Díaz Telli: "Nos hacen creer que el producto es caro por la fábrica, pero el 50% del costo es Estado"

El presidente de la Unión Industrial de Mendoza respondió en Radio Post a las críticas de Javier Milei al empresariado y sostuvo que la industria no pide privilegios sino reglas equilibradas. Apuntó contra Ingresos Brutos, los costos energéticos, la logística a Chile y la falta de crédito como los principales frenos a la competitividad.

El presidente de la Unión Industrial de Mendoza, Matías Díaz Telli, tomó distancia de la polémica abierta por el presidente Javier Milei contra un sector del empresariado y rechazó que la industria esté acostumbrada a vivir de "prebendas" o protegida "pescar en una pecera".

"El discurso quizás estaba orientado hacia otro público", planteó al analizar la exposición presidencial. Y agregó que, más que una rendición de cuentas, muchas veces el sector productivo espera que se marque un rumbo claro. "A veces uno espera que nos marquen el norte", sostuvo en conversación con el programa "Tenés que saberlo" por Radio Post.

Sobre la controversia que se desató a partir de una licitación privada en la que el Grupo Techint no resultó adjudicatario, Díaz Telli fue categórico: "Eso pasa permanentemente en el sector privado. Uno se presenta a una licitación, uno gana y otros no son adjudicados. Los que no ganan analizan la oferta del competidor, intentan mejorar y esperan la próxima oportunidad".

En ese sentido, consideró que se trató de una situación "netamente entre particulares" y que no corresponde convertirla en una disputa política. "No vale la pena entrar en eso", afirmó, y remarcó que no le parece razonable que el Presidente y sus funcionarios se enfrenten públicamente "con un industrial que ha apostado tanto a la Argentina y que genera valor".

Ver: La UIA también le respondió a Milei citando a un expresidente

Competitividad: ¿ineficiencia empresaria o entorno hostil?

Consultado sobre si la industria argentina está preparada para competir con el exterior, especialmente con China, respondió con una pregunta: "¿La industria no puede competir porque es ineficiente o porque el sistema puertas afuera de la fábrica es ineficiente?".

Explicó que muchas empresas son eficientes en su proceso productivo, pero operan en un contexto que las encarece estructuralmente. "A una fábrica no le ponés rueditas y te la llevás de un municipio al otro, ni de una provincia a otra, ni de un país a otro. El 90% del capital está enterrado ahí", describió.

En ese marco, señaló que decisiones externas pueden alterar por completo la estructura de costos. "Si mañana un intendente te pone una tasa y te encarece la producción 6%, ¿con qué margen piensan que trabaja la industria para tolerar eso?", cuestionó.

Uno de los puntos más desarrollados en la entrevista fue el impacto del impuesto a los Ingresos Brutos, al que calificó como "el impuesto más nefasto que paga la industria y también el consumidor". Según explicó, el problema central es su efecto acumulativo en la cadena de valor.

Utilizó un ejemplo concreto: un detergente que en la góndola cuesta 2.000 pesos puede incluir unos 80 o 90 pesos visibles de Ingresos Brutos. "Pero si desmembrase hacia atrás, en cada escala de la cadena hay un porcentaje que se va acumulando", explicó. El fabricante pagó el impuesto cuando compró el envase; el proveedor del envase lo pagó al adquirir la materia prima; y así sucesivamente. "Todo eso se va sumando", señaló.

Reconoció que en Mendoza existe un compromiso oficial de no subir alícuotas y de reducirlas progresivamente, algo que consideró positivo. Pero advirtió que la provincia no es autosuficiente en insumos: "Muchos proveedores están en Santa Fe o en Buenos Aires, donde hay Ingresos Brutos absurdos o tasas municipales disfrazadas". El resultado es un encarecimiento generalizado.

"Nos hacen creer que los productos son caros por la fábrica, pero en el 50% del costo el Estado es socio", afirmó.

A eso sumó el aumento de la tarifa eléctrica en los últimos 30 meses en Mendoza, que describió como "desproporcionado", y la falta de financiamiento. "Venimos de un cambio muy abrupto de modelo. Si le cambian las reglas de juego al industrial y no hay crédito en la Argentina para adaptarse, es muy difícil transformarse", advirtió. Y recordó: "Los industriales no fabricaron las reglas de juego".

Ver: Milei y la política del barro: confrontar para ganar tiempo 

Logística, Chile y el costo de exportar

Díaz Teli también profundizó sobre el impacto de la logística internacional, particularmente en la salida hacia Chile por el Paso Cristo Redentor. Tomó como ejemplo la industria vitivinícola, central en la matriz productiva mendocina.

"Un camionero chileno sale de la bodega y en tres horas está en el puerto de Valparaíso. Un Malbec mendocino puede tardar 18, 36 o 70 horas en llegar", comparó. La diferencia no radica solo en kilómetros, sino en tiempos de espera, cortes y demoras aduaneras.

"El camión está pagando patente, seguro, cuota del camión por estar parado cinco o seis días. A veces 15 días", explicó. Esos costos financieros, sumados a la carga impositiva acumulada, encarecen el producto final.

Así, cuando el vino mendocino llega a la góndola en México o Estados Unidos, puede encontrarse con un precio superior al chileno pese a tener calidad y valor de origen similares. "El mexicano está comprando Ingresos Brutos de la provincia de Buenos Aires", graficó.

También cuestionó el tratamiento de las exportaciones. "China fomenta, incentiva y subsidia las exportaciones. Argentina castiga", sostuvo, en referencia a retenciones y demoras en la devolución del IVA.

Para el dirigente industrial, el debate no debe centrarse en acusaciones cruzadas, sino en la competitividad estructural. "No es un problema de si la finca está bien administrada o no. Son costos que están fuera de la fábrica", concluyó.

En su mensaje final, dejó un saludo por Vendimia y evitó escalar el tono político. Pero su posición quedó clara: la industria, sostuvo, no reclama privilegios, sino condiciones macroeconómicas y fiscales que no la dejen en desventaja antes de salir a competir.


Editó Carina Pérez

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