento es tan provocador como histórico: Estados Unidos no nació de la lealtad a un Estado reformable, sino del abandono consciente de Estados que ya no servían a quienes creaban valor.
Los puritanos no buscaron convencer a la Corona británica; se fueron. Los irlandeses no esperaron que Londres resolviera la hambruna; emigraron. Los judíos europeos no confiaron en que el antisemitismo se moderara; escaparon. La emigración no fue una traición moral, sino una estrategia racional de supervivencia. El "exit", sostiene Varsavsky, no fue una anomalía: fue el acto fundacional de América.
California como Estado fallido moderno
Ese razonamiento, trasladado al presente, tiene un blanco concreto: California. Para Varsavsky y Srinivasan, el estado emblema del progresismo estadounidense ha cruzado un umbral crítico. No se trata solo de impuestos altos o regulaciones excesivas, sino de algo más profundo: la incapacidad estructural del Estado para garantizar seguridad, orden, infraestructura eficiente y neutralidad institucional.
¿Descomposición interna, caos hacia afuera?
Desde esta mirada, California no es un sistema que "funciona mal", sino un sistema que funciona exactamente como fue diseñado. Y allí aparece el núcleo más polémico del diagnóstico: el Partido Demócrata no operaría como un movimiento ideológico, sino como un modelo de negocio cerrado.
El mecanismo, según Varsavsky, se repite con precisión:
Se define un problema estructural -personas sin techo, drogas, clima, desigualdad-.
El problema no se resuelve, se cronifica.
Se construye un ecosistema de ONGs, agencias públicas, consultoras, sindicatos y activistas que viven de "gestionar" ese problema.
Ese ecosistema financia, vota y reproduce al partido que lo sostiene.
Desde esta lógica, la crisis de los sin techo no sería un fracaso del sistema, sino su combustible económico. Resolverla implicaría destruir miles de millones de dólares en presupuestos, contratos y empleos políticos. El incentivo, entonces, no es solucionar, sino administrar perpetuamente el problema.
Por qué el sistema es imbatible desde dentro
Balaji y Varsavsky coinciden en un punto clave: este modelo es prácticamente inexpugnable por la vía institucional. Los tecnólogos -quienes generan gran parte del valor económico- carecen de masa electoral, de sindicatos, de redes clientelares y de control del aparato estatal. Muchos ni siquiera votan: son inmigrantes, trabajan con visados o permanecen al margen de la política local.
Además, la tecnología está asociada -con o sin justicia- a la destrucción de empleos tradicionales y burocracias. Eso la convierte en el enemigo natural de un sistema que vive de la redistribución sin creación. Mientras el tecnólogo debe competir globalmente, innovar y asumir riesgos, el político solo necesita aprobar una ley para capturar valor vía impuestos y regulación.
La rueda del mundo que se asoma y no se detiene
Desde esta perspectiva, intentar "arreglar California" desde dentro no es ingenuo: es imposible. No por falta de argumentos, sino por falta de incentivos. Para el ecosistema político dominante, perder el poder no es una derrota ideológica: es la quiebra del negocio.
El nuevo éxodo interno
La consecuencia lógica de este análisis no es la resistencia, sino el movimiento. El "exit" vuelve a escena, esta vez no cruzando océanos, sino fronteras internas. Texas y Florida emergen como los nuevos polos de atracción para creadores de valor que buscan Estados menos extractivos y más previsibles.
La lista es elocuente: Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos, Peter Thiel, entre otros, han mudado residencia o inversiones fuera de California. No se trata solo de individuos, sino de capital, empresas, empleo y talento.
Para Varsavsky, este fenómeno no es una anomalía contemporánea, sino la continuación de una tradición profundamente estadounidense: cuando el Estado deja de servir y empieza a explotar, irse no es una traición, es coherencia histórica.
La pregunta que queda abierta no es si este proceso continuará -ya está en marcha-, sino qué ocurrirá con los Estados que pierden sistemáticamente a quienes generan riqueza. Porque si algo enseña la historia americana es que el "exit" no destruye al sistema que abandona de inmediato, pero sí redefine, con el tiempo, quiénes prosperan y quiénes quedan administrando los restos.
Los posteos que dieron origen a esta controversia:
Estados Unidos nació del "exit", no de la lealtad al Estado
— Martin Varsavsky (@martinvars) January 24, 2026
Estados Unidos no fue fundado por personas que creían en reformar estados fallidos desde dentro. Fue fundado por personas que se fueron. Europeos que escapaban de monarquías extractivas, guerras religiosas, pobreza... https://t.co/mCX1MCmh7J