Tres poetas para entender que el tiempo no es solo un calendario
La literatura está atenta a eses bypass entre un año y otro hoy celebramos la luna llena del lobo con tres grandes poetas que han escrito por ese umbral.
Ha comenzado el año y al final recibimos mandatos de renovación, consciente o inconscientemente, cargamos nuestra mochila de deseos y promesas que pretendemos cumplir. Sin embargo, después del estruendo de los brindis, los dos o tres primeros días son como un breve espacio de vulnerabilidad, porque el pasado no termina de irse, de resolverse o devolverse, y el futuro es incierto.
La literatura igual está atenta a eses bypass entre un año y otro hoy celebramos la luna llena del lobo con tres grandes poetas que han escrito por ese umbral. En esta selección, exploramos tres voces que despojan al Año Nuevo de su maquillaje festivo para devolverle su esencia humana: Kim Addonizio y el placer de la rendición presente. Julio Cortázar y la nostalgia de una mano que se inventa en la ausencia. Pablo Neruda, quien nos invita a devorar el tiempo nuevo como si fuera un pan recién horneado. Tres poetas que, en lugar de darnos resoluciones, nos ofrecen una brújula para transitar el asombro y los atajos.
No tomar una resolución también puede ser un propósito. La poeta norteamericana Kim Addonizio describe en este ‘Día de Año Nuevo' un paseo bajo la lluvia un primero de enero en el que decide que lo más necesita es vivir el instante, aquí y ahora:
Esta mañana la lluvia cae
sobre la última nieve
y la limpiará. Huelo otra vez
la hierba y las hojas caídas
que se mezclan con el barro.
Los pocos amores que pude
conservar duermen aún
en la Costa Oeste. Aquí en Virginia
camino por los campos con la única
compañía de unas pocas vacas jóvenes.
De hueso ancho y tímidas,
son como las chicas que recuerdo
de Secundaria, las que nunca
hablaban, las que tenían la cabeza
agachada y los brazos cruzados sobre
sus pechos nuevos. Esas chicas
tienen ya casi cuarenta años. Como yo,
seguro que a veces se detienen
de noche ante una ventana, a mirar
el patio silencioso, una
silla oxidada y los muros
de las casas de otra gente.
Habrá tardes en que se acuesten
y lloren amargamente por quien
las hiciera más felices,
y se pregunten cómo sus vidas
las han llevado
tan lejos sin jamás
explicar nada. No sé
por qué estoy aquí fuera
con mi abrigo cada vez más oscuro
y mis botas que se hunden y se levantan
con un leve ruido de ventosa
que me gusta escuchar. Me da igual
dónde estén ahora esas chicas.
Sea lo que sea lo que hayan logrado,
que se lo queden. Hoy no quiero
solucionar nada.
Sólo quiero caminar
un rato más bajo la fría
bendición de la lluvia,
y alzar mi rostro hacia ella.
Julio Cortázar
Julio Cortázar tiene un hermoso y sencillo propósito para la última noche de diciembre que expresa en un poema titulado ‘Happy New Year"
Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Pablo Neruda
En su ‘Oda al primer día del año' Pablo Neruda recibe el uno de enero, «un pobre día humano», como una «pequeña puerta de la esperanza», un tronco del que «las hojas salen verdes»:
Lo distinguimos como si fuera un caballito
diferente de todos los caballos.
Adornamos su frente con una cinta, le ponemos
al cuello cascabeles colorados, y a medianoche vamos a recibirlo
como si fuera explorador que baja de una estrella.
Como el pan se parece al pan de ayer,como un anillo a todos los anillos:
los días parpadean claros, tintineante, fugitivos, y se recuestan en la noche oscura.
Veo el último día de este año en un ferrocarril, hacia las lluvias del distante archipiélago morado, y el hombre de la máquina, complicada como un reloj del cielo, agachando los ojos a la infinita pauta de los rieles, a las brillantes manivelas, a los veloces vínculos del fuego.
Oh conductor de trenes desbocados hacia estaciones negras de la noche.
este final del año
sin mujer y sin hijos, no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías y las maestranzas el primer día, la primera aurora
de un año que comienza el primer día, la primera aurora
de un año que comienza, tiene el mismo oxidado
color de tren de hierro: y saludan los seres del camino,
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba,
sin saber que se trata de la puerta del año,
de un día sacudido por campanas,
adornado con plumas y claveles,
La tierra no lo sabe:
recibirá este día dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas, lo mojará con flechas de transparente lluvia,
y luego lo enrollará en su tubo, lo guardará en la sombra.
Así es, pero pequeña puerta de la esperanza,
nuevo día del año, aunque seas igual como los panes
a todo pan, te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer, a esperar.
Te pondremos como una torta en nuestra vida, te encenderemos
como candelabro, te beberemos como si fueras un topacio.
Día del año nuevo, día eléctrico, fresco, todas las hojas salen verdes
del tronco de tu tiempo.
Corónanos con agua, con jazmines abiertos, con todos los aromas
desplegados, sí, aunque sólo seas un día,
un pobre día humano,
tu aureola palpita
sobre tantos cansados corazones,
y eres, oh día nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto, torre
permanente!