No gana para sustos

Una recorrida por las palabras que nombran el miedo y sus matices -del susto al pánico, del sobresalto al espanto-, con ejemplos cotidianos, expresiones populares y curiosidades etimológicas que revelan cómo el idioma también retrata nuestras emociones.

Todos hemos tenido alguna vez la sensación de susto; por ello, entendemos la "impresión repentina causada por miedo, espanto o pavor": "Nos llevamos un buen susto al entrar a ese lugar oscuro". El vocablo tiene varios sinónimos, con pequeñas diferencias significativas: uno de ellos es el ‘sobresalto' que comparte con ‘susto' el carácter de repentino, pues es la sensación que proviene de un acontecimiento imprevisto, de una sorpresa: "Nos produjo gran sobresalto el brusco crujido de la escalera de madera". De allí que, tanto ‘susto' como ‘sobresalto' pueden identificarse con ‘alarma', en la acepción que nos dice "inquietud causada por algún riesgo o mal que amenaza repentinamente: "Se produjo alarma entre los vecinos por varios sorpresivos temblores seguidos".

En nuestro país, en Chile y Uruguay, existen dos vocablos coloquiales que connotan susto: uno es ‘julepe' cuando equivale a "miedo": "¡Menudo julepe el tuyo cuando encontraste abierta la puerta de entrada a tu vivienda!"; también, el sustantivo ‘jabón' nos remonta, en forma coloquial y en los países señalados, a la noción de "impresión repentina": "¡Me llevé un jabón al no ver a mi nieto entre los alumnos que salían!".

En Bolivia, para el mismo concepto, aparece el vocablo ‘quisa'; también la Academia menciona ‘trabucazo' que, en forma coloquial, es la "pesadumbre o susto que, por inesperado, sobrecoge y aturde". Pero, además de miedo, el sustantivo ‘susto' puede indicar una "preocupación por alguna adversidad o daño que se teme": "Los agricultores tienen gran susto por los pronósticos meteorológicos adversos".

Hay locuciones formadas con este vocablo: ‘dar un susto al miedo' es usada, coloquialmente, para encarecer lo feo o repugnante: "Era tan desagradable su aspecto que daba susto al miedo". La locución que da hoy título a la columna es ‘no ganar (alguien) para sustos' que significa "sufrir continuos sobresaltos": "Entre las enfermedades y el asalto violento que tuvo recientemente, no ha ganado Elsa para sustos".

A partir de ‘susto' se nos da el verbo ‘asustar', que puede también aparecer como pronominal, ‘asustarse', con dos acepciones: la primera, vinculada al sustantivo que lo origina, es "dar o provocar susto"; toma el valor de "acobardar, amilanar": "Lo han asustado los anuncios gubernamentales". La segunda acepción es "producir desagrado o escándalo": "¡Cómo lo asustan las amenazas que le llegan por correo!". El participio de este verbo, ‘asustado', con valor adjetivo, señala al que se presenta despavorido, temeroso o acobardado: "Huyó del lugar como un perrito asustado".

Asimismo, el adjetivo ‘asustadizo' señala al que se muestra miedoso, espantadizo y temeroso pues su conducta indica que se asusta con facilidad: "Con sus gritos, había logrado que el niño resultara asustadizo e inseguro". 

El grupo de sustantivos que señalan sensaciones de miedo semejantes a la que denota ‘susto' abarca términos que no son estrictamente sinónimos ya que cada uno encierra algún rasgo diferenciador: así, encontramos ‘temor', cuya principal característica consiste en ser una pasión del ánimo, que lleva a rehusar aquello que se considera dañoso o peligroso: "Albergaba el temor a asumir nuevas responsabilidades que se advertían complicadas". El temor puede ser solo una sospecha o el recelo por algo futuro. Se acerca, entonces, a ‘inquietud', ‘desasosiego'.

Por otro lado, se presentan con una gran carga negativa los sustantivos ‘terror', ‘horror', ‘pánico', ‘pavor', ‘espanto': efectivamente, en todos ellos el rasgo semántico más importante es el de la intensidad del miedo. Destacamos el sustantivo ‘pánico', porque por su etimología nos acerca al dios Pan, divinidad a la que se temía pues se le atribuían ruidos de causa ignota, en cuevas y lugares solitarios; por ello, su valor significativo pone el acento en que el miedo es extremado, muy intenso, a menudo colectivo y contagioso: "Tras las últimas noticias, reina el pánico en la población". En el caso de ‘horror', se enfatiza el hecho de ser provocado el sentimiento de miedo por algo terrible y espantoso: "El horror de lo sucedido quedará grabado por mucho tiempo en los miembros de la familia". En la definición de ‘pavor', se advierte la importancia del sobresalto, mientras que en la de ‘espanto' se notan la consternación y el asombro: "Cada vez que escucha la sirena de los bomberos, su mente evoca con pavor las horas del incendio".

"Presa del espanto, solamente atinó a correr y a huir del lugar". Hay quienes piensan que los adjetivos ‘temerario' y ‘temeroso' indican lo mismo, pero no es así: si una persona es temeraria, significa que es excesivamente imprudente al arrostrar peligros; alguien temerario aparece como irreflexivo, osado, arriesgado: "Sin pensar en los riesgos, se lanzó, temerario, a esa empresa".

Si este adjetivo se relaciona con una cosa, es porque está dicha o pensada sin fundamento, razón o motivo: "Se trató de un juicio temerario". Le corresponde el sustantivo ‘temeridad', definido como "imprudencia, irreflexión, insensatez". En cambio, ‘temeroso' es totalmente lo contrario pues se le atribuye al medroso, al irresoluto y asustadizo: "No se decide nunca porque es muy temeroso de los resultados adversos".

¿Y un timorato? Este adjetivo se le aplica al tímido, al indeciso, al que se muestra cohibido: "Ella es emprendedora, pero choca con el carácter timorato de su socio".

En sentido parecido obran los adjetivos ‘medroso' y ‘pusilánime': del primero podemos decir que es "el que de cualquier cosa tiene miedo"; despectivamente, se puede equiparar a ‘miedica', que se usa coloquial y despectivamente. El segundo se le atribuye al que le falta el ánimo y el valor para tomar decisiones o para afrontar situaciones comprometidas; etimológicamente, proviene del latín "pusillanimus" y de la expresión "pusillus animus", que se traducía como "espíritu pequeño" y, luego, como "de carácter apocado", "altamente cobarde".

Nos quedaremos pensando en el valor de dos paremias que tienen al miedo como tema: "Mal compañero es el miedo, que hace del mosquito un caballero". Según este refrán, tanto por el miedo como por el temor, los peligros parecen abultarse: se exagera la dimensión de aquello que se teme, en lugar de considerarlo en su justa dimensión. El segundo refrán dice "El miedo no anda en burro", lo que significa que el temeroso, ante el peligro, obra con rapidez, nunca con lentitud.