Empleo registrado: los flujos laborales muestran una estabilización tras el ajuste de 2024
Un análisis del IERAL de la Fundación Mediterránea advierte que, aunque aún no hay una expansión sostenida del empleo privado formal, los datos de 2025 sugieren que la fase más aguda del ajuste quedó atrás y abren expectativas moderadas hacia 2026.
La evolución del empleo registrado privado en la Argentina suele analizarse a partir de los cambios netos en la cantidad de trabajadores formales. Sin embargo, esa mirada puede ocultar procesos internos relevantes del mercado laboral. Así lo plantea Laura Caullo, responsable de la sección Social-Laboral del IERAL de la Fundación Mediterránea, quien propone observar los flujos de creación y destrucción de empleo como una herramienta clave para comprender la dinámica real del sector.
Según explica Caullo, el enfoque de flujos permite descomponer los cambios netos y analizar el comportamiento de las empresas, a partir de los registros administrativos que surgen de las nóminas declaradas mensualmente ante la Seguridad Social. La unidad de análisis es la empresa, lo que posibilita clasificar a las firmas según su contribución al empleo en cada período, distinguiendo entre empresas creadoras y destructoras de puestos de trabajo.
En este esquema, se consideran creadoras de empleo tanto a las firmas que incrementan su dotación de personal como a aquellas que inician actividades y comienzan a declarar trabajadores. En el extremo opuesto, las empresas destructoras incluyen a las que reducen personal y a las que cierran, dejando de declarar empleo tras haberlo hecho en el período anterior.
Ya no hay creación de empleos en relación de dependencia
Desde esta perspectiva, el primer trimestre de 2024 estuvo marcado por un fuerte ajuste. De acuerdo con el análisis de Caullo, la creación bruta de empleo cayó un 21% interanual, mientras que la destrucción aumentó un 28%, lo que derivó en una pérdida neta cercana a 73 mil puestos de trabajo registrados privados. "Este comportamiento reflejó una fase de corrección intensa, asociada tanto a una menor incorporación de trabajadores como a un aumento en la reducción de dotaciones", señala la economista.
El panorama cambia en el primer trimestre de 2025. Según el informe del IERAL, la creación bruta de empleo muestra una recuperación interanual del 6%, mientras que la destrucción se reduce de manera significativa (-17%). El resultado es un saldo prácticamente neutro en términos de empleo agregado. Para Caullo, si bien aún no se observa una expansión sostenida del empleo registrado privado, "la comparación interanual sugiere que la fase más aguda del ajuste quedó atrás".
La desagregación de los flujos aporta un dato adicional relevante: tanto la creación como la destrucción de empleo en 2025 se explican mayormente por empresas en actividad, mientras que las aperturas y cierres de firmas tienen un peso menor. Esto indica que los movimientos responden principalmente a ajustes en el tamaño del empleo dentro de empresas existentes, más que a cambios abruptos en la cantidad de firmas activas.
Este diagnóstico cobra especial relevancia en el contexto de la reforma laboral recientemente impulsada. Según Caullo, su impacto no debería evaluarse solo por la creación neta inmediata de empleo, sino por su capacidad para modificar la dinámica de los flujos laborales. En un escenario de mayor previsibilidad macroeconómica, las reformas que reducen la incertidumbre y los costos asociados a la contratación y desvinculación podrían contribuir gradualmente a aumentar la creación bruta y moderar los episodios de destrucción de empleo.
Los flujos de empleo registrado muestran un cambio de dinámica entre 2024 y 2025. En el 1° trimestre de 2025, la creación bruta de puestos crece 6% interanual y la destrucción cae 17%. El saldo es casi neutro, pero los flujos sugieren una etapa de mayor estabilización. pic.twitter.com/vr36kdyvSJ
— Fundación Mediterránea (@FMediterranea) December 17, 2025
En conjunto, la evidencia analizada por el IERAL sugiere que el mercado laboral privado formal atraviesa una etapa de estabilización, luego del fuerte proceso de corrección observado en 2024. En ese marco, la dinámica de 2025 aparece como una condición necesaria para que los efectos de la reforma laboral comiencen a manifestarse con mayor claridad.
De cara a 2026, advierte Laura Caullo, la evolución del empleo registrado dependerá menos del ajuste previo y más de la capacidad de las reformas para ampliar el margen de decisión de las empresas, tanto en términos de contratación como de expansión. La consolidación de un entorno macroeconómico más estable y previsible será determinante para que la mejora en los flujos se traduzca en un crecimiento sostenido del empleo formal, apoyado no solo en la continuidad de las empresas existentes, sino también en un mayor dinamismo de la inversión y la creación de nuevas firmas.