Joaquín Lavado, Quino: "Siempre tengo miedo de que no se me ocurra más nada"

Una entrevista sin vencimiento, como un recreo para la "infoxicación" de estos días. Joaquín Lavado, Quino, con Joaquín Soler Serrano en 1977.

Quino, Joaquín Salvador Lavado, entrevistado como tantos grandes hombres y mujeres de la cultura, por Joaquín Soler Serrano en su célebre programa "A fondo", en 1977.

Hijo de inmigrantes españoles, andaluces, nació en la ciudad de Mendoza en 1932. Desde que nació se lo llamó Quino para distinguirlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y dibujante publicitario con quien a los 3 años descubre su vocación. 

En 1976 en Argentina se produce el golpe militar y toma el mando el General Jorge Rafael Videla. Quino y su mujer se trasladan a Milán. 

En 1977, a petición de la UNICEF, ilustra con "Mafalda" y los personajes de su tira la Edición Internacional de la campaña de la Declaración de los Derechos del Niño. 

Una entrevista sin vencimiento, como un recreo para la "infoxicación" de estos días.

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"A Mafalda la creé por encargo de una agencia de publicidad. Si fuera por mí, no la hubiera creado". Esta y otras afirmaciones que dan cuenta de una relación tensa entre Joaquín Lavado, Quino, y su creación más célebre y perdurable, Mafalda, están expuestas crudamente en un video que hoy puede considerarse como intimista y que fue la entrevista que el gran programa "A fondo" de la Televisión Española con Joaquín Soler Serrano como conductor, le realizó en 1977 y que se puede ver completo abajo.

"El vino no es solo una bebida, es una actitud filosófica", planteó el genial dibujante sobre el final del programa, pero antes, dejó una serie de afirmaciones potentes.

Entre ellas, se definió como "depresivo y pesimista", puso en un altar a Alicia Colombo, su esposa. Y lanzó algo que seguramente sonó con fuerza en aquellos años sobre su ser: "Me hubiera gustado ser yo mismo mujer y amarme a mí mismo". Tembloroso y tímido, como se lo ve, lanzó como frase de cierre que aquello sería "una cosa horrorosa", pero deseada. Finalmente cerró: "Pero encontré a Alicia, que me completa". Asimismo, con humor, contó que hay cosas que no podía manejar por sí solo, como "administrar las cosas de la vida" y que eso lo hacía Alicia. "¿Qué es lo que no le gusta?", inquirió Soler Serrano. Suelto y sincero, respondió: "Ir al dentista. No puedo mandar a otro. No puedo pedirle a Alicia que vaya por mí. ¡Tengo que ir solito!".

Sobre su trabajo, que hoy puede ser visto como el de un artista, pero centralmente, como un industrial creativo de exportación, dijo, sin embargo: "Soy un artesano. Podría haber contratado un equipo que siguiera con mis dibujos, pero me gusta hacerlo yo".

Sostuvo que su "gran frustración es no haber sido pintor".

"Pensé que lo que importaba era la idea, no el dibujo y por eso no me preocupé por dibujar bien. No creo que dibuje bien. Intenté aprender a pintar con un maestro catalán y uno vasco y no pude". Y agregó: "Yo no me siento un creador, como si es el dibujante francoargentino Copi, que trasladó algo teatral al humorismo".

No trató bien a Mafalda, personaje que lo cansó por el peligro de "repetirse con el paso del tiempo". "Me gustan más otros personajes", puso sobre la mesa.

Se mostró (además de haberlo expresado como sentimiento) pesimista: "El futuro se muestra nublado. En Francia se ha ido hacia el feísmo, dibujar feo a propósito".

Sobre no tener hijos, Quino expresó que "no soportaría que Alicia quiera a otro ser humano que no sea yo. Estuvimos de acuerdo en no traer más locos a este manicomio".

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