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10 razones del vino sin alcohol

Después de más de medio siglo de experiencia enológica, Ángel A. Mendoza reflexiona sobre el presente y el futuro del vino sin alcohol. En un contexto de cambios culturales, sanitarios y de consumo, el autor expone diez razones que explican por qué este producto ya no es una rareza, sino un complemento creciente dentro de la industria vitivinícola y de una sociedad que valora cada vez más la salud y la moderación.

Ángel A. Mendoza

"El vino es una bebida que debería hacerte feliz, no que debería estar lleno de reglas". Geraldine Campbell.

Después de 54 años de actividad profesional enológica, comprendo al vino como una bebida que acompaña y emociona a la civilización mediterránea desde el alba de la humanidad.

De bebida alimento a bebida social y emocional.

Desde la vida de los pueblos fuertes al glamour de una copa de cristal, con pie esbelto, cámara aromática y bordes de acuerdo al varietal y el terruño de origen.

Su contenido moderado de alcohol la condiciona como grato y sano condimento líquido de la comida.

Pero el alcohol etílico es un componente discutido por la medicina y la sociedad.

Algunos bodegueros europeos y americanos han invertido mucho en investigación y desarrollo para lograr vinos de 0,0° GL, que apoyan a consumidores y segmentos de la sociedad libres de alcohol.

El vino sin alcohol ya es una bebida y producto comercial en varios países que consumen vino. Tendencia global que combina bienestar y conciencia ambiental.

En este tema innovador, la industria de la cerveza demostró en Qatar 2022 que el fútbol se disfruta con cerveza 0,0° GL. Le lleva una ventaja importante de desarrollo a la industria del vino.

En 2015 tuve la oportunidad de probar un divertido vino sin alcohol blanco de una importante bodega de España (Natureo 0,0° GL - Bodega Torres). Corría como agua en un restaurante de Cuba, con muchos turistas europeos.

A lo largo de los años, me atrevo a presentar 10 razones que identifican su presente y futuro.

Cap. I: El vino sin alcohol no es para entendidos. Es para una sociedad joven, sana, madura, libre de alcohol.

Cap. II: Al vino sin alcohol no lo definen la producción primaria de viñateros, bodegueros e I+D. Lo define el mercado en un marco legal alimentario.

Cap. III: ¿El vino sin alcohol sabe a vino? Sí, pero no. No presenta el cuerpo, la estructura y el volumen de un vino convencional. Pierde su complejidad, unicidad e identidad ligada al terruño.

Cap. IV: Para evitar las debilidades sensoriales de un vino 0,0° GL, se recomienda beberlo a bajas temperaturas, entre 4 y 9 °C.

Cap. V: El vino "alcohol free" es ideal para mujeres embarazadas, en lactancia o que cuidan una dieta sana. Opción saludable y diferente.

Cada vez más personas toman la decisión de vivir una vida sin alcohol, ya sea por motivos de salud, de bienestar o de estilo de vida.

Cap. VI: Se recomienda el vino sin alcohol para choferes designados, almuerzos ejecutivos y laborales, mercados musulmanes, deportistas y consumidores con trastornos hepáticos y diabetes.

Ante aguas saborizadas (pseudo saludables) para acompañar la comida, prefiero vino alcohol free.

Sorprende saber que el consumo de aguas saborizadas, gran invento argentino, ya supera un consumo anual de 30 litros per cápita y posiblemente sea el mayor competidor del vino en los almuerzos ejecutivos de los restaurantes argentinos.

Cap. VII: El vino sin alcohol es una inteligente y anticipada respuesta de la industria a los lamentables trastornos del alcoholismo. En Argentina, el desarrollo es incipiente y muy alentador. Será muy necesaria una mejor comunicación.

Cap. VIII: Los vinos para desalcoholizar deben ser muy buenos, de cosecha temprana, de bajo alcohol, preferentemente aromáticos (moscateles, torrontés, tempranillo, syrah, bonarda, criollas y cerezas). Termovinificación, maceración carbónica y fermentadores automáticos son los procedimientos más adecuados.

Cap. IX: El negocio mundial del vino sin alcohol prevé un crecimiento anual del 5 % en la próxima década y estima un movimiento de 10.000 millones de dólares para 2030. Será una de las principales tendencias que marcarán el consumo global del vino.

Cap. X: El vino sin alcohol no compite con los vinos convencionales. Es un complemento ante la tendencia cada vez mayor de vivir con salud y bienestar.

Estas razones me permiten estar abierto ante los "atavismos ideológicos" que caracterizan a la industria del vino.

Si la pandemia de covid-19 perdura, los vinos sin alcohol pueden destinar parte de su composición alcohólica a la asepsia sanitaria recomendada y, sobre todo, pueden alcanzar la reducción de impuestos que compensen el costo tecnológico de desalcoholizar.

Conclusión: He amado y disfruto mucho el vino noble, pero nunca dejaré de estar abierto a la investigación, el desarrollo y la innovación de la industria. Así me enseñaron notables profesores e inquietos bodegueros.

Invito a los puristas del vino a que expongan 10 razones para demostrar la no factibilidad de este novedoso producto que busca la salud y la seguridad alimentaria de determinados y nuevos consumidores.

Me sentiré muy feliz de compartir un serio debate.

El mercado de vinos sin alcohol es mucho más maduro en países como Estados Unidos, Francia, Alemania y España. Será otra oportunidad de nuestro país en el camino desafiante de la exportación para lograr competitividad y sustentabilidad.

Para los enófilos y amantes de la cultura mediterránea/ancestral del vino, "un vino sin alcohol es un vino sin alma", "un vino que entregó su alma al diablo, a los demonios del mercado".

Algunas reflexiones sobre el final de 2025

El vino sin alcohol es un mercado incipiente, pequeño y con fuerte fricción cultural.

El vino sin alcohol no se consume por curiosidad o lifestyle, sino por restricción.

No es una bebida aspiracional. No compite contra refrescos premium, sino contra el propio vino... y pierde.

El vino desalcoholizado no es una moda, pero tampoco es la tabla de salvación del sector. Será complemento, no motor. No es eje estratégico. Menos épica, más realismo.

El vino sin alcohol posee una cuota mundial del 0,12 al 0,35 % del mercado del vino. Se estima un crecimiento cercano al 5 % anual hasta 2030.

La cultura del vino convencional considera al alcohol como un atributo identitario y tiene dificultad para aceptar al producto sin alcohol como "vino".

Solo viable para grandes grupos con economías de escala, buscando la externalización de la exportación a países identificados con la cultura del producto.

El vino no es solo para los que saben de vino; es, sobre todo, para los que saben vivir.

El placer está en la moderación. El nivel adecuado es aquel que no interfiere con la memoria ni con la conducta. Debe ser un vehículo de socialización, no de aislamiento.

Las "3 C" del buen beber: ciencia, cultura y conciencia detrás de la copa.

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