Crisis: Después de Norton y Bianchi, otra emblemática bodega en problemas
Crisis en la vitivinicultura: Casa Montes entra en default y profundiza la emergencia del sector
La industria vitivinícola argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente, y el caso de la bodega sanjuanina Casa Montes se ha convertido en un ejemplo paradigmático de las tensiones que enfrenta el sector.
Según informó Más Producción del diario La Mañana de Neuquén, la firma emblemática del Valle de Tulum ingresó en un proceso de default tras registrar cheques rechazados por un total de $467 millones de pesos, encendiendo las alarmas sobre la salud financiera de la cadena productiva del vino en el país.
Un golpe para el vino argentino
Casa Montes, una de las bodegas más importantes de San Juan y responsable de reconocidas etiquetas como Ampakama, Fuego Negro, Alzamora y Baltazar, figuró por primera vez en su historia en el registro de deudores del Banco Central de la República Argentina, tras aparecer con 282 cheques rechazados, según datos oficiales citados por Más Producción. La empresa sostiene que aproximadamente el 80% de esos compromisos ya fueron cancelados, pero aún no se ven reflejados en los registros formales, manteniendo el antecedente negativo que complica su operatoria financiera.
Fuentes consultadas por Agro Cordobés confirman que estos instrumentos fueron emitidos entre noviembre y enero, acumulando una cifra cercana a los $470 millones por cheques rechazados, una cifra significativa para una empresa de su tamaño.
Crisis vitivinícola o crisis de empresas vitivinícolas
La bodega, con una capacidad de almacenamiento superior a 3 millones de litros, una moderna línea de fraccionamiento y más de 150 hectáreas de viñedos propios, produce tanto con uva propia como de terceros y abastece distintos segmentos del mercado.
Origen del conflicto y efectos en su operatoria
Desde la empresa explicaron a los medios que el problema que desencadenó la crisis fue administrativo: una demora en la adhesión a un plan de pagos ante ARCA derivó en un embargo que inmovilizó las cuentas bancarias de la firma en todas las entidades con las que opera. Esto produjo una cadena de cheques rechazados que, aunque luego repuestos, continuaron visibles en los registros oficiales durante semanas.
La situación afectó además las relaciones crediticias de la empresa, ya que varios bancos optaron por no renovar acuerdos de descubierto, limitando el acceso a financiamiento de corto plazo y generando tensiones de caja adicionales.
Contexto sectorial: una crisis que no es aislada
El caso de Casa Montes se da en un contexto ya complicado para la vitivinicultura argentina. Según distintas fuentes, la industria enfrenta una "tormenta perfecta" de desequilibrios, con:
Caída del consumo interno de vino, consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo de los hogares locales y cambios en los hábitos de consumo.
Retroceso de las exportaciones, afectadas por el atraso cambiario y la menor competitividad en los mercados internacionales.
Costos de producción en alza, presionados por insumos dolarizados, energía, logística y salarios, sin posibilidad de transferirlos plenamente a los precios de venta.
Además, otras bodegas emblemáticas también enfrentan serias dificultades. En Mendoza, Bodegas Bianchi registra cheques rechazados por montos que superan los $1.000 millones, mientras que Norton se presentó en concurso preventivo de acreedores como herramienta para reorganizar sus pasivos.
Incluso más allá de los grandes nombres, empresas de menor escala como Bodega del Desierto en La Pampa anunciaron la "parada obligada" de su producción, con suspensiones y despidos de personal, como parte de su intento por atravesar la crisis.
Profesionales alertan sobre desequilibrios estructurales
Organizaciones del sector advierten que la crisis no es coyuntural sino estructural. Un informe de la Fundación Mediterránea señala que hay sobreoferta de vino, stocks elevados, caída del consumo interno y pérdida de dinamismo exportador, y que la falta de acceso al financiamiento y la extensión de los plazos de cobro profundizan aún más las fisuras en las cadenas de pago.
Esto obliga a reflexionar sobre el futuro de una industria que, históricamente, ha sido pilar de economías regionales y de identidad cultural en provincias como Mendoza y San Juan, y que ahora enfrenta uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas.