El refugio de David Mícoli: Donde la Ruta 7 se vuelve hogar y mística

Este "oasis integral" busca jerarquizar el corredor internacional ofreciendo confort, servicios especializados y una atmósfera de hospitalidad para transformar el cansancio del camino en un ritual de descanso reparador.

Marcela Muñoz Pan.

Hay inauguraciones que llenan espacios vacíos en un mapa, y hay otras, como la de Punto de Encuentro, que vienen a sanar una vieja nostalgia del camino. Lo que David Mícoli acaba de encender en San Martín no es solo un hotel o un parador; es, en esencia, un acto de amor a la cultura del movimiento.

Ubicado estratégicamente sobre la lateral norte de la Ruta 7, ese cordón umbilical que nos une con el mundo, entre Robert y Quiroga, este espacio llega para jerarquizar el corredor internacional con una propuesta que Mendoza, tierra de vides y vanguardia, le debía a los jinetes del asfalto.

De la tierra al diseño: Un ADN de esfuerzo

La historia de David no se explica sin su origen. Viene de la cultura del surco, de una familia humilde donde su padre fue finquero de sol a sol. Él, sin embargo, intuyó temprano que su destino estaba en el diseño, aunque el camino fuera cuesta arriba. Se fue a San Juan a estudiar arquitectura, costeándose la carrera con el sudor de quien no le teme a nada: fue cosechador, seguridad privada los fines de semana y trabajador rural en los veranos para que no faltaran los apuntes. Esos años de poco sueño y muchos sueños forjaron al hombre que hoy, como Maestro Mayor de Obra y cabeza de su propia constructora (ArqSol, un nombre que es abrazo a su formación y a su hija Sol), sabe que las cosas que valen la pena no conocen atajos. David es de los que creen que el éxito solo se encuentra trabajando; una filosofía que hoy se respira en cada ladrillo de su parador.

Una parada que se vuelve ritual

Lo que impacta al cruzar el umbral es la obsesión por el detalle. David, fanático confeso de las dos ruedas, no construyó un edificio: diseñó una atmósfera. Entrar es sumergirse en un mundo donde el metal brilla como escultura; donde motos de colección y autos de lujo conviven con el aroma profundo del café recién molido y esa pátina inconfundible del cuero de las chaquetas.

Pero el verdadero lujo aquí no es el mármol, sino la empatía. Mícoli entendió que el viajero que cruza la cordillera o recorre el este mendocino no solo busca "combustible" para su máquina; busca sacudirse el cansancio del viento. Por eso, el parador se despliega como un oasis integral:

  • Boxes de descanso: Habitaciones pensadas para el pernocte reparador, lejos del ruido y cerca del confort.
  • Duchas y lavandería: Porque la ruta se lleva en el alma, pero no tiene por qué quedarse en la ropa.
  • Shop Motero: Una curaduría de cascos y accesorios que harían suspirar a cualquier coleccionista.

Identidad en el Este: El destino es el viaje

Es "Requete Lindo" (como nos gusta decir por aquí cuando algo nos toca el corazón) ver cómo San Martín se posiciona con inversiones que tienen identidad propia. Este no es un punto de paso anónimo; es el lugar donde se estrechan manos marcadas por la ruta y se comparten anécdotas de kilómetros recorridos.

La seguridad de una playa techada para que la moto descanse junto a su dueño permite dormir sin sobresaltos. Mícoli ha logrado lo que pocos: transformar una coordenada en el GPS en un destino en sí mismo. Punto de Encuentro es ese abrazo necesario después de la soledad del manubrio.

Mendoza suma un nuevo hito a su mapa turístico y logístico. Lo hace con estilo, con motor y, sobre todo, con el corazón puesto en cada rincón. Si pasás por la 7, bajá un cambio, sacate el casco y dejate abrazar por la hospitalidad de un lugar que, aunque no lo supieras, te estaba esperando.


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