La Universidad Pública en la encrucijada: desafíos y horizontes para la UNCUYO

La catedrática expone su proyección del camino que deben emprender las universidades públicas y en particular la Universidad Nacional de Cuyo, de la cual Bernabé es docente.

Fernanda Bernabé
Decana de la Facultad de Ciencias Empresariales y Gestión Pública de la Universidad Champagnat. Docente titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y Directora del Centro de Estudios de Estado e Innovación Pública (UNCUYO).

En el actual escenario de incertidumbre que atraviesa la Argentina, la universidad pública se erige no solo como un espacio de formación profesional, sino como el último refugio del pensamiento crítico y la movilidad social ascendente. Sin embargo, el prestigio ganado no es un cheque en blanco; las instituciones ddeben reinventarse para seguir siendo pertinentes. En este contexto, la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) enfrenta tres desafíos medulares que definirán su impacto en la próxima década.

1. La transformación digital: más allá de las pantallas

El primer gran reto no consiste simplemennte en digitalizar programas o subir archivos a una nube. La verdadera transformación digital es un cambio cultural de gestión y pedagógico. Para una institución de la envergadura de la UNCUYO, esto implica repensar los procesos administrativos para desburocratizar la gestión y, fundamentalmente, repensar y rediseñar las pedagogías en territorios virtuales.

Hoy hay millones de textos o datos disfrazados de "conocimiento" a un clic de distancia, lo que obliga a la universidad a pasar de ser una "expendedora de información" a ser una facilitadora de competencias y sobre todo la que garantice la reflexión crítica de los y las estudiantes. El desafío es integrar la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes sin deshumanizar el vínculo pedagógico, garantizando que la brecha digital no se convierta en una nueva forma de exclusión.

2. El binomio ingreso-egreso en contextos de vulnerabilidad

La gratuidad es la puerta de entrada, pero no garantiza la meta. En una Argentina con altos índices de pobreza y fragilidad social, el o la estudiante de hoy suele ser un trabajador/a o alguien con responsabilidades familiares complejas. Garantizar la permanencia y el egreso efectivo es, quizás, la deuda más urgente.

No basta con programas de becas;; se requieren trayectorias académicas flexibles. La UNCUYO debe profundizar el acompañamiento en el primer año para evitar la deserción temprana y generar puentes sólidos para que el final de la carrera no sea un cuello de botella. La democratización real de la universidad se mide en la cantidad de graduados que logran transformar su realidad y la de su entorno, a pesar de los desafíos económicos que los rodean.

3. Vinculación estratégica y autonomía

Finalmente, la universidad debe fortalecer su rol como motor del desarrollo regional. Esto implica una vinculación estrecha con organismos públicos y el sector privado de Mendoza y el país. La UNCUYO tiene el caudal intelectual para resolver problemas técnicos, sociales y productivos concretos.

El equilibrio es delicado: debemos estar al servicio del desarrollo económico sin convertirnos en una consultora subordinada al mercado. La autonomía universitaria es, precisamente, la libertad de elegir con quién y para qué nos vinculamos, priorizando siempre el bien común y la ética pública. Una universidad que se cierra sobre sí misma se vuelve un museo; una que se abre sin estrategia, pierde su esencia.

Para concluir, la universidad pública argentina, y nuestra UNCUYO en particular, tienen el compromiso histórico de liderar el progreso. Abrazar la tecnología, cuidar las trayectorias de nuestros estudiantes y potenciar el desarrollo regional son los pilares para que la educación siga siendo el motor de una sociedad más justa y soberana.

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