Informe

Semáforo Coninagro: el vino sigue en rojo y pierde terreno en las economías regionales

El informe de Coninagro advierte sobre caída de precios, menor consumo y retroceso exportador en un sector que acumula años de debilidad.

La vitivinicultura volvió a quedar entre los sectores más comprometidos de la economía regional, según el último "Semáforo" presentado por Coninagro en el marco de la ExpoAgro 2026. El complejo del vino y el mosto permanece en zona roja, reflejando una combinación de precios rezagados, caída del consumo y dificultades en el frente externo.

El indicador, que evalúa 19 actividades productivas a partir de variables económicas, productivas y comerciales, mostró un deterioro general en enero de 2026: ocho sectores quedaron en rojo, siete en amarillo y solo cuatro en verde. Entre los más afectados, la vitivinicultura se mantiene como uno de los casos estructurales de crisis.

Uno de los principales problemas del sector es el desfasaje entre precios y costos. El valor promedio que reciben los productores se ubicó en torno a los $315 por litro, con una caída mensual y una suba interanual muy por debajo de la inflación. Esta dinámica erosiona la rentabilidad y limita la capacidad de recuperación.

En el plano productivo, la superficie cultivada continúa en retroceso. Actualmente, el área destinada a la actividad ronda las 195 mil hectáreas, lo que implica una reducción respecto de años anteriores. Si bien la última cosecha mostró una leve mejora en volumen, ese incremento no alcanza para compensar el deterioro económico del sector.

A esto se suma un mercado interno en retracción. El consumo de vino sigue cayendo y se proyecta en torno a los 14,4 litros por habitante al año, consolidando una tendencia descendente que afecta directamente a la cadena.

El frente externo tampoco ofrece alivio. Las exportaciones del complejo vitivinícola registraron una baja interanual, mientras que las importaciones crecieron con fuerza, lo que suma presión en un contexto de mayor competencia.

Desde una mirada de largo plazo, el diagnóstico es aún más preocupante. Según la serie histórica del semáforo, la vitivinicultura permaneció en rojo en más del 70% de las mediciones de los últimos años, lo que la ubica entre las actividades con mayor persistencia de dificultades.

El informe también advierte sobre una menor participación del productor en el precio final, una tendencia que se repite en cadenas con mayor nivel de industrialización como la del vino. Esto implica que, aun cuando el producto llega a valores elevados en góndola, el ingreso que percibe el eslabón primario resulta cada vez más reducido.

En este contexto, el sector vitivinícola enfrenta un escenario complejo, atravesado por costos altos, demanda debilitada y menor competitividad. El semáforo de Coninagro vuelve a encender una señal de alerta sobre una de las economías regionales más emblemáticas del país.

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