Entrevista

Puricelli: "La guerra en Ucrania sigue tan intensa como en 2022 y no hay señales de una salida cercana"

El analista internacional advirtió que el conflicto se ha naturalizado en la agenda global, pero mantiene un alto costo humano y económico. También alertó sobre las dificultades para alcanzar una paz duradera, las diferencias entre Estados Unidos y Europa y las consecuencias geopolíticas que podrían afectar incluso al reclamo argentino por Malvinas.

El reciente ataque ruso contra Ucrania, que incluyó centenares de drones y decenas de misiles, volvió a colocar el conflicto en el centro de la escena internacional. Sin embargo, para el analista internacional Gabriel Puriceli, la ofensiva no representa un cambio de rumbo en la guerra sino la continuidad de una confrontación que, pese a haber desaparecido parcialmente de los titulares, nunca perdió intensidad.

En diálogo con el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post, el especialista sostuvo que la guerra iniciada en febrero de 2022 continúa desarrollándose con un nivel de violencia sostenido y que la percepción de una disminución del conflicto responde más al acostumbramiento de la opinión pública que a una reducción real de las hostilidades.

"La guerra no ha cesado en ningún momento. Ha tenido brevísimos altos el fuego acordados, como ocurrió alrededor del 8 de mayo, cuando en Europa se conmemora la victoria sobre el nazifascismo, pero el conflicto tiene una intensidad fuerte e ininterrumpida desde febrero de 2022", explicó.

Según Puriceli, el enfrentamiento se ha integrado a una nueva realidad internacional marcada por múltiples focos bélicos. "Se ha transformado en parte del paisaje. Forma parte de esta nueva normalidad que no es el mundo en paz sino el mundo en guerra", afirmó.

Una guerra estancada pero cada vez más costosa

El analista señaló que, desde el punto de vista militar, la situación permanece relativamente estable. Rusia logró consolidar el control de aproximadamente el 20% del territorio ucraniano durante la primera etapa de la invasión, pero desde entonces las variaciones en el frente han sido mínimas.

"Hay avances y retrocesos de pocos metros a un lado o al otro. El cuadro es estable en términos territoriales, pero la pérdida de vidas y el esfuerzo presupuestario que hacen ambos países se mantiene constante y sin visos de solución", indicó.

Puriceli destacó además el enorme desarrollo tecnológico que ha adquirido el conflicto, especialmente por la utilización masiva de drones. Ucrania incrementó su capacidad de producción local, mientras que Rusia incorporó equipos importados, particularmente desde Irán.

En ese contexto, relativizó el impacto estratégico del último ataque ruso, que según Kiev incluyó más de 600 drones y más de 70 misiles.

"Ha habido ataques de estas características en el pasado. Este fue particularmente intenso, pero no se puede decir que sea un momento clave de la guerra", sostuvo.

A su entender, la magnitud de los recursos destinados al enfrentamiento revela el nivel de desgaste que atraviesan ambos países. "Uno hace el cálculo de cuánto están invirtiendo las partes en hacerse daño mutuamente y son montos incalculables. Es dinero que podría terminar con la pobreza en ambos países y que está siendo utilizado en la guerra", remarcó.

Además, consideró que el uso de más drones o de armamento más sofisticado no altera el equilibrio militar general. "No parece que sea el tipo de ataque que vaya a cambiar el balance estratégico de la guerra", señaló.

El cambio de Trump y el giro en las negociaciones

Puriceli identificó un punto de inflexión en el conflicto: el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Para el especialista, la modificación en la postura estadounidense alteró profundamente las perspectivas de una eventual negociación.

"El último gran cambio fue el cambio gubernamental en Estados Unidos. Se pasó del apoyo incondicional que existía con Joe Biden a un respaldo mucho más mitigado y condicionado por parte de Trump", explicó.

Ese cambio, afirmó, obligó a Ucrania a replantear su estrategia.

"El gobierno ucraniano empieza a hacer la cuenta de que tal vez tenga que resignarse, como Trump lo dijo explícitamente, a perder parte de su territorio a cambio de obtener la paz", indicó.

Sin embargo, la posibilidad de una negociación se enfrenta a un obstáculo adicional: las diferencias crecientes entre Estados Unidos y Europa respecto del futuro de Ucrania.

Puriceli sostuvo que para los gobiernos europeos aceptar una pérdida territorial ucraniana implicaría abrir un precedente extremadamente peligroso.

"Para Europa la pérdida de territorio de Ucrania sienta un precedente horrible, porque pone en riesgo la integridad territorial de otros países europeos", advirtió.

Según su análisis, esa divergencia de intereses es uno de los factores que explican el endurecimiento del discurso ruso hacia las potencias europeas.

"Putin se está poniendo cada vez más belicoso con Europa sabiendo que existe esa división", afirmó.

Una paz difícil y con consecuencias para Argentina

El analista fue especialmente enfático al advertir que cualquier acuerdo basado en la aceptación de las conquistas territoriales obtenidas por la fuerza tendría consecuencias que exceden ampliamente a Ucrania.

"La dinámica sigue siendo la de un círculo vicioso donde es difícil avizorar la paz. Y si se avizora una paz, es una paz inestable e injusta", sostuvo.

Puriceli vinculó directamente esa situación con el histórico reclamo argentino sobre las Islas Malvinas.

"Una paz basada en reconocer ganancias territoriales obtenidas por la fuerza debería preocupar enormemente a los argentinos", señaló.

Y explicó: "La base de nuestro reclamo constitucional por Malvinas está en la defensa del principio de integridad territorial. Si en Ucrania hubiera una paz sobre la base de eliminar ese principio del derecho internacional, sentaría un precedente muy malo para la Argentina".

Una guerra mucho más larga de lo que imaginó Putin

Consultado sobre la duración del conflicto, Puriceli consideró que la guerra se ha extendido mucho más allá de las previsiones iniciales del Kremlin.

"Vladimir Putin presentó esta agresión a Ucrania no como una guerra sino como una operación especial y había prometido que en una semana estaba en Kiev", recordó.

La realidad terminó siendo muy distinta.

"Ya hemos entrado en el quinto año de esta guerra. Por supuesto que es un conflicto que se está extendiendo mucho más allá de lo que pensaban quienes decidieron la agresión", afirmó.

Medio Oriente y la estrategia errática de Estados Unidos

Durante la entrevista, Puriceli también analizó el escenario en Medio Oriente y cuestionó con dureza la política exterior estadounidense.

A su juicio, la administración Trump exhibe niveles de improvisación incluso mayores que los observados en la guerra de Ucrania.

"Estados Unidos muestra niveles de desorientación mayores todavía a los de Rusia en Ucrania", afirmó.

El especialista cuestionó particularmente las contradicciones en torno a Irán.

"Trump había dicho en 2025 que el programa nuclear bélico iraní había sido eliminado por completo. Entonces inició una guerra para eliminar algo que él mismo había declarado que ya estaba eliminado", señaló.

También consideró inconsistente la justificación vinculada a la apertura del Estrecho de Ormuz.

"Se dijo que el objetivo era abrir el Estrecho de Ormuz, pero antes de que empezara la guerra el estrecho estaba abierto", sostuvo.

Puriceli atribuyó estas decisiones a un esquema de conducción excesivamente personalista.

"Se encara una guerra personal sin objetivos claros y entramos en una fase caótica donde se rompe toda confianza internacional", afirmó.

El fortalecimiento de los sectores duros en Irán

Lejos de debilitar al régimen iraní, el conflicto parece haber fortalecido a los sectores más radicalizados del poder.

"El efecto político del ataque estadounidense no ha sido el debilitamiento de la Guardia Revolucionaria Islámica sino exactamente lo contrario", señaló.

Según explicó, la estructura militar y religiosa más dura del régimen tiene hoy una influencia mayor que antes del inicio de las hostilidades.

"Parece que la Guardia Revolucionaria Islámica está mucho más en control del régimen de lo que estaba antes de la guerra", afirmó.

Incluso mencionó versiones que circulan en la prensa estadounidense sobre una posible renuncia del presidente iraní Masoud Pezeshkian, considerado uno de los dirigentes más moderados del sistema político iraní.

La guerra complica a Trump de cara a las elecciones

Finalmente, Puriceli sostuvo que los conflictos internacionales podrían convertirse en un factor determinante para el futuro político de Donald Trump.

"Todo indica que la opinión pública estadounidense se está volviendo muy fuertemente contra Trump", aseguró.

A diferencia de otros conflictos bélicos protagonizados por Estados Unidos, el especialista destacó que esta intervención nació sin respaldo ciudadano.

"Es la primera guerra que un presidente de Estados Unidos inicia sin tener apoyo de la opinión pública el mismo día que la lanza", afirmó.

Y concluyó: "Vietnam, Irak o Afganistán comenzaron con apoyo social y luego lo fueron perdiendo. Esta guerra es inédita porque arranca con más del 70% de la opinión pública en contra".

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