OPINIÓN

Amanece más temprano

El mundo que se asoma, desde la mirada de Isabel Bohorquez.

Isabel Bohorquez

Sin duda alguna la noticia más relevante en este inicio de año es que el dictador (me permito el término) Nicolás Maduro ha sido arrestado junto con su esposa y llevado a Estados Unidos.

Un dato indispensable para reflexionar sobre el pueblo venezolano: Venezuela es uno de los países con más alto índice de exilio en el mundo, aproximadamente 9 millones de personas, y con uno de los mayores desplazamientos de población en la historia reciente de América Latina; un tercio de sus habitantes se fueron de su patria (Venezuela actualmente tiene una población de alrededor de 28 millones de habitantes).

Las principales causas de este éxodo masivo han sido la crisis humanitaria, la escasez de alimentos, la situación económica y política, las persecuciones, los encarcelamientos y las muertes por motivos políticos.

Son cientos de miles las historias de venezolanos que han perdido familiares, que han vivido con miedo y con carencias, que durante décadas han experimentado el deterioro progresivo de su país y cómo la pobreza, así como la delincuencia organizada, fueron de a poco volviéndose el paisaje cotidiano en un país bendecido con tantas riquezas y abundancia.

En el año 2019, Amnistía Internacional informó que en Venezuela existía un ataque generalizado y sistemático contra la población civil y que se habían cometido crímenes de lesa humanidad al menos desde el año 2014. En ese momento, la organización identificó las detenciones arbitrarias, las ejecuciones extrajudiciales y las lesiones por uso excesivo de la fuerza como elementos de una política de represión del Estado. Posteriormente también incluyó el crimen de persecución.

El mundo sabe del sufrimiento del pueblo venezolano desde hace muchos años.

Sin embargo, ha permanecido en silencio.

¿Quién en Argentina no se ha cruzado con una persona venezolana trabajando en comercios, bares, etc. que tienen una historia de desarraigo y dolor para contar?

¿Por qué -a sabiendas de lo que sucede en Venezuela- en nuestro propio país se ha preferido actuar de manera tolerante, indolente, incluso justificando el accionar de Maduro al considerarla una democracia "imperfecta"? Llevamos por lo menos veinte años enarbolando las banderas de los derechos humanos, repudiando la dictadura militar y los crímenes que se cometieron entonces y no hemos medido con la misma vara las violaciones contra nuestros hermanos venezolanos.

¿Por qué será?

Las últimas elecciones presidenciales (julio de 2024) visibilizaron sin lugar a dudas la situación del país tras el conflicto y el malestar popular por el reclamo de fraude electoral que llegó a instancias internacionales. Miles y miles de venezolanos salieron a la calle en su patria y fuera de ella a pedir que se reconociera al legítimo ganador: Edmundo González Urrutia y a su compañera de fórmula, la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.

Considero que ese fue el principio del fin para Maduro, que en su omnipotencia (condición muy frecuente en los líderes corruptos) exacerbó su autoritarismo, pero ya con ribetes bizarros (¿quién adelanta la Navidad por ejemplo?).

El declive del régimen de Maduro, la popularidad cada vez más amplia de Corina Machado, la creciente tensión con Estados Unidos y el resurgimiento de la esperanza en un pueblo agobiado fueron los factores perfectos para lo que se avecinaba.

Sin embargo, el ataque al corazón del poder enquistado ha sido una sorpresa a nivel mundial y las imágenes de Maduro esposado que hasta hace pocos días bailaba o se hacía entregar un remedo de premio nobel, ya circulan por todo el planeta.

Venezuela festeja en muchas de sus calles, pueblos y ciudades. Venezuela se emociona y grita libertad...aunque también hay grupos que alientan la resistencia y la defensa de un líder que ya lleva mucho tiempo fuera de sus cabales. También son Venezuela.

En otros países, en lo que ha resultado la diáspora venezolana en el mundo, especialmente Latinoamérica y Estados Unidos, muchísimos de los tantos millones de exiliados, lloran, se emocionan, agradecen el milagro de la liberación de un yugo que los obligó a partir de su patria.

¿Y Trump? Resulta en una especie de libertador aventajado para negociar la salida del régimen y las condiciones de gobernabilidad de un país desangrado y amedrentado por tanta violencia política.

Eso es mucho poder...

Yo no creo en las afirmaciones referidas a que la actitud de Estados Unidos representa una amenaza al pueblo venezolano, a su autodeterminación, a su vida democrática y a la paz social. Es más, me resultan de escritorio, de corte ideológico y que defienden lo indefendible porque el pueblo venezolano es el primero en recibir la intervención estadounidense con los brazos abiertos. Ya que veían conculcadas su autodeterminación, su vida democrática y su paz social debido a la permanencia de un régimen dictatorial y corrupto.

Esas expresiones son manifestadas por personas, sectores políticos u organizaciones que más bien simpatizan con las democracias "imperfectas" o tienen intereses compartidos.

¿Cómo hará el pueblo de Venezuela para afrontar los desafíos que hoy enfrenta?

¿Asumirán González Urrutia y Machado luego de una transición? ¿Volverán a llamar a elecciones? ¿Cuáles son los núcleos de poder que tambalean con la ausencia de Maduro? ¿El narcotráfico y la venta ilegal de petróleo seguirán teniendo la misma impunidad? ¿Cómo van a resolver tanto atraso, pobreza y deficiencia institucional?

Es una gigantesca tarea que requerirá de sus habitantes toda la capacidad de autodeterminación (aquí sí que cabe la expresión) para marcar el rumbo de su destino colectivo.

Personalmente me siento muy contenta de que haya un dictador menos en el mundo.

También me alienta a confiar en que la gente renueve la esperanza de vivir sin temor, sin el acecho constante y con expectativas de reconstruir su patria.

Pienso en cada rostro fugaz que recibió mi pregunta circunstancial alguna vez acerca de ¿por qué había dejado Venezuela? y evoco sus palabras cargadas de nostalgia y pena respondiendo que en su país ya no se soportaba la vida...y me alegro por cada una de esas biografías errantes, sus familias y las generaciones venideras que quizá los encuentre de regreso.

Pienso también en qué mundo se asoma en caso de que la política de accionar contra dictaduras, persecuciones y matanzas se vuelva parte de la dinámica internacional.

El caso de Nigeria (entre otros tantos países) y las ejecuciones de cristianos es un ejemplo. ¿Permitiremos que sigan asesinando gente inocente, masacrando aldeas y saqueando pueblos enteros con el pretexto de que son cristianos y nosotros sin decir ni mu?

¿Cómo podemos afrontar la indispensable responsabilidad de velar por la vida?

¿Y Trump? Esa es una buena pregunta...

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