Iletrados del futuro
El parentesco entre las artes visuales y la escritura está en riesgo por la digitalización de las imágenes que quedan en el limbo del ciberespacio, justo esas imágenes que inspiran a los textos como expresión artística. Al rescate de esta filiación va el autor.
En el siglo IV, en la tradición china, pintura y caligrafía aparecen hermanadas por primera vez; ambas empleaban los mismos instrumentos (pincel, tinta, seda o papel). Esta relación, que invoca a ocho de las nueve Musas, se da porque los caracteres de su escritura (ideogramas), son la evolución y estilización de dibujos de cosas y situaciones concretas para expresar conceptos. Así la pinturas chinas de esos siglos vienen acompañadas por pequeños poemas que exaltan el estado de ánimo del artista o la ocasión representada. El espectador aprecia, a la vez, pintura, poesía y caligrafía.
Guy de Maupassant, en el prólogo de la novela Pedro y Juan, cuenta las lecciones de Flaubert cuando corregía sus primeros escritos, entre otras, desarrollar el arte de la observación y aplicarlo a la escritura: "...cuando pase delante de un tendero sentado frente a la puerta de su negocio, o un portero que fuma su pipa descríbamelos tal como están, en actitud y apariencia física, indicada por medio de la imagen y su naturaleza moral, de manera tal que no pueda confundirlo con ningún otro tendero o portero...".
Mucho antes que Flaubert, Aristóteles en Poética, advierte que los escritores describen individuos en acción y que éstos pueden ser mejores que nosotros, o peores, o iguales: "...como lo hacen los pintores; Polignoto los pintaba mejores, Pausón peores, Dionisio iguales...". Siglos después, en Epístola a los Pisones, Horacio dirá: "La poesía es como la pintura (Ut pictura poesis) y algunas obras gustarán más de lejos, otras de cerca; esta pide ser vista a plena luz, aquella, oscuridad".
En Vida en el Mississippi, Mark Twain, da un ejemplo literario de las reflexiones de Horacio; al describir paisajes fluviales, un experimentado piloto le enseña al aprendiz a tener presente la luz en las distintas horas del día, porque ésta altera la apariencia fluvial y percepción de distancia. Un fotógrafo leerá estos consejos como un instructivo para sus tomas con luz fría del amanecer (hora azul) o cálida del atardecer (hora dorada).
El trabajo del escritor, pintor o fotógrafo, una vez concluido, deberá ser impreso para su divulgación. La edición de libros y la reproducción de imágenes queda a cargo de las artes gráficas, una de las artes menores, que utilizan la imprenta, parentesco que remonta a su etimología. En griego graphein significa tanto pintar como escribir, y graphé, el sustantivo derivado, designa escritura y pintura (volvemos a la tradición china del siglo IV). Filiación definida, en la cultura occidental, antes que Aristóteles y Horacio, por Simónides de Ceos, quien sintetizó: "la pintura es poesía silenciosa y poesía es pintura que habla".
Mis habilidades como dibujante y calígrafo son nulas, a la hora de escribir me amparo en mi experiencia de fotógrafo. La dos demandan estudiar la obra de grandes maestros; y la de sus maestros, poco a poco aprendemos a observar de otra manera la realidad buscando encuadres y composiciones, o puntos de vista, actividades que relacionan imagen y escritura con el sustantivo "escorzo". La siguiente aproximación lleva a la importancia de los detalles, acentuarlos o suprimirlos y tener en cuenta el entorno del encuadre; surgen relatos donde había silencios, o silencios que insinúan historias, Hemingway llamó "teoría del iceberg" a esta forma narrativa.
En la novela Solo de Agust Strindberg (1849-1912), el protagonista, un novelista, pintor y fotógrafo, regresa a su ciudad natal luego de años de ausencia. Además sabemos que es dramaturgo; del encuentro con sus amigos y las conversaciones que se suceden, van aflorando conflictos conyugales y pequeñas miserias personales que se evidencian porque el narrador, en virtud de su oficio, tiene una afinada percepción para captar pasiones y debilidades humanas y así llevarlas al escenario. Además, vive obsesionado por sus dos actividades que le demandan soledad: leer y escribir; una lo colma hasta sentir una morbosa sensación satisfactoria, que sólo se calma cuando logra canalizar la saciedad en un texto: "Si me paso todo el día escribiendo, al atardecer siento un vacío de perplejidad; me quedo con la impresión de que no tengo nada que decir y estoy agotado. Y cuando estoy todo el día leyendo, me siento tan lleno como si fuera a estallar".
En su estudio, se refugia en sus dos actividades y una tercera, que lo ayuda en su labor creativa: observar a sus vecinos con prismáticos y tratar de escuchar o imaginar las conversaciones: mantendrá esta ocupación en caminatas diurnas y nocturnas. Un mediodía en la playa, observa con binoculares una canoa que atraca en una solitaria playa distante; una niña desciende con un hacha para cortar un pequeño pino y tiene un encuentro con una vaca, con la cual entabla un diálogo lleno de gesticulaciones. Para el protagonista de Solo las actividades de observador, fotógrafo y escritor, son formas complementarias de narrar, no existen de manera autónoma.
Con respecto a la "naturaleza moral" aludida por Flaubert a Maupassant, recuerdo la imagen de un fotógrafo estadounidense conocido por su nom de caméra como Wee Gee, antes de devenir retratista de estrellas en Hollywood, se inició como fotógrafo de policiales en Nueva York a finales de los '30; se especializó en tomas macabras de asesinados (en una oportunidad declaró: "los muertos son ideales para ser retratados porque no se mueven ni se ponen nerviosos frente a la cámara"). Una de las fotos más emblemática enfoca los restos de un hombre descuartizado por la mafia y arrojados en una vereda. La toma muestra un cadáver decapitado y desmembrado, un grupo de vecinos, separado por un cordón policial, observa la escena; la foto se centra en el rostro de los espectadores, el relato de lo macabro está en sus miradas y gestos, no en el muerto despedazado.
En 1935, László Moholy-Nagy (1895-1946), fotógrafo y pintor húngaro, profesor de arte en la Bauhaus, enunció un dictum que sintetiza lo actuado y reflexionado desde los pintores chinos del siglo IV y Simónides de Ceos hasta su presente en la Bauhaus (que es nuestro presente): "los iletrados del futuro ignorarán tanto el uso de la pluma como el de la cámara".
En la actualidad, las cámaras incorporadas a teléfonos celulares, y la posibilidad de distribuir fotos de inmediato en redes sociales, pone en riesgo el valor de la imagen impresa; en el caso de la fotografía, omite el proceso de revelado y su paso al papel (graphein). Hay una generación de jóvenes que tienen una convivencia fluida con la imagen (no diría lo mismo con la palabra, por los horrores de escritura y solecismos de lenguaje perpetrados en muchos posteos), pero virtual e independiente del papel.
Gran parte de esas fotos virtuales se han de perder en el ciberespacio "como lágrimas en la lluvia" (palabras finales del replicante Roy Batty en la película Blade Runner); y harán realidad la profecía de Lázló Moholy-Nagy: iletrados del futuro, ignorantes en el uso de la pluma y de la cámara.