Por qué los cambios en la Reserva Federal de EEUU pueden darle aire financiero a Argentina

El nuevo presidente de la Reserva Federal Kevin Warsh asumirá en un escenario de inflación persistente y tensión global. Los mercados evalúan si mantendrá una política monetaria dura o si avanzará hacia una flexibilización gradual que podría beneficiar a los activos argentinos.

 La confirmación de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal de los Estados Unidos volvió a poner el foco sobre el rumbo de la política monetaria norteamericana y sus efectos sobre los mercados emergentes, incluida la Argentina.

Aunque el presidente estadounidense Donald Trump esperaba un rápido recorte de tasas tras impulsar su llegada al organismo, los analistas consideran que Warsh podría sostener una postura prudente frente a una inflación que continúa por encima de la meta oficial del 2%.

La discusión se da en un contexto complejo para la economía estadounidense. Desde el conflicto entre Estados Unidos e Irán iniciado a fines de febrero de 2026, la presión inflacionaria volvió a crecer, impulsada por tensiones energéticas, restricciones comerciales y mayores costos asociados a los aranceles.

Pese a ese escenario, el mercado analiza si la nueva conducción de la Fed dará más importancia al objetivo de sostener el empleo y la actividad económica, incluso con niveles de inflación todavía elevados.

La Reserva Federal inició su ciclo de baja de tasas en septiembre de 2024 y desde entonces recortó la tasa de fondos federales en 1,75 puntos porcentuales. Sin embargo, la inflación esperada a cinco años, medida a través de los TIPS, se mantiene lejos del objetivo del organismo.

La tasa de inflación de equilibrio de los TIPS a cinco años alcanzó el 2,72% el 4 de mayo de 2026, el nivel más alto desde agosto de 2022, una señal que refleja cierta pérdida de confianza del mercado en la capacidad de la Fed para regresar rápidamente al objetivo del 2%.

Al mismo tiempo, el desempleo efectivo continúa cerca de los niveles considerados normales por la propia Reserva Federal. La diferencia entre la tasa de desempleo actual y la estimación de largo plazo del FOMC, fijada en 4,2%, es de apenas 0,05%, muy inferior a la brecha inflacionaria.

En ese marco, Warsh viene dejando señales de una posible flexibilización futura de la política monetaria. Parte de sus argumentos se apoyan en el impacto que podría tener la inteligencia artificial sobre la productividad y la reducción de costos en las cadenas globales de suministro.

También aparecen otros factores que podrían favorecer una política menos restrictiva, como la reducción del balance de la Fed y una eventual flexibilización regulatoria para el sistema bancario, permitiendo menores exigencias de liquidez.

Otro cambio relevante podría darse en la dinámica interna del organismo. Históricamente, los presidentes de los bancos regionales de la Reserva Federal fueron quienes sostuvieron las posiciones más duras contra la inflación. Desde 2006, impulsaron 58 de las 72 disidencias restrictivas registradas dentro del sistema, mientras que los miembros de la Junta central solo protagonizaron una postura similar en nueve ocasiones.

Con Warsh al frente, el peso de esos sectores más contractivos podría disminuir, especialmente por la capacidad que tiene el presidente de la Fed para definir agendas, orientar debates internos y conducir la comunicación oficial del organismo.

Los mercados ya analizan las posibles consecuencias de ese giro. Una Fed más flexible podría debilitar al dólar frente a otras monedas y favorecer activos reales como materias primas, inmuebles y metales. También podría empinar la curva de rendimientos si las tasas cortas bajan mientras los bonos de largo plazo reflejan expectativas inflacionarias más altas.

En el caso de las acciones, el efecto podría ser ambiguo. Un costo financiero más bajo suele impulsar inicialmente a las bolsas, aunque un escenario de estanflación -con inflación alta y crecimiento débil- podría terminar afectando al mercado, como ocurrió durante la década de 1970.

Para la Argentina, una eventual baja de tasas en Estados Unidos implicaría un contexto financiero más favorable. Menores rendimientos en activos seguros norteamericanos podrían incentivar el ingreso de capitales hacia mercados emergentes y mejorar el desempeño de bonos soberanos y acciones locales.

En ese escenario, el riesgo país podría seguir bajando y abrir una ventana para que el Gobierno argentino recupere acceso al financiamiento externo. Sin embargo, los analistas advierten que el contexto internacional por sí solo no resolverá los desequilibrios internos.

La posibilidad de aprovechar un escenario global más benigno dependerá de la capacidad del Gobierno de Javier Milei para sostener el ajuste fiscal, acumular reservas, continuar reduciendo la inflación y evitar nuevas tensiones cambiarias.

Además, una Fed más expansiva podría impulsar el precio de las commodities, algo especialmente relevante para la Argentina por el peso del agro, la energía y la minería en la generación de divisas.

De todos modos, el mercado advierte que cualquier mejora externa podría ser transitoria. Si la inflación estadounidense vuelve a acelerarse o reaparece la aversión global al riesgo, la ventana financiera para países emergentes podría cerrarse rápidamente.

Con información de Forbes.com