Requete Feo

Brindis con copas vacías y vinos que no pasan el filtro

¿Vino de exportación o ganas de exportar el problema? Mientras en las altas esferas se llenan la boca hablando de competitividad, el bodeguero de a pie y el que tiene un poquito más de espalda también, mira el tipo de cambio como quien mira una expareja que lo dejó por otro: con una mezcla de nostalgia y resentimiento.

Marcela Muñoz Pan

¿Vieron que en Mendoza siempre nos jactamos de ser la "Tierra del Sol y del Buen Vino"? Bueno, parece que al sol se le fue la mano y al vino se le agrió el carácter. El último reporte de la realidad empresaria local parece más un guion de película de terror de bajo presupuesto que un balance contable.

El "Tinto" no da para más: Resulta que nuestras bodegas, esas que salen tan lindas en los folletos de turismo con puestas de sol color Malbec, están pasando un momento más amargo que un orujo olvidado al sol. El artículo de Memo de ayer nos cachetea con una realidad: la crisis no es solo de "humor", es de bolsillo profundo. Los costos suben por el ascensor, el consumo baja por el tobogán y las empresas están haciendo malabares para no terminar siendo un "blend" de deudas y lamentos.

¿Vino de exportación o ganas de exportar el problema? Mientras en las altas esferas se llenan la boca hablando de competitividad, el bodeguero de a pie y el que tiene un poquito más de espalda también, mira el tipo de cambio como quien mira una expareja que lo dejó por otro: con una mezcla de nostalgia y resentimiento. ¡No cierran los números, señores! Y cuando no cierran los números, lo que se cierran son las persianas.

Lo Requete Feo de esta crisis vitivinícola no es solo el llanto oficial, sino la cata de excusas compartidas que nos quieren vender. Porque acá, el aroma a falta de crédito se mezcla con un retrogusto a comodidad empresaria de quienes esperaron que el estado les arreglara el riego mientras ellos miraban el tipo de cambio desde el Hilton.

Se siente un final de boca persistente a esa "resignación de finca": esa idea tan nuestra de que el granizo es el destino y la ineficiencia es tradición. Dicen que están preocupados, pero la preocupación en Mendoza es como el vino en caja: un consuelo barato que sirve para pasar el mal trago hoy, pero que nos deja una resaca de mediocridad mañana.

¿Qué nos queda? Por ahora, el único brindis es por los que aguantan sin lobby, porque gestionar una empresa acá se volvió un deporte de riesgo donde el empresario espera el milagro y el ciudadano espera el feriado. A este paso, el único "Gran Reserva" que vamos a tener no será de Malbec, de un Bonarda, sino la reserva de silencio de una sociedad que ve cómo se seca la industria mientras sigue discutiendo si la Reina de la Vendimia puede estar embarazada o no.

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