"Me estoy quedando sin capital": el grito de una pyme que no puede competir con China
Silvia Kosín, empresaria marroquinera con 60 años en el oficio, redujo su planta de 14 a 5 empleados y advirtió en Radio Post que la apertura importadora y los costos fijos la empujaron al límite. "Si me baja la venta y los gastos suben, la matemática no cierra", resumió.
En medio del debate por la apertura de importaciones, la caída del consumo y las reformas económicas, la voz de las pymes empieza a mostrar el impacto concreto en la economía real. Silvia Kosín, dueña de una empresa de marroquinería, no habla en términos abstractos: habla desde la fábrica.
"Realmente estoy en una situación como caminando por el borde de la cornisa", describió, aunque lleva 60 años en la industria -empezó a los 14 años junto a su padre- y hace 21 que conduce su propia pyme. "He pasado por todos los gobiernos, por todas las situaciones y medidas económicas del país. Estuve muy bien, después estuve en el subsuelo, después levanté", repasó durante una entrevista en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post. Pero esta vez, dice, el escenario es distinto.
Hasta hace poco tenía entre 12 y 14 empleados. Hoy son cinco. "Hace un mes tuve que despedir a dos empleados y es la primera vez que hago dos despidos que me duelen el corazón, porque son excelentes trabajadores. Pero no puedo seguir teniendo, no puedo", contó. La reducción no fue gradual sino forzada por la caída en el volumen de producción: "El 70% de mi producción era para marcas de primer nivel de la Argentina, y ahora no están comprando porque compran en China. Entonces bajó muchísimo el volumen de venta".
El corazón del problema, según explicó, es la diferencia de precios. "Si una cartera de cuero acá sale 150.000 pesos, puede entrar de China en PU o en una gamuza sintética por 20.000". Aclaró que no se trata del mismo producto. "No es de buena calidad, no es cuero argentino", subraya. Aun así, reconoció que para muchos consumidores la brecha es determinante.
Ella decidió no correrse del cuero. "Nunca quise pasarme al PU u otros materiales. Es lo que amo, lo que me apasiona y voy a seguir. Y si tengo que bajar la pasión, la bajaré. No me voy a salir de mi línea". Para reforzar su postura, incluso hizo una prueba como consumidora: "Compré una prenda importada porque en la foto parecía lino natural. Arrugaron la tela para que parezca un lino, pero cuando me llegó era una tela sintética. Nada que ver".
Sin embargo, no todo lo atribuyó a la competencia externa. También apuntó a la estructura de costos interna. "La cantidad de impuestos que tenemos que pagar hace que todos los costos suban. Es una regla matemática: si me baja la venta y los gastos fijos como alquileres e impuestos suben, la matemática no cierra", sostiene. Y lo resume en una frase que se repite en muchas pymes: "Los gastos fijos comen la ganancia".
Esa ecuación, advirtió, tiene una consecuencia directa: "Llega un momento que te quedás sin capital de trabajo". En su caso, ya siente ese límite. "Yo me estoy quedando sin capital, con lo cual el camino va para atrás y no para adelante".
Frente a las declaraciones de dirigentes empresariales que sostienen que "algunas empresas van a sobrevivir y otras no" como parte de un proceso de normalización económica, Kosín evitó alinearse políticamente, pero deja en claro su inquietud: "No quiero entrar en la parte política ni por partidismos. Tengo un pensamiento libre. Pero si tenemos que aguantar, que hagan una colaboración para que yo pueda pagar mis gastos fijos y mantener la poca gente que me queda".
Sobre la reforma laboral, tampoco se mostró entusiasta. "Yo te voy a hablar de mi pyme y cómo la estoy peleando. Tengo gente de muchísimos años de trabajo. En algunos puntos puede ser que esté de acuerdo y en otros no". De todos modos, aclara que el problema hoy no es contratar sino sostener: "No tengo nivel de trabajo para contratar personal".
Mientras intentó potenciar su marca propia para compensar la pérdida de clientes mayoristas, insistió en que sus precios son competitivos dentro del segmento de calidad: "Trabajo con las mejores curtiembres de la Argentina, todos materiales nacionales. Quien quiera una cartera que le dure años va a tener que pagar un poco más caro, pero mis precios son muy bajos para la calidad que hago".
Con 60 años de oficio y 21 al frente de su emprendimiento, no piensa bajar los brazos. "La voy a pelear hasta el último día de mi vida", aseguró. Pero su testimonio deja en evidencia una tensión estructural: en la Argentina que busca reordenar precios y abrir mercados, muchas pymes sienten que el costo de la transición puede ser su propia supervivencia.
Editó Carina Pérez