Eduardo Rivas

El país del mal menor

"Los diferentes estamentos de gobierno apelan a la lógica del mal menor cuando deberían procurar el bien mayor, y dejan en evidencia la improvisación con la que se hacen las cosas".

Eduardo Rivas

El análisis contrafactual es aquel que hacemos cuando nos imaginamos '¿qué hubiera pasado si?', y se trata de un razonamiento para analizar, a posteriori, diversos escenarios posibles y las consecuencias del accionar en esos contextos. Es la aplicación del silogismo hipotético, del pensamiento en cadena.

Ahora bien, este pensamiento contrafáctico permite establecer estadios ideales que, consecuentemente, posibilitan el moldeo del accionar o la justificación de lo hecho. Es decir, se puede imaginar un cambio de acción si cambiaba el contexto, por ejemplo 'si no hubiera pasado lo que pasó no hubiera actuado como actué', o se puede reafirmar lo hecho, 'si no hubiera hecho lo que hice, las consecuencias hubieran sido peores'.

Si bien parecen razonamientos parecidos, en tanto justifican un proceder, el primer caso pone la responsabilidad en el afuera, el segundo en uno mismo, pero además, y principalmente, el primer caso expone el contexto, el segundo lo imagina, lo cual abre un amplísimo abanico de posibilidades. Mientras el primer ejemplo plantea una realidad condicional, como consecuencia de la situación, el segundo da vuelta el razonamiento y justifica su proceder en algo incontrastable. Esto permite proponer las realidades necesarias para justificar el primer caso de ejemplo, es decir, 'hice lo que hice porque si no lo hubiera hecho las consecuencias hubieran sido peores y, consecuentemente, si la realidad era otra yo hubiera actuado de otra manera', una autojustificación insustentable a nuestro entender.

Y esta es la justificación a la que recurre el gobierno, tanto nacional como provincial, para fundamentar las acciones que tomó el gobernador bonaerense Axel Kiciloff cuando mencionó ‘si no hubiéramos hecho la cuarentena que hicimos la cantidad de muertos hubiera sido terrible', lo cual no tiene justificación empírica puesto que las medidas adoptadas respecto a la pandemia de covid-19 se realizaron para evitar el aumento de casos y sin embargo Argentina fue, proporcionalmente, uno de los países del mundo con mayor cantidad de casos positivos, aún sin ser fiables las estadísticas que mencionan la cantidad de casos acumulados de covid-19.

Ahora es el presidente Alberto Fernández quien recurre a la lógica del mal menor al hablar de lo sucedido en el velorio de Diego Maradona, afirmando que si el Gobierno Nacional no se hubiese encargado de su organización la situación hubiese sido mucho peor de lo que sucedió, lo cual a priori es difícil de creer, puesto que si, por ejemplo, se permite el ingreso a la casa de gobierno a ciudadanos que no pueden acceder a espectáculos deportivos por habérseles aplicado el derecho de admisión, las cosas están mal hechas desde el vamos y no admite ninguna justificación.

Y he ahí el meollo de la cuestión. La búsqueda de auto justificación cuando lo único que cabe es pedir disculpas por el error cometido y procurar enmendarlo. Procuran aplicar aquel viejo dicho de mi bisabuela, ‘otros vendrán, que bueno me harán'.

Los diferentes estamentos de gobierno apelan a la lógica del mal menor cuando deberían procurar el bien mayor, y dejan en evidencia la improvisación con la que se hacen las cosas, porque, por ejemplo, los mismos que afirmaron que todas las políticas de aislamiento y cuarentena fueron para evitar el alza indiscriminado de casos son los mismos que permiten la realización de un velorio sin la aplicación de ningún protocolo, cuando no permitieron realizar con protocolo a ningún otro argentino en los últimos ocho meses ¿Será que reconocen implícitamente que no somos todos iguales ante la ley?

En los próximos días tendremos la posibilidad de someter a juicio algunas de estas afirmaciones. Si bien la realidad no es la misma, por ejemplo sabremos si el estadio actual de DISPO es el adecuado, porque si no hay un aumento de contagios quedará demostrado que se pueden realizar concentraciones masivas, y si lo hay quedará expuesto que los gobernantes no pueden organizar un velorio... el tema es que no tienen que saberlo, pero deben preverlo y, en consecuencia, no tienen que organizarlo. En tal caso, quedará en claro que el discurso inclusivo es solo un relato y que desde el poder se cree, y actúa en consecuencia, que hay algunos más iguales que otros. Queda más que claro que no conocen , y mucho menos practican, aquella vieja anécdota de José de San Martín cuando ‘preparaba el Ejército de los Andes en el campamento del Plumerillo, San Martín se dispuso a entrar al polvorín, en visita de inspección. Cuando un centinela le cerró el paso. Sorprendido, se identificó como su General en jefe, pero el soldado mantuvo la actitud, apuntándole con el fusil y aclarando: "¡Aquí no puede entrar nadie con las espuelas puestas!". El hombre cumplía una orden razonable, ya que el metal de las espuelas podía ocasionar una chispa de fatales consecuencias. San Martín tuvo entonces que mudar de ropa y calzado para ingresar al polvorín'.

Por eso tenemos que cambiar.

Si queremos un país mejor no podemos hacer lo menos malo, no nos tenemos que conformar, tenemos que construir el bien mayor.

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