Se ahoga en un vaso de agua
Para un mendocino, hablar del agua constituye un tema caro a su sentir; no es preciso escribir una defensa de este elemento vital; lo que nos interesa hoy es rescatar el vocablo desde su presencia en innumerables locuciones que nos ponen ante connotaciones diversas.
Resulta sumamente interesante examinar algunas de ellas por las visiones de la realidad reflejadas en su contenido: así, en Cuba, cuando alguien ha bebido hasta trastornarse sus sentidos, esto es, cuando se ha emborrachado, se usa la locución ‘agarrar un agua': "No hacían caso los presentes a los exabruptos y expresiones groseras, pues era evidente que el hombre había agarrado un agua".
Y cuando de alguien se dice que ‘se ahoga en un vaso de agua/en poca agua', lo que se desea dar a entender es que esa persona se apura y aflige por una causa liviana: "No tiene importancia ese conflicto, se está ahogando en un vaso de agua".
Expresión hoy desusada constituye la locución ‘agua va', utilizada en otra época cuando, desde alguna casa, iban a echar a la calle agua servida o inmundicia; se procedía de esa forma por la carencia, entonces, de un sistema adecuado de drenaje. Se podía también anunciar ‘¡aguas!', exclamación todavía hoy empleada en México para indicar alerta o peligro.
También se integran estas palabras en la locución ‘sin decir agua va' que se puede explicar como "sin aviso previo": "En ese momento, sin decir agua va, retiró sus pertenencias y se alejó rápidamente del sitio".
Todos hemos escuchado incitar a otra persona a realizar una acción para la que se ve idónea; se oye exclamar ‘¡al agua, pato(s)!", en la seguridad de dar el estímulo correspondiente a la persona adecuada.
Hemos oído, muchas veces y, sobre todo, de personas de edad avanzada, la expresión ‘aguas de borraja', para darle a algo escasa o ninguna importancia, especialmente si en un principio parecía tenerla. Se usa, en ese caso, la frase ‘quedar en aguas de borraja'. Alcance similar posee otra locución, ‘de agua y lana', hoy desusada, pero con el significado "de poco o ningún valor o importancia". En cambio, todos usamos y entendemos la locución adjetiva coloquial ‘claro/a como el agua', usada como sinónimo de "evidente, patente": "Con tu explicación, el asunto ha quedado claro como el agua".
Al registrar locuciones formadas a partir de ‘agua', hallamos ‘bañarse en agua rosada', que se explica como "alegrarse alguien mucho del bien o del mal ajeno, o regocijarse al ver el desengaño, escarmiento o perjuicio de otro que no hizo caso de sus consejos y advertencias o que no cumplió su voluntad": "Al ver el rotundo fracaso de su adversario notamos en su rostro que se bañaba en agua rosada".
Existen dos locuciones de carácter comparativo que dan a entender aspectos positivos de la existencia: la primera, ‘como agua', se usa para significar que algo se da en gran abundancia: "Por aquellos días, el dinero y las oportunidades para obtenerlo fluían como agua". La segunda, ‘como (el) agua de mayo', se explica como una locución que pondera la oportunidad con que sucede algo beneficioso. Al decir "de mayo", se asocia este mes en el hemisferio boreal, a las lluvias, que aseguran buenas cosechas y, por ende, abundancia.
En cambio, la locución adverbial ‘como agua para chocolate' connota una actitud colérica; se evoca el punto de ebullición que debe alcanzar el agua para disolver la pasta de cacao. Metafóricamente, una persona está ‘como agua para chocolate' cuando su furia interior es grande y la lleva a punto de estallar: "Por su enojo e irritación, Marcela estaba como agua para chocolate".
Otras veces, la persona ha estado enojada, pero luego lo ha olvidado; para aludir a ello se usa la expresión ‘agua pasada', definida académicamente como "cosa que pertenece a otro tiempo y ya ha perdido su oportunidad, interés e importancia": "Relegué el hecho al olvido, es ya agua pasada".
En el ámbito doméstico, ‘dar un agua' (a una prenda de ropa) significa que se la lava ligeramente: "No te esfuerces mucho, bastará con darle un agua a ese vestido manchado".
Cuando un esfuerzo no vale la pena porque se trabaja en vano, la expresión que se usa es ‘coger agua en cesto': "Siento que estoy haciendo tremendo trabajo sin ninguna perspectiva, como si cogiera agua en cesto". También, análogamente, la inutilidad de un trabajo puede quedar reflejada en la locución ‘echar agua en el/la mar'.
La unión del verbo ‘echar' y el sustantivo ‘agua' nos da por lo menos dos locuciones: una es ‘echar toda el agua al molino' y ‘echar al agua': con la primera se indica que se realiza todo el esfuerzo posible para lograr algo que se desea. Con la segunda, que una persona desenmascara a otra, pues revela todos sus secretos; pero si se dice ‘echarse al agua' toma el significado de asumir un gran riesgo.
Lo advertimos en "Para alcanzar mi objetivo en esta empresa, eché toda el agua al molino, con sacrificio y acudiendo a todos mis contactos". "Sin vacilar, lo traicionó y lo echó al agua". "No escatimé esfuerzo y, sin pensarlo, me eché al agua". Hay una expresión similar, ‘llevar alguien el agua a su molino': con ella se significa que una persona va a dirigir las ganancias o resultados favorables exclusivamente en su propio interés: "Resultó un sinvergüenza que solamente llevaba el agua a su molino". Hablamos en sentido figurado cuando afirmamos que ‘le entra agua al bote': no nos estamos refiriendo a una avería en la embarcación, sino al hecho de encontrarse alguien atravesando una situación o momento difícil: "Advertimos que el riesgo financiero era grande y que había empezado a entrarle agua al bote".
Criticamos a aquellas personas que, en un momento difícil, no toman una actitud definida; decimos que procede ‘entre dos aguas' pues no adopta una resolución, ya por cautela, ya por reserva: "No justifico su actitud descomprometida, siempre está entre dos aguas". Censurable es también lo que indica ‘escribir en el agua' porque se evidencia la poca firmeza o duración de lo que se resuelve o determina: "Jamás te fíes de ella porque escribe sus resoluciones en el agua".
Si las dificultades o peligros nos aprietan, figuradamente podemos afirmar que ‘estamos con el agua hasta el cuello': "Las enfermedades y los problemas económicos lo acorralan y está con el agua hasta el cuello".
Finalmente, si afirmamos ‘más claro hay que echarle agua' estaremos diciendo que una situación o asunto no necesitan de ninguna explicación pues resultan evidentes por sí mismos: "Ya no me explique nada más pues para que fuera más claro habría que echarle agua".