Tecnología y educación: por qué el desafío no solo son las pantallas

"Resulta indispensable formar personas capaces de interpretar, saber preguntar, seleccionar y analizar críticamente la enorme cantidad de información que reciben todos los días", postula el autor.

Hasta hace poco tiempo, el debate sobre tecnología y educación estaba centrado en la incorporación de computadoras, conectividad y dispositivos dentro de algunas materias de la currícula de estudiantes. Sin embargo, la transformación que estamos atravesando hoy es mucho más profunda. La revolución digital no solo modifica las herramientas con las que se forma y aprende: está cambiando la manera en que pensamos, accedemos al conocimiento y se construye la relación con el entorno.

Hoy las escuelas conviven con una realidad atravesada por pantallas, redes sociales, plataformas con múltiples fines, inteligencia artificial y una circulación permanente de información. En este contexto, los modelos tradicionales de enseñanza enfrentan nuevos desafíos y quedaron expuestos frente a esta nueva dinámica. Ya no alcanza con transmitir contenidos: resulta indispensable formar personas capaces de interpretar, saber preguntar, seleccionar y analizar críticamente la enorme cantidad de información que reciben todos los días.

Entre los principales cambios, la lectura digital dejó de ser lineal. Hoy esta actividad se divide entre enlaces, imágenes, videos y múltiples fuentes de información de manera simultánea. Esto exige nuevas capacidades: atención, análisis crítico, jerarquización y criterio para distinguir información confiable de aquello que no lo es.

Por otro lado, se está discutiendo sobre la capacidad de memorizar. En una sociedad hiperconectada, donde cualquier dato parece estar a un clic de distancia, memorizar ha dejado de ocupar el lugar central. El verdadero desafío pasa hoy por comprender, contextualizar y utilizar la información de manera inteligente y responsable. Esta transformación obliga a fortalecer habilidades más complejas vinculadas al pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas.

La irrupción de la IA acelera aún más este proceso. Herramientas capaces de generar textos, imágenes o resolver tareas en segundos están modificando profundamente la relación entre estudiantes y docentes. El desafío educativo ya no pasa solamente por enseñar contenidos, sino por desarrollar capacidades humanas que serán cada vez más valiosas: criterio ético, creatividad, autonomía, trabajo colaborativo y pensamiento crítico.

En este nuevo paradigma, la tecnología ha dejado de ser un simple complemento para convertirse en parte estructural del diseño de políticas públicas educativas en Mendoza. En este contexto, la innovación educativa no puede medirse únicamente por la cantidad de dispositivos distribuidos o plataformas implementadas, sino por su capacidad real para mejorar los aprendizajes, reducir desigualdades y fortalecer el rol docente.

Transformación digital planificada

En nuestra provincia, aproximadamente el 30% de las aulas de la provincia ya se encuentran digitalizadas y el objetivo planteado por la gestión provincial es alcanzar el 100% para 2027. Pero lo más importante es que esta política no se limita únicamente a la entrega de equipamiento, sino que busca integrar tecnología, contenidos, aplicaciones y acompañamiento pedagógico dentro de un sistema educativo más moderno e inclusivo.

En esa línea, también es prioridad la formación docente vinculada a inteligencia artificial y nuevas tecnologías. Actualmente, más de 21 mil docentes mendocinos se encuentran inscriptos en programas de capacitación para el uso de herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la enseñanza. Estos programas entienden que la tecnología no debe verse como una amenaza para el docente, sino como una herramienta de apoyo y fortalecimiento de su tarea pedagógica.

Lejos de perder centralidad, el rol docente se vuelve aún más importante en esta etapa. Ninguna plataforma ni algoritmo puede reemplazar la capacidad humana de orientar, acompañar, cuestionar y formar criterio. El docente continúa siendo el actor fundamental para construir aprendizajes significativos, promover el pensamiento crítico y ayudar a los estudiantes a desenvolverse en entornos digitales cada vez más complejos.

Desde la gestión educativa, la transformación digital también obliga a repensar las políticas educativas desde una lógica más personalizada y preventiva. Por ello, se vienen implementando herramientas de seguimiento nominal de trayectorias escolares y sistemas de alerta temprana para detectar situaciones de riesgo educativo antes de que se produzca el abandono escolar. Estas herramientas, combinadas con tutorías y equipos interdisciplinarios, muestran cómo la tecnología puede ponerse al servicio de una escuela más cercana, más humana y con mayor capacidad de acompañamiento.

La discusión sobre tecnología y educación no es solamente técnica, sino que es profundamente política y cultural. Lo que está en juego no es únicamente cómo incorporamos herramientas digitales en las aulas, sino qué capacidades queremos desarrollar en las nuevas generaciones. Hablamos de la formación de personas capaces de pensar críticamente, comprender la complejidad de los conflictos que pueden llegar a enfrentar, y utilizar la tecnología con responsabilidad, autonomía y sentido humano. Ese es el verdadero desafío que hoy tenemos como sociedad en sentido colectivo, como docentes y como ciudadanos individualmente. 

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