Economía

La guerra en Medio Oriente amenaza con frenar la desaceleración de la inflación en Argentina

Aunque el alza del petróleo podría fortalecer el ingreso de divisas por exportaciones energéticas, el encarecimiento de combustibles y del gas importado amenaza con trasladarse a tarifas y costos de la economía.

El conflicto en Medio Oriente comenzó a impactar en la economía argentina y podría alterar uno de los objetivos centrales del Gobierno: consolidar una desaceleración sostenida de la inflación. Si bien la suba internacional del petróleo abre una oportunidad para mejorar el ingreso de divisas por exportaciones energéticas, el encarecimiento de los combustibles y del gas que el país importa para el invierno presiona sobre los precios internos.

Durante su exposición ante empresarios en Nueva York, en el marco del Argentina Week, el presidente Javier Milei sostuvo que el nuevo escenario internacional puede favorecer las cuentas externas. Según planteó, el incremento del precio del crudo podría impulsar los ingresos del sector energético y fortalecer la acumulación de reservas.

"Prepárate Santiago porque te van a salir los dólares por las orejas", afirmó el mandatario al dirigirse al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, en referencia al posible aumento de divisas derivado de la mejora en los términos de intercambio.

Las proyecciones del sector privado van en la misma línea. De acuerdo con estimaciones del analista Daniel Dreizzen, de Aleph Energy, las exportaciones petroleras argentinas podrían más que duplicarse entre 2025 y 2026, al pasar de unos u$s6.700 millones a más de u$s13.000 millones.

Sin embargo, el mismo fenómeno que podría fortalecer el ingreso de dólares también genera presiones inflacionarias en la economía local. El aumento del precio del crudo impacta de manera directa en el valor de los combustibles y en el costo del gas importado que el país necesita para cubrir la demanda durante el invierno.

En los últimos días, los combustibles registraron subas superiores al 5% en los surtidores, con variaciones según la empresa y la región. Ese movimiento ya comenzó a reflejarse en las proyecciones de inflación para marzo.

El economista Gonzalo Carrera, de la consultora Equilibra, estima que el índice de precios del mes podría superar el 3% y ubicarse en torno al 3,2%, impulsado en parte por el incremento en la nafta. Según sus cálculos, el ajuste en los combustibles podría aportar alrededor de 0,15 puntos porcentuales a la inflación mensual.

A ese impacto directo se suma el peso que tiene el precio de los combustibles dentro de la canasta utilizada por el INDEC para medir la inflación. Claudio Caprarulo, director de Analytica, explicó que el rubro tiene una incidencia cercana al 4,2% en el índice de precios al consumidor.

No obstante, el efecto no se limita al aumento en los surtidores. El encarecimiento de los combustibles también repercute en los costos de transporte, logística y producción, lo que puede derivar en incrementos en una amplia gama de bienes y servicios.

"El análisis tiene que ser integral", advirtió Caprarulo. "No solo está el impacto directo del precio de los combustibles, sino también los efectos de segunda ronda vinculados a los costos de las empresas".

El petróleo, además, es un insumo clave para múltiples procesos industriales, desde la fabricación de plásticos hasta el packaging de productos de consumo masivo, lo que amplifica su influencia sobre la estructura de precios.

El movimiento del mercado internacional explica parte de estas presiones. Desde el ataque de Estados Unidos a Irán, el precio del barril registró un incremento cercano al 26%, pasando de unos u$s73 a valores significativamente más altos en pocos días.

En paralelo, el Gobierno enfrenta el desafío de avanzar con el ajuste de subsidios en servicios como el transporte y la energía, un proceso que también puede trasladar aumentos a los consumidores.

En ese contexto, el escenario internacional aparece como un factor adicional de incertidumbre para la estrategia económica oficial: mientras el encarecimiento de la energía promete más dólares para la Argentina, también amenaza con frenar la velocidad de la desaceleración inflacionaria que busca el Gobierno.

Recorte de subsidios y presión sobre los precios

Más allá del impacto internacional, el principal factor que podría influir en la inflación en los próximos meses está ligado a un desafío que el Gobierno arrastra desde antes del conflicto: continuar con la reducción de los subsidios energéticos para sostener el superávit fiscal en un contexto de menor recaudación.

Desde 2023, las tarifas de los servicios públicos acumulan aumentos del 593%, muy por encima de la inflación registrada en el mismo período, que ronda el 200%. Aun así, el esquema tarifario todavía mantiene una fuerte participación del Estado. En el caso del transporte público, los usuarios abonan apenas el 32% del costo total del servicio, mientras que el resto se financia con subsidios.

Una situación similar se observa en el sector eléctrico. Los hogares que aún reciben asistencia estatal pagan alrededor de la mitad del costo real de la energía, mientras que el porcentaje restante es cubierto por el Estado.

En este escenario, distintos economistas advierten que la dinámica de precios seguirá condicionada por varios factores internos. "En la inflación también influyen elementos como la inercia inflacionaria, la actualización de tarifas para sostener el superávit y aumentos en algunos productos puntuales, como la carne o la nafta", explicó Miguel Kiguel, director de Econviews.

Con información de El Cronista

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