El gobierno apostó a la desinflación, pero no es suficiente

El gobierno apostó fuerte por la desinflación, incluso a costa de la acumulación de reservas internacionales. No es exagerado entonces afirmar que la sostenibilidad de todo el programa económico depende de que la inflación caiga rápido y con fuerza.

Juan Pablo Rotger
Analista macroeconómico en Mariva Research Licenciado en Economía UBA, maestrando en UTDT, lleva cinco años trabajando en consultoría macroeconómica. Especializado en temas monetarios y financieros, con un enfoque multidisciplinario

Desde Mariva, nos preocupaba, que las recientes derrotas del Gobierno en el Congreso arrojaron un manto de duda sobre el programa económico; por eso la victoria del Gobierno al imponer el veto al aumento de las jubilaciones ha sido importante. Para que la inflación siga bajando es fundamental domar las expectativas futuras, incluso si creemos que la política económica actual logrará reducir la inflación; también hay que garantizar su resiliencia frente a cualquier programa de corte populista, por lo que la votación del miércoles pasado fue un paso en la dirección correcta.

El IPC nacional de agosto se sitúa en el 4,2 mensual por encima de las expectativas del mercado que esperaban un 3,9%, por lo que la lectura de septiembre tiene que mostrar signos más convincentes de desinflación sostenida ya que la inflación núcleo estancada en torno al 4% desde hace cuatro meses parece ahora un hueso duro de roer. 

El gobierno apostó fuerte por la desinflación, incluso a costa de la acumulación de reservas internacionales. No es exagerado entonces afirmar que la sostenibilidad de todo el programa económico depende de que la inflación caiga rápido y con fuerza. En este sentido, septiembre se perfila como un punto de inflexión para esta estrategia, más de lo mismo no es suficiente. Dos factores clave deberían contribuir a reducir la inflación en septiembre: en primer lugar, la baja de la tasa impositiva del impuesto país del 17,5 al 7.5% debería tener un impacto puntual en los precios de los bienes transables, de hecho evidencia anecdótica apunta una reducción de precios de varios bienes,particularmente en durables como automóviles y electrodomésticos. Además, la regularización casi total de los pagos a la importación también ayudaría en este sentido al igual que lo haría la simplificación de las importaciones de acero y otros insumos claves para la industria. En segundo lugar, la reducción de la brecha cambiaria debería moderar las expectativas de devaluación de corto plazo, con su correspondiente traspaso a las expectativas de inflación. De hecho la brecha cambiaria ha pasado del 55% a mediados de julio al 41,6% un mes más tarde, a solo el 30,4% esta semana.

Hay que señalar que- por la naturaleza de la medición del IPC- el impacto de estos factores se dejaría sentir solo parcialmente en septiembre, mientras que el resto se vería recién en octubre. Nos preocupa que el gobierno carece de un programa claro de acumulación de reservas internacionales, peor aún obstaculiza activamente esta tarea a través de la continua intervención en los mercados financieros del dólar. Solo en julio, las ventas de divisas a través de estas operaciones alcanzaron 326 millones de dólares, mientras proyectamos que el BCRA perdería más de 2.000 millones de dólares en todo el año. 

En el contexto actual, las reservas netas negativas e importantes pagos de deuda en el horizonte cada centavo cuenta. Si la inflación sigue siendo obstinada la consiguiente apreciación del tipo de cambio real junto con el deterioro de los  términos de intercambio, seguiría presionando sobre el superávit por cuenta corriente . Los márgenes son estrechos y el gobierno podría estar volando demasiado cerca del Sol.

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