Perspectivas

Comienzan a aparecer señales positivas, pero sin efecto a corto plazo

Algunos datos muestran una mejor dinámica, pero con paso más lento.

Rodolfo Cavagnaro

Terminando el mes de abril comenzaron a conocerse algunos datos positivos que dan una idea de que podría haber comenzado un proceso, lento aún, de recuperación de la actividad económica. Las primeras señales partieron del Banco Central, que decidió bajar los encajes bancarios para aumentar la capacidad prestable de los bancos y, por otra parte, el Tesoro no tomó la totalidad de la plata que los bancos le ofrecieron, dejando más liquidez disponible en el mercado.

Por ahora, los bancos comenzaron bajando la tasa que pagan a los ahorristas a niveles de 18 o 20%, pero a los tomadores de crédito les siguen cobrando una tasa efectiva mensual del 120%, con efecto anual del 180%. Realmente un disparate. Solo el Banco Nación ha comenzado a trabajar con tasas más bajas en prestamos a las pymes, que les pueden ayudar mucho.

Esa baja de tasas está empujando a los inversores a salir de inversiones en pesos, ya que las tasas ofrecidas están por debajo de la inflación. Solo algunos títulos emitidos con cláusula CER resultan atractivos si se considera la posibilidad de que sigan altas las tasas de inflación. Pero también hay muchos que prefieren esperar colocados en dólares.

En este sentido, el economista Salvador Distéfano aseguró que no debería extrañar que el precio de la divisa norteamericana se deslice hasta el nivel cercano a los $1500 a corto plazo por esta mayor demanda de los ahorristas e inversores, a pesar de que se espera una gran liquidación por parte de los exportadores de granos.

Pero, el mismo Distéfano sostiene que hay muchas exportaciones no liquidadas a la espera de una mejora de la cotización y que esta suba podría animarlos a acelerar, pero el nivel de precio se mantendría ayudado por las compras del Banco Central. Si sube un poco el dólar, mejorarían los ingresos de las empresas y la recaudación del Estado.

Mejora la actividad económica

En paralelo, ya aparecen indicadores que de que la inflación del, mes de abril daría un registro cercano a 2,5% o 2,7%, con una importante baja respecto del indicador de marzo y de febrero. Si todo marcha de forma normal, debería comenzar una tendencia decreciente, aunque el conflicto de Nedio Oriente mantiene muy alto en precio del crudo y, aunque cesen las hostilidades, llevará mucho tiempo recuperar la infraestructura dañada por los bombardeos.

No obstante, nuevamente el atraso del poder adquisitivo de los salarios juega para evitar alzas de precios, aunque también la apertura de las importaciones juega un rol importante para evitar aumentos excesivos. De todos modos, comienzan a aparecer algunas señales que se pueden considerar positivas. Una de ellas es el aumento del consumo de energía, vinculado a una mayor producción industrial, cuyo indicador recién lo veríamos dentro de dos meses, por la forma de nuestro sistema estadístico.

Por otra parte, la mayor estabilidad de precios hizo que las familias cambien sus modos de compra y sus estrategias de consumo, unido al problema de que los ajustes de tarifas fueron superiores a la inflación. Es probable que las familias, con presupuestos más ajustados, estén cambiando prioridades y las empresas se comienzan a dar cuenta de que algo no está funcionando como debería, pero sin llegar a entender las causas.

La política mete la cola

El estilo confrontativo que tiene el presidente Milei le trajo los votos de muchos sectores enojado con la vieja política, pero ahora, esos mismos sectores se enojan con él porque no advierte signos de reactivación. De la misma forma, hay empresarios contentos y otros enojados. Lógicamente, los enojados pertenecen al sector que perdió y se asocian con la oposición con la esperanza de que puedan devolverles lo que perdieron.

Pero los trastornos generados alrededor del presidente, como el caso Adornis, generan mucho ruido político que es aprovechado por algunos sectores para sacar alguna ventaja o para presionar. Algunos ya hablan de la sucesión de Milei, dando por entendido que no obtendría la reelección y eso hace que los inversores extranjeros se muevan con mucha cautela al no saber si las actuales reglas podrían continuar, si se diera esa hipótesis.

Esta aparente debilidad también es aprovechada por los gobernadores, que van a negociar con el gobierno el apoyo a iniciativas legislativas. El ministro del interior, Santilli, tiene que pedir instrucciones para saber qué les puede prometer, porque sabe que le van a prometer votos a cambio de plata, y el problema es sostener el superávit fiscal, que el mismo Milei quiere grabar como principio a través de una ley.

Lamentablemente, estos problemas se originan en el temperamento del presidente y en la conducta errática de su entorno, que se llena de discursos y actúan como si fueran unos más de la casta que dicen combatir. Al sistema le está fallando el liderazgo y eso se traduce en acciones confusas dentro del mismo gobierno y en el estado.

Con la moda de judicializar todas las decisiones y hasta las leyes del Congreso, lo que se consigue es demorar poner en marcha todas las reformas. Hay jueces que se prenden a esto concediendo amparos por cualquier cosa y suspendiendo la aplicación total o parcial de ciertas leyes. A pesar de que la justicia destrabó en parte la reforma laboral, las empresas hoy no saben si la aplican o no o si algún juez los condenará por hacerlo. Si no nos ordenamos, ganarán los que se oponen a todo en su propio beneficio.

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