Por qué somos "unos menducos tilingos" y el desafío de remediarlo

El historiador Pablo Lacoste advierte que hay que construir un nuevo gusto ambiental, que supere el europeo placer de las alfombras verdes con pileta y recupere la experiencia huarpe de cuidado del agua y del entorno árido.

De tilingos. Así calificó el historiador Pablo Lacoste a los mendocinos. Y dio sus razones, en medio de una charla sobre la sequía extrema que vive Mendoza y las reacciones que esto ha generado. El académico no cree que la respuesta local al problema sea profundo, sino más bien superficial, para hacerse ver socialmente. Propone -con una provocación que representa una bofetada que despabila- cambiar nuestros gustos para volver a convivir con el ambiente y el entorno desértico, como lo hicieron los huarpes, pero ahora.

 

Con su último libro en la mano (y en las librerías) con sus estudios sobre "La historia de la vid y el vino en el Cono Sur de América. Argentina y Chile. Aspectos políticos, culturales, sociales y enológicos", llega con decenas de libros de investigación histórica en su haber, como:

- La imagen del otro en las relaciones de la Argentina y Chile: (1534-2000).

- El socialismo en Mendoza y en la Argentina.

- Patrimonio y desarrollo territorial: Productos típicos alimentarios y artesanales de la Región de O'Higgins. Identidad, historia y potencial de desarrollo.

- El sistema Pehuenche: frontera, sociedad y caminos en los Andes Centrales argentino-chilenos (1658-1997).

- Hegemonía y poder en el oeste argentino.

- Vinos de capa y espada: 300 años de viticultura, sociedad y economía en Mendoza y San Juan (1561-1861).

- La Unión Cívica Radical en Mendoza y en la Argentina, 1890-1946: aportes para el estudio de la inestabilidad política en la Argentina.

- La mujer y el vino: emociones, vida privada, emancipación económica (entre el reino de Chile y el virreinato del Rio de La Plata, 1561-1810).

- Los "gansos" de Mendoza: aporte para el estudio de los partidos provincianos y del modelo conservador, Argentina (1880-1943).

- El vino del inmigrante: los inmigrantes europeos y la industria vitivinícola argentina : su incidencia en la incorporación, difusión y estandarización del uso de topónimos europeos (1852-1980).

- Populismo en San Juan y Mendoza (Coautor con Diego Videla).

- El Ferrocarril Trasandino, 1872-1984: un siglo de ideas, política y transporte en el sur de América.

- Aguardiente cuyano: origen, apogeo y decadencia del mayor destilado del Cono Sur de América.

- Santiago Felipe Llaver: introducción a medio siglo de historia de Mendoza.

Lacoste es reconocido por su labor a nivel internacional. Es doctor por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Estudios Americanos por la Universidad Nacional de Chile. Dirige la Revista Iberoamericana de Viticultura, Agroindustria y Ruralidad (RIVAR) y como titular del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Además, forma parte del Comité de Ciencias Sociales del Consejo Nacional de Acreditación y de la Comisión Constructora de ítem PSU Historia y Ciencias Sociales.

Sí, tilingos

- ¿Por qué cree que los mendocinos somos tilingos?

- Somos tilingos conceptualmente. El tilingo es el que pretende ser lo que no es y los mendocinos pretendemos ser lo que no somos. Nosotros tenemos el gusto modelado como si viviéramos en el norte de Francia: nos encantan las alfombras de pasto verde. Para nosotros, el Paraíso es tener un jardín grande y verde, con una pileta, algo que es propio de los climas húmedos del norte de Europa, pero que no tiene nada que ver con el clima árido de Mendoza. Eso hace que nuestro consumo de agua sea gigantesco. ¡Es ridículo! Todos gastamos un montón de agua con el pastito, lavando el auto y todo ese asunto. Entonces, vivimos mal porque somos tilingos.

- ¿Cuál es la idea entonces?

- La idea es dejar de ser tilingos. Dejar de pretender ser franceses y aceptar que somos menducos, que vivimos en una zona árida y comenzar a vivir en armonía con nuestra realidad, que es una zona árida. Esto quiere decir que tenemos que cambiar nuestra sensibilidad: dejar de estar excesivamente subordinados a esas alfombras de pasto y la cancha de golf. El más tilingo, es el tipo que está en el mundo de la cancha de golf. ¿Por qué? Porque gastar la monumental cantidad de agua que hace falta para mantener ese espacio en Mendoza es, obviamente, pretender ser lo que uno no es. Eso es ser tilingo.

Jardinería acorde

Agregó Lacoste:

- Se nos va a hacer insoportable vivir en Mendoza, una zona árida, con un paisaje árido y con jardines áridos, salvo que comencemos a encantarnos con la vegetación, la parquización y jardinería de zonas áridas.

-¿Está diciendo entonces que fue un tilingo Emilio Civit al imaginar el Parque San Martín, por ejemplo?

- Yo lo admiré mucho a Emilio Civit. Él hizo lo que en su momento parecía que era lo mejor que había que hacer. Ahora ya tenemos "el diario del lunes" y vemos que es insostenible poner parques de estilo europeo, estilo Versailles, en una zona árida. Yo lo sigo respetando, pero él no podía pensar fuera de la caja, fue un hombre de su época y hay que comprenderlo.

El valor del cañaveral y el cambio de gustos

- ¿Cuál es nuestro desafío? 

- Transmitirles a nuestros hijos la pasión por los paisajes de las zonas áridas. Recuperar el vínculo con la caña. Esos cañaverales que nosotros vemos y nos parecen lugares sucios, feos y abandonados, están por la sabiduría de los pueblos ancestrales que plantaban esas cañas al lado de los sistemas de riego, diseñados por los incas y los huarpes, que armaron esa Mendoza originaria. Hay que volver a revalorizar las cañas que tenemos en las quinchas, en los techos que son tan bonitos, es una herencia de la sabiduría de los pueblos ancestrales.

- ¿Usted no está proponiendo a vivir como lo hacían los pueblos originarios sino, de alguna manera, utilizar los materiales que están a mano en este desierto para reinterpretarlos, reutilizarlos, darle una nueva estética a las cosas?

- Tenemos que aprender. Es como ir de nuevo a la escuela, a una nueva escuela que nos enseña a vivir en una zona árida. No podemos despilfarrar el agua. Ya no da más. Si no lo cambiamos Mendoza va a reventar. ¿Cómo hacemos una Mendoza sustentable? Bajando el consumo de agua y para eso tenemos que vincularnos de otra manera con los jardines y los parques, a la vez que aprender de la sabiduría de los pueblos originarios que en muchos aspectos eran muy sabios, pero que hemos despreciado durante mucho tiempo porque, para nosotros, lo único que servía era lo europeo. Pero resulta que lo europeo es inteligente aplicado a su suelo y a su clima. Nosotros tenemos que ser inteligentes adaptándonos a esta zona árida. 

- Con su planteo también estaría en crisis la agricultura. En muchos casos todavía se riega por manto.

- Claro. Allí hay que dar un salto urgente y hacer un aprovechamiento del agua muy inteligente, gota a gota, porque si no reventamos. Eso implica que vamos a tener que sacrificar confort, que en vez de cambiar el auto o pasear por Europa o Estados Unidos, hay que poner el riego por goteo. Hay que hacer un cambio de mentalidad y adaptarnos inteligentemente a las zonas áridas, a esta emergencia ambiental que está avanzando. 

- ¿De qué forma podríamos volver a los tiempos en que se vivía con armonía con el entorno natural y aprovechar esto de lo que hablaba, las cañas por ejemplo, que representan además un recurso?

- El primer punto es pensar por nosotros mismos. Renunciar a hacer como que somos franceses metidos acá. Eso no. Eso es ridículo y es de tilingo. Somos menducos viviendo una zona árida que está luchando para sobrevivir en este contexto de crisis ambiental. Hay que actuar con inteligencia, aprovechar mejor el agua, aprender del mensaje que nos dejaron los pueblos originarios. Ahora necesitamos de ellos que eran inteligentes, que inventaron la cultura del agua, del riego, la cultura agrícola. Hay que ver cuáles son los cultivos que se adapten mejor a aquí, poner nuevamente en valor la quinoa, ver si hay que pensar en los jardines más bien con lavanda, jazmines u otro tipo de plantas de zonas áridas... Hay que buscar la forma. Pero este es el nuevo desafío que tiene Mendoza.

- Pasa por una actitud individual, más allá de las emergencias que puedan declarar los municipios o gobiernos provinciales e inclusive, de lo que la gente pueda decir en Twitter o en las redes. Hay que hacer cosas.

- Claro. El Gobierno puede tomar decisiones, poner leyes y decretos, pero no mucho más que eso. Y si el Gobierno prohibe los jardines y zonas verdes lo vamos a pasar muy mal, salvo que nos reencantemos con los jardines de zonas áridas, pero eso es un trabajo cultural muy lento. Nosotros tenemos que esforzarnos por cambiar el gusto. El gusto es una construcción colectiva y durante mucho tiempo construimos un gusto subordinado al paradigma francés. Ahora tenemos que reconstruir el gusto, pero adecuado a la zona árida y ese es el desafío activo que tenemos cada uno en las escuelas de arquitectura, en la sommeliería, los chefs... Las empresas que marcan un estilo. Cuando se presentan con esa alfombra verde alrededor para proyectar una imagen corporativa, hay que cambiarlo. Como los barrios privados, en muchos de los cuales imponen la alfombra verde de pasto y eso hay que irlo cambiando. Pero tenemos que hacerlo por algo bonito, algo que nos guste.

- No tendría que ser angustioso sino proactivo, colaborativo...

- El futuro de Mendoza se va a librar en esta batalla cultural del gusto. Tenemos que hacer una Mendoza que nos guste y que esté adaptado a nuestra condición de zona árida. Es posible construir belleza con esos cánones, pero no estamos acostumbrados. Por eso tenemos que repensarnos y reciclarnos completamente, dándonos cuenta de que las personas inteligentes, las cool, son las que se adaptan a sus condiciones ambientales. El que no se adapte, el que quiera seguir viviendo como si estuviera en el norte de Francia, es un tilingo: pretender ser lo que no es. Decir que los menducos somos tilingos en una provincia tilinga, yo sé que es provocador. No quiero ofender a nadie. Pero es el recurso que tenemos para llamar la atención, para tratar de crear una crisis, repensar, abrir las cabezas y que todos busquemos un nuevo modelo estético.

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