Davos

El mapa global de la brecha de género: avances lentos y alertas económicas antes de Davos 2026

El Foro Económico Mundial advierte que, pese a mejoras sostenidas, la paridad sigue lejos: al ritmo actual demandará más de un siglo. América Latina lidera el avance, pero enfrenta una fuerte distancia entre leyes y resultados efectivos.

A pocos días del inicio de la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial, que comenzará el 19 de enero en Davos, la desigualdad de género vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional. El disparador es la publicación del nuevo Global Gender Gap Index, un informe que evalúa el desempeño de 148 economías y funciona como insumo clave para los debates políticos y económicos de alto nivel.

El diagnóstico global sigue siendo exigente. Según el índice, el mundo cerró en 2025 apenas el 68,8% de la brecha de género, una mejora marginal frente al 68,4% registrado en 2024. Con esta velocidad de progreso, la paridad plena recién se alcanzaría dentro de 123 años, un horizonte que expone la persistencia de desigualdades estructurales, sobre todo en el acceso al poder económico y político.

El desempeño argentino: luces y sombras

Argentina se ubicó en el puesto 37 del ranking global, con un puntaje de 0,762, equivalente al 76,2% de la brecha cerrada. El dato implica un retroceso de cinco posiciones respecto de 2024, cuando el país había alcanzado el lugar 32 con un puntaje algo superior (0,772).

El informe muestra un desempeño muy dispar según las dimensiones analizadas. En Educación, Argentina logró la paridad total y se ubicó en el primer puesto a nivel mundial (puntaje 1.000). Las estadísticas respaldan ese resultado: las mujeres superan ampliamente a los varones en la matrícula de educación terciaria.

La situación cambia al observar el mercado laboral. En Participación y Oportunidad Económica, el país obtuvo un puntaje de 0,666 y cayó del puesto 97 al 93. La tasa de participación laboral femenina alcanza el 53,16%, muy por debajo del 72,22% correspondiente a los hombres. Además, solo el 34,66% de los cargos de legisladoras, altas funcionarias y gerencias está ocupado por mujeres.

El empoderamiento político también muestra rezagos. Con un puntaje de 0,409, Argentina quedó en el puesto 27 global, siete escalones más abajo que el año anterior. Las mujeres representan el 42,41% del Congreso y apenas el 25% de los ministerios. En las últimas cinco décadas, el país tuvo una mujer al frente del Poder Ejecutivo durante solo el 9,07% del tiempo.

En Salud y Supervivencia, el resultado fue más favorable: un puntaje de 0,974, que ubicó a la Argentina en el lugar 44, aunque con una leve caída respecto de 2024.

Un liderazgo nórdico que se mantiene

Por 16° año consecutivo, Islandia encabezó el ranking global, con una brecha cerrada del 92,6%, y sigue siendo la única economía que superó el umbral del 90% desde 2022. Aun así, ningún país logró todavía la paridad total.

El liderazgo sigue concentrado en el norte de Europa. Finlandia (87,9%), Noruega (86,3%) y Suecia (81,7%) se mantienen de forma ininterrumpida dentro del top 10 desde 2006. En la última edición se sumaron Reino Unido (83,8%) y República de Moldavia (81,3%), mientras que Nueva Zelanda (82,7%) y Namibia (81,1%) sostienen su posición desde 2021.

Donde persisten las mayores brechas

El informe revela un patrón claro: los mayores avances se registran en áreas sociales, mientras que las desigualdades más profundas se concentran en los espacios de poder. A nivel global, la paridad en Salud y Supervivencia alcanza el 96,2%, y en Educación llega al 95,1%. En contraste, la Participación Económica apenas alcanza el 61% y el Empoderamiento Político se mantiene en un bajo 22,9%.

Paradójicamente, estas dos últimas dimensiones son las que más progresaron desde 2006. Entre las economías medidas de forma continua, el empoderamiento político mejoró 9 puntos porcentuales, aunque al ritmo actual demandaría 162 años cerrar completamente la brecha. En el plano económico, el avance fue de 5,6 puntos, con una proyección de 135 años para alcanzar la paridad.

Uno de los hallazgos centrales del estudio es la brecha entre educación y empleo. A nivel global, las mujeres superan a los hombres en educación terciaria, pero siguen siendo minoría en puestos de decisión: solo el 29,5% de los gerentes senior con formación universitaria son mujeres.

La participación laboral femenina global llegó al 41,2% en 2024, con avances incluso en sectores tradicionalmente masculinizados, como infraestructura, donde creció 8,9 puntos porcentuales. Sin embargo, la segregación persiste: el 58,5% de las mujeres se concentra en salud y cuidados, y el 52,9% en educación, rubros con menores niveles salariales promedio. A esto se suma que las mujeres tienen un 55,2% más de probabilidades de interrumpir sus carreras, y por períodos más largos (19,6 meses frente a 13,9), mayormente por tareas de cuidado.

América Latina: avances rápidos, resultados incompletos

América Latina y el Caribe se ubicaron en el tercer puesto regional, con un nivel de paridad del 74,5%. Desde 2006, la región avanzó 8,6 puntos porcentuales, el ritmo más rápido a nivel global.

El liderazgo político es uno de sus principales activos: 15 países de la región tuvieron una mujer como jefa de Estado en las últimas cinco décadas; en 17 economías, las mujeres ocupan al menos un tercio del gabinete; y Nicaragua y México alcanzaron la paridad parlamentaria plena.

El mayor rezago aparece en la dimensión económica. Con un puntaje de 65,6%, la región muestra el tercer desempeño más bajo a nivel global, aunque con una brecha interna relativamente acotada: menos de 8,4 puntos porcentuales separan al país con mejor y peor resultado regional.

El Foro Económico Mundial identifica allí un obstáculo clave: la denominada "brecha de implementación". Si bien muchos países adoptaron marcos legales avanzados en materia de igualdad de género, carecen de la infraestructura y los mecanismos necesarios para que esas normas se traduzcan en resultados concretos.

Finalmente, el informe advierte sobre nuevos riesgos. La aceleración tecnológica y la fragmentación geoeconómica podrían poner en peligro los avances logrados por las mujeres, especialmente en economías de ingresos bajos y medios. En muchos de esos países, el acceso reciente de mujeres a empleos formales mejor remunerados -vinculados a sectores exportadores- podría verse amenazado por eventuales contracciones del comercio global.

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