Detrás de cámaras: creatividad e inversión para América Latina y el Caribe: aprendizajes de una conversación con voces claves del sector audiovisual

Este es el informe completo del BID sobre industrias creativas para América Latina, con mención a lo que pasa en Argentina.

El presente documento hace un repaso del sector audiovisual en América Latina y el Caribe mediante una metodología híbrida que combina investigación de fuentes primarias y secundarias, y entrevistas a cerca de cien actores claves en la industria. 

Presentamos un mapa de la región que no pierde de vista sus hitos audiovisuales e intenta fijar su lente en debates de política pública y habilidades del siglo XXI. Complementamos nuestro recorrido con las experien- cias de creadores y creadoras emergentes, productores, ejecutivos de empresas de entretenimiento, trabajadores institucionales y de asociaciones fílmicas. 

Buscamos generar una discusión en torno al potencial de esta industria estratégica y explorar investigaciones son los retos que enfrenta su fuerza de trabajo, dónde se capacita y cómo se incorpora a las producciones, y resultados son las habilidades técnicas con mayor demanda actual. 

Para 2025, nuestra región necesita invertir en capacitación y aprovechar las oportunidades que supone este sector en crecimiento. En el camino tratamos de responder algunas preguntas urgentes sobre el funcionamiento de nuestro ecosistema audiovisual: ¿dónde operan los productores y de qué tamaño suelen ser las compañías de producción audiovisual en América Latina y el Caribe ?, ¿dónde y cómo se recluta a los profesionales del sector ?, ¿contamos con las habilidades técnicas para suplir esta demanda ?, ¿existen cursos capacidad suficiente ?, ¿qué son los puestos debajo la línea y tienen más demanda en los mercados emergentes? 

Estamos a las puertas de un nuevo boom audiovisual en América Latina y el Caribe. Solo en 2019 se calcula que se invirtieron unos 5,7 mil millones de dólares en producciones audiovisuales, impulsando la creación de más de 1,6 millones de empleos directos e indirectos, según un estudio de Olsberg SPI. 

Aunque sin duda la crisis por el covid-19 golpeó duramente todas las esferas de la vida, el confinamiento masivo impactó el sector de un modo inédito, con el cese de rodajes de un buen número de producciones. Sin embargo, la demanda de contenidos audiovisuales no disminuyó; por el contrario, siguió creciendo a través de nuevos formatos como el streaming. Gracias a las grandes inversiones que inyecta en las economías locales, el sector audiovisual puede contribuir a una recuperación rápida de las economías creativas. 

El BID destacó la industria del conocimiento argentina, pero recordó hitos anteriores

Debido a su histórica capacidad de adaptación, su resiliencia y su talento, América Latina y el Caribe está en una posición en la que puede aprovechar la coyuntura. Si ponemos la lupa en el sector audiovisual, se dibujan dos tendencias: las plataformas de streaming, que se consumen ahora en uno de cada cinco hogares de Latinoamérica, están cada vez más interesadas en producir contenidos originales para el mercado de nuestra región, que ha demostrado tener un gran aprecio por los contenidos dos propios. Pero, además, la demanda a nivel global de los contenidos producidos aquí, tanto en español como en portugués, subraya el potencial de América Latina y el Caribe como región exportadora audiovisual, capaz de llevar sus historias a los lugares más diversos del mundo. 

Países que cuentan con industrias audiovisuales más desarrolladas como Brasil, México, Argentina y, más recientemente, Colombia y Chile, exploran la manera de fortalecer la creación audiovisual como eje de atracción para las inversiones globales de un sector que mueve miles de millones de dólares y que impacta en ramas tan diversas de la economía como el turismo y la construcción. 

En Uruguay, República Dominicana, Panamá, Perú, entre otros, emergen nuevos centros que buscan posicionarse como lugares competitivos para establecer servicios de producción fílmicos y hubs audiovisuales. La experiencia ha demostrado que contar con leyes de fomento para la industria audiovisual es un paso importante, pero no el único, y que los gobiernos de la región tienen la oportunidad de aprovechar el potencial impacto económico y generador de empleo de esta industria. 

La conexión entre la agenda digital de los países y el capital humano del sector audiovisual es irrebatible. Debido a esto es importante impulsar políticas públicas pertinentes que dinamicen el sector, atiendan los retos locales y apunten a profesionales bien formados y de prestigio, con una capacidad creativa reconocida mundialmente y una ventaja comparativa en el mercado. Precisamente porque se trata de un sector que crece a pasos acelerados, los procesos de producción y distribución audiovisual están en constante transformación. 

Una encuesta comisionada para este estudio mostró que la ausencia de cursos y opciones de capacitación al nivel de los estándares requeridos por la industria global, y la falta de sintonía entre la experiencia curricular y la práctica, fueron vistos como los principales retos a los que se enfrenta la fuerza laboral de producción audiovisual en América Latina y el Caribe. La prioridad común de los actores de la industria audiovisual es atender la falta de capital humano y por eso insisten en la necesidad de invertir en la capacitación de nuevas generaciones de jóvenes, sobre todo de aquellos que se hallan en situaciones socialmente vulnerables. No es momento para perder la oportunidad de aportar a la reactivación económica de la región con un sector de la Economía Naranja en crecimiento. 

Las evidencias de muestra que las llamadas habilidades del siglo XXI son primordiales y serán algunas de las más necesarias en el tránsito laboral que supondrá el proceso de automatiza-ción de millones de empleos: frente a este panorama, se hacen  el pensamiento crítico, la habilidad indispensable de aprender a aprender, la autorregulación y otras suave habilidades como la empatía, la perseverancia y la creatividad. Asimismo, la diversidad del talento será clave para que América Latina y el Caribe se consolide como una potencia audiovisual. 

Las historias que contamos y cómo las contamos son una representación de nuestra riqueza cultural. Es vital amplificar las voces e incluir en los espacios de creación a grupos históricamente excluidos como mujeres, pueblos originarios, comunidad afrodescendiente, personas con discapacidad y de contextos sociales marginados. El audiovisual es el canal ideal para ensayar nuevas narrativas ancladas en estas voces, y su experiencia y talento al frente y detrás de cámaras son cruciales para lograrlo. 

Una puerta de entrada al sector es la educación y por ello es estratégico abrir programas de formación, becas, campamentos de entrenamiento y residencias artísticas específicamente diseños para detonar la diversidad. La industria audiovisual debería ser un objetivo prioritario por su peso en el empleo y la economía, pero también porque incide en nuestras identidades culturales, forma comunidad y aumenta nuestra proyección internacional. 

Las políticas públicas centradas en el sector deben contar con una visión integradora: comprender tanto el audiovisual en todos sus formatos: cine, series de televisión, cortometrajes, publicidad, videojuegos y animación, como entender que ellos tienen la capacidad de trascender su propia naturaleza y enlazarse con la cultura, el turismo y la imagen país. América Latina y el Caribe se encuentra en un momento propicio para aprovechar las lecciones de otros ecosistemas audiovisuales y consolidar su propia industria. 

La cooperación transregional es tan importante como un trabajo conjunto entre gobierno, sector privado, asociaciones profesionales y organizaciones multilaterales. Esperamos que este documento sea uno de los primeros pasos en esa dirección.

Leé el informe completo haciendo clic en la imagen de abajo:

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