Bodega Trapiche

Espacio Trapiche: un recorrido gastronómico por los vinos y la historia de la bodega

Un recorrido por "Exploración Trapiche", el menú de ocho pasos que fusiona el legado de una bodega histórica con la alta cocina de Sebastián Weigandt. Una propuesta donde el vino, la gastronomía y el relato de la casa se integran para redescubrir la identidad de uno de los referentes del vino argentino. Por Ignacio Borrás.

Ignacio Borrás

Hay bodegas que se conocen por sus vinos y otras que, con el tiempo, terminan construyendo algo más grande: una historia. Trapiche pertenece claramente a ese segundo grupo. Fundada en 1883, su nombre está profundamente ligado al desarrollo de la vitivinicultura argentina y a la expansión del vino nacional en el mundo. Durante décadas fue una de las grandes protagonistas del crecimiento del sector y, todavía hoy, continúa siendo una referencia inevitable cuando se habla de vino argentino.

Pero en los últimos años la bodega también comenzó a profundizar otra dimensión de su identidad: la relación entre el vino, la gastronomía y la experiencia que puede generarse alrededor de una mesa. En ese contexto aparece Espacio Trapiche, el restaurante ubicado dentro de la histórica bodega de Maipú, que hoy se encuentra bajo la conducción del chef Sebastián Weigandt, acompañado por Germán Sanucci.

Allí tuvimos la oportunidad de participar de "Exploración Trapiche", un menú degustación de ocho pasos pensado como un recorrido por distintas expresiones de la bodega, donde cada plato dialoga con una etiqueta diferente de la casa. Más que un simple almuerzo, la propuesta busca construir una experiencia donde cocina, vino e historia se integren en un mismo relato.

La experiencia comienza incluso antes de que aparezca el primer paso del menú. A modo de bienvenida llega a la mesa un profiterol fuera de carta, relleno de crema de cabutia y chicharrón de nduja, acompañado por una copa de Trapiche Medalla Brut Nature. El bocado sorprende desde el primer momento: la suavidad dulce de la cabutia se encuentra con el carácter intenso y especiado del chicharrón, generando un contraste muy interesante. El espumoso, fresco y vibrante, cumple su rol a la perfección despertando el paladar y preparando el camino para lo que vendrá. Un pequeño gesto inicial que logra generar la primera gran sorpresa del almuerzo.

Profiterol.

 Trapiche Medalla Brut Nature.

El menú comienza formalmente con una serie de snacks de temporada que funcionan como introducción a la propuesta del restaurante. Aparece una palmerita con ricota y portobellos kung pao, donde el toque especiado del hongo aporta personalidad al bocado; un snack de berenjena asada con ajo blanco y barbacoa de frutos rojos, que se destaca claramente por su equilibrio entre ahumado, dulzor y acidez; y finalmente un bocado de carne a la olla servido sobre un bloque de pan brioche, reconfortante y lleno de sabor.

Snack (palmerita y berenjenas).

Snack (Carne a la olla).

Estos primeros bocados se acompañan con Trapiche Lateral GSM, un corte que combina Garnacha, Syrah y Mourvèdre. El vino muestra un perfil jugoso, especiado y de buena frescura, logrando acompañar con naturalidad la diversidad de sabores de este primer paso.

 Trapiche Lateral GSM.

El segundo paso llega con uno de los platos que marcaría el ritmo de toda la experiencia: un taco de algarroba con gírgolas y sweet chilli de durazno, acompañado por Gran Medalla Pinot Noir. El plato logra una combinación muy interesante entre el carácter terroso de las gírgolas y el dulzor sutil del durazno, mientras que la base de algarroba aporta identidad y textura. El Pinot Noir aparece como el compañero ideal: elegante, fresco y delicado, acompañando el plato sin invadirlo. Sin dudas, uno de los momentos más brillantes de todo el almuerzo.

Taco de algarroba y girgolas.

 Gran Medalla Pinot .Noir

El recorrido continúa con alcauciles acompañados por salsa holandesa y kimchi, maridados con Trapiche Costa & Pampa Albariño de Chapadmalal. El plato propone un contraste interesante entre la cremosidad de la holandesa y el carácter intenso del kimchi, mientras que el Albariño aporta frescura y acidez, equilibrando el conjunto y generando una sensación muy agradable de limpieza en boca.

Alcauciles.

 Trapiche Costa & Pampa Albariño de Chapadmalal.

El cuarto paso propone un tiradito de trucha, acompañado por Trapiche Terroir Series Finca Las Piedras Chardonnay. La delicadeza del pescado encuentra en el Chardonnay un aliado natural: un vino con volumen y cierta textura, pero que mantiene suficiente frescura para acompañar la sutileza del plato.

Tiradito de trucha. 

 Trapiche Terroir Series Finca Las Piedras Chardonnay.

Luego llega el quinto paso, que vuelve a elevar la experiencia de manera clara: un socarrat de conejo acompañado por Iscay Syrah-Viognier. La textura crocante del socarrat aporta carácter al plato, mientras que el conejo suma profundidad sin resultar pesado. El vino, con su perfil especiado y floral, encuentra en el plato un compañero perfecto. Este paso se posiciona como otro de los grandes momentos del almuerzo.

Socarrat de conejo. 

  Iscay Syrah-Viognier. 

El recorrido continúa con un ojo de bife acompañado por puré de cebolla y zanahoria, maridado con Iscay Malbec-Cabernet Franc. Aquí el menú entra en su momento más intenso. La carne, perfectamente cocida, se apoya sobre un puré que aporta dulzor y profundidad, mientras que el vino muestra estructura, carácter y complejidad. Otro de los pasos destacados del menú, especialmente para quienes disfrutan de los grandes maridajes entre carne y vino tinto.

Antes del cierre dulce aparece un gazpacho de sandía con melón en pickle, un paso ligero que cumple una función muy clara dentro del recorrido: refrescar el paladar y preparar la boca para el postre.

 Gazpacho de sandía con melón en pickle.

El final llega con un tiramisú, acompañado por Fond de Cave Encabezado Malbec, un vino dulce intenso y envolvente que acompaña muy bien el postre y aporta un cierre elegante al menú. Luego aparecen café y petit fours, completando el último tramo del almuerzo.

 Fond de Cave Encabezado Malbec. 

Más allá de la cocina y los vinos, hay un aspecto que merece una mención especial: el trabajo del sommelier Matías Sánchez. A lo largo de todo el almuerzo su presencia resulta clave, no solo por la precisión con la que explica cada vino, sino también por la cercanía con la que responde preguntas y comparte detalles que ayudan a comprender mejor cada etiqueta.

Después del almuerzo, la experiencia continúa con una visita por parte de la bodega, un recorrido que invita a descubrir distintos espacios donde se respira historia. Caminar por sus instalaciones permite dimensionar el peso que Trapiche tiene dentro del vino argentino y entender cómo tradición y modernidad conviven dentro de la misma casa.

Viejos lagares de Bodega Trapiche. 

REFLEXIÓN PERSONAL

Hay algo interesante en este tipo de experiencias gastronómicas dentro de bodegas históricas. Muchas veces uno llega pensando que simplemente va a disfrutar de un buen almuerzo acompañado por vinos, pero cuando la propuesta está bien pensada termina sucediendo algo distinto: se construye un relato completo alrededor del vino.

Eso es, en gran medida, lo que ocurre en Espacio Trapiche. El menú "Exploración Trapiche" no busca únicamente mostrar técnica o creatividad en la cocina. Lo que intenta -y en gran medida consigue- es recorrer distintas identidades de la bodega a través de los platos y los vinos.

Hay momentos del almuerzo que quedan particularmente grabados: el taco de algarroba con gírgolas acompañado por Pinot Noir, el socarrat de conejo con Iscay Syrah-Viognier, o el ojo de bife con Iscay Malbec-Cabernet Franc. Son platos donde el maridaje no aparece como un simple acompañamiento, sino como parte central de la experiencia.

Pero más allá de los pasos puntuales, lo interesante es la coherencia general del recorrido. Cada vino tiene un lugar dentro del relato del menú, y cada plato parece pensado para dialogar con él. En ese equilibrio entre cocina y vino también aparece un factor clave: el trabajo del sommelier Matías Sánchez, que logra transmitir cada etiqueta con claridad, cercanía y entusiasmo.

Quizás por eso el recuerdo que queda después del almuerzo no es solamente el de algunos platos memorables, sino el de haber recorrido -de una manera distinta- parte del universo de una de las bodegas más importantes de la Argentina.

Y ahí aparece la verdadera recomendación: no se trata solamente de ir a comer a un restaurante dentro de una bodega, sino de vivir una experiencia que conecta cocina, vino e historia en un mismo recorrido.

Ver: Menú Mendocino en Trivento. 

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