Quiénes se benefician y quiénes quedan expuestos con la cotización debajo de $1.400

El tipo de cambio oficial cayó más de 6% en lo que va del año y reavivó el debate sobre competitividad, inflación y el impacto desigual en la economía.

El dólar oficial atraviesa su nivel más bajo desde octubre de 2025. En lo que va de 2026 retrocedió $89 -más de 6%- y cerró el lunes en $1.390. Los tipos de cambio financieros acompañaron la tendencia: el MEP acumuló una baja cercana al 5,8% en el mismo período.

La pregunta es inevitable: ¿un dólar por debajo de $1.400 es una buena noticia para la economía argentina? La respuesta depende de a quién se mire.

Si se toma el tipo de cambio real -es decir, ajustado por inflación- y se lo compara con su promedio histórico a valores actuales, el nivel de referencia ronda los $1.658. En ese marco, el dólar actual luce apreciado, aunque no es el piso de la gestión Milei: en marzo de 2025 llegó a ubicarse en términos reales por debajo del nivel actual.

El mínimo histórico del tipo de cambio real se estima en torno a los $1.250. En esos valores, la demanda de divisas suele reactivarse con fuerza, lo que marca un límite a la apreciación.

El impacto en el bolsillo

Cuando el peso se fortalece frente al dólar, los bienes importados se vuelven relativamente más baratos, mientras que los productos y servicios locales tienden a encarecerse en dólares. Allí aparece una distorsión: sectores no transables como salud privada o telecomunicaciones quedan entre los más caros medidos en moneda estadounidense.

En términos salariales, un dólar más bajo eleva el ingreso medido en dólares, pero eso no necesariamente implica una mejora real. Si la inflación avanza por encima de los sueldos, el poder adquisitivo no se recupera, aunque el salario "luzca" más alto en moneda dura.

Para que este esquema cambiario sea sostenible deberían cumplirse al menos dos condiciones exigentes: un salto de productividad que reduzca costos estructurales -algo difícil en un contexto de bajo acceso al crédito- o una desaceleración más marcada de la inflación.

Hoy el mercado proyecta, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), una inflación mensual superior al 2% en los próximos meses. Si el dólar nominal bajara 1% mensual y los precios subieran 2%, la economía se apreciaría 3% en términos reales. En otras palabras, el país se encarecería en dólares para quien viene del exterior.

Quiénes ganan y quiénes pierden

Los principales beneficiados son quienes consumen bienes y servicios dolarizados: turistas que viajan al exterior, usuarios que pagan servicios atados al dólar y empresas que importan insumos o tecnología. Para ellos, el tipo de cambio más bajo implica un ahorro concreto. Viajar hoy cuesta menos que hace apenas semanas.

En cambio, los exportadores enfrentan un escenario más complejo. Venden su producción a un tipo de cambio menor mientras muchos de sus costos fueron asumidos con un dólar cercano a los $1.500. A menor cotización, menor incentivo para liquidar, especialmente si perciben que el valor actual no compensa su estructura de costos.

Lo que viene

En marzo se pondrán en juego dos fuerzas: una mayor demanda de dólares, estimulada por la baja nominal, y la oferta proveniente del agro y otros sectores exportadores.

La decisión de liquidar dependerá de las expectativas y del nivel de competitividad cambiaria. Difícilmente quienes compraron insumos a un dólar más alto estén dispuestos a vender por debajo de $1.400 si eso implica resignar margen o descapitalizarse.

Con el dólar perforando esa barrera psicológica, la discusión ya no es sólo si está barato o caro, sino cuánto tiempo puede sostenerse en ese nivel sin tensionar el equilibrio económico.



Con información de El Cronista

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