Menos "quedar bien" y más hacer lo que hay que hacer

El error de los políticos de creerse eternos e intocables solo por haber obtenido un cargo, y no usarlo para las grandes transformaciones que hacen falta.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

¿Cuánto es el daño que el marketing le ha hecho al funcionamiento de las instituciones? El "quedar bien" o el evaluar exageradamente cómo una política pública o una simple decisión de gestión impactaría en el electorado, ampliando o disminuyendo las chances de seguir en la rueda del poder, ha infringido a los gobiernos una herida incurable. Hoy, con el enojo de la gente por no haber hecho (o hacer, aún hoy, en presente) lo que se debía, parece no tener bálsamo y, por lo tanto, todas aquellas presuntas precauciones a la hora de gobernar se desmoronan cuando se vota por gente que no sabe gobernar.

Cuando quienes están al frente de la gestión recurren a las encuestas, podrían hacerlo para medir posibles impactos y solo eso, sin miedo. Sin embargo, el terror a perder la próxima elección viene condicionando a la política en forma viciosa. De tal forma, si pronostican un rechazo, postergan y hasta anulan decisiones cruciales. Ha habido casos de gobiernos que han preferido no hacer absolutamente nada, dormidos sobre las reposeras del buen augurio de las encuestas y temerosos de que, al hacer "algo", eso cambiara.

Sin embargo, el liderazgo se construye con acciones simpáticas, pero también con las antipáticas

Por ganar una elección no se es líder, automáticamente. Se llega a ser considerado de tal forma cuando la sociedad se da cuenta, tarde o temprano (en el calendario electoral, que es lo único que parece mover a la política de hoy) de que el gobernante supo trazar un camino, enfrentarse a la adversidad (inclusive, a la opinión pública) y definir un futuro en el horizonte.

Hoy, si es que alguien está atento a la agenda propia de los legisladores mendocinos, por ejemplo, puede verse con relativa facilidad que se opta por un simplismo en el ejercicio de tal representación que irrita.

Les llaman "proyectos" a notas con ocurrencias, buenas intenciones o traslado de pedidos de alguna tía o vecino al máximo foro de representación que tiene Mendoza. No se dan cuenta de que son un "seleccionado" que surge de dos millones de habitantes, un puñado de elegidos por el voto popular. 

Prefieren pensarse a sí mismos desde sus privilegios y no desde su responsabilidad.

Hoy, los proyectos verdaderamente justificados, con fundamentación, desarrollo, cálculos de costos y posibles consecuencias son los enviados por el Poder Ejecutivo. Los legisladores -salvo excepciones, ya que por supuesto que siempre las hay- creen que solo deben opinar, y ya se saben que eso es gratuito y no hay un reglamento en torno a la calidad que debe tener la opinión emitida.

Es que sus asesores son esposas, maridos, parientes o militantes, y se puede ver a simple vista que los rodean personas que les dan vuelta, a su paso, con celulares enfocándolos, haciendo alguna historia para las redes sociales. Poco más que eso. Al punto de que se ha pervertido la dimensión de la palabra "asesor": aquellos que eran capaces de otorgarle sustancia a un legislador que, obviamente, no tiene por qué saberlo todo, se ha vuelto un "conchabo" más que no requiere de mérito ni capacitación, sino apenas de lealtad, amistad o parentesco.

La política cree que solucionará su pésima imagen con simpatía y algún ensayo de empatía con los sectores enojados. Ya lo verá: no le sirve enojarse también para salvarse así del enojo de la gente. Falta calidad, que no se puede comprar en Mercado Libre.

Lo más interesante que podría hacer un cuerpo legislativo es detectar mediante un proceso serio y sin intereses personales de por medio, los 10 problemas principales de Mendoza, y abocarse de lleno a dos cosas:

1- Despejar de normas absurdas preexistentes, contradictorias, ineficaces, prescriptas de hecho.

2- Buscar y encontrar soluciones a los problemas, abriendo debates, pero también sabiendo cerrarlos para obtener resultados.

Es que "Quod natura non dat, Salmantica non præstat" (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga).

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