Carlos Fader y la botellita de Emilio Civit: "Bienvenidos al tren"

¿Quién fue y qué hizo Carlos Fader en Mendoza? La historia de un emprendedor alemán que llegó para fundar la actividad petrolífera en la Argentina, desde Mendoza. Pero mucho más que eso. Lo cuenta Gustavo Capone.

Carlos Cristián Fader (1844 - 1905), impulsor de la "Compañía Mendocina de Petróleo" y creador de la primera usina hidroeléctrica mendocina aprovechando el agua del río Mendoza fue también uno de los primeros "en subirse al tren".

Hacía un tiempo que Fader había conocido a Emilio Civit, y paralelamente, hacía meses que el tren llegaba a Mendoza. En ese tren, y en el marco de ese contexto histórico de las últimas dos décadas del siglo XIX serán miles los emprendedores que llegarán a Mendoza. 

Ya el vasco Goyenechea en 1868, pero desde esos '80: Gargantini y Arizu en 1883; Toso, Ritini y Vicchi en 1884; Escorihuela, Izuel y Tomba en 1885; López Rivas en 1886; Giol y Aarón Pavlovsky en 1887, Filippini y Gabrielli en 1888, Gargiulo, César Cipolleti y Flichman en 1889; López de Gomara en 1890; Tirasso en 1891; Guiñazú en 1892; Furlotti y Calise en 1893; Norton en 1895; Carlos Thays en 1895; Titarelli en 1899, Catena en 1901, solo por nombrar algunos.

Carlos Fader.

Por ende, un nuevo ritmo social y económico invadió Mendoza a partir de la llegada del ferrocarril, lo que generó un renovado cambio de la fisonomía provincial, y en gran medida de su matriz cultural y productiva. Y Fader ya venía "en ese tren".

Durante siglos el viaje desde Mendoza al puerto de Buenos Aires hacía que las caravanas de carretas tardaran entre 45 días y 3 meses para llegar a destino, supeditado todo a las oscilantes inclemencias del tiempo, los riesgos de los malones nativos, los robos de "bandoleros", las crecidas de los ríos, los grandes médanos de arena que cambiaban según los vientos, la necesidad de buscar parajes con agua potable, las manadas de pumas que atacaban por las noches, y tanto ayer como hoy, los vaivenes del mercado para conseguir mejores precios o buenos alojamientos en las 46 postas registradas que se extendían en esos 1.100 arriesgados kilómetros. A la par, el negocio era chiquito. O se trasladaba algo de ganado en los tradicionales arreos; o vinos y aguardiente en vasijas o en bordalesas a través de los carretones rectangulares ("catangos") de cuatro ruedas tirados por tres yuntas de bueyes, contando además que, con suerte, solo la mitad no se romperían.

El tren cambió todo. Ahora el viaje desde Buenos Aires a Mendoza tardaba 48 horas, y lo que ayer se hacía en meses, de repente se hacía en dos días. Pero a la par, con esa transformadora revolución del transporte, era necesario muy rápidamente adecuarse a los nuevos tiempos. Y en "ese tren" que surcaba un nuevo paradigma venía "Mendoza", y muchos inmigrantes que traerían una visión progresista junto a un sector social y dirigente ya radicado que supo adecuarse a ese momento. Aquí estaban los Videla, Lemos, Coria, Moyano desde el siglo XVI; los Molina, Martínez de Rozas, Sotomayor, Corvalán, Guevara, Zapata, Amigorena, Segura, Correas, Álvarez, Oro, Puebla, Barrera y Godoy desde el 1600; los Bombal, Ortiz, Espejo, Céspedes, Ponce, Maza, Aguirre, Molina, Barraquero, Estrella, Villanueva, Ortega, Berutti, Cubillos, Maure, Blanco, durante el 1700 junto a los Arenas, que ya en esa época les vendían caballos a todo el país y tenían un servicio de troperos que hacían arreos a Chile; los Calle, Raffo, Benegas, Gutiérrez, González, Pescara, Hilbing, Bermejo, Ramos, Suarez, Gibbs, Maure, Roig, Ozamis, Civit, Olive, Canoy  Day, desde comienzos del XIX. Pero también en nuestro suelo, ya desde siempre los Azaguate, Talkenka, Guaquinchay, Pallamay, Panquehua, Chapanay. Solo mencionar un puñado.

El viaje a la cordillera

Ya lo expresamos. En aquel tren venía llegando "el alemán" Fader, oriundo de Albersweiler, un distrito sureño del país teutón, cerquita del límite con Francia. No vino en el primer viaje oficial del tren que llegó inauguralmente a la vieja estación de calle Las Heras el 7 de abril de 1885 trayendo hasta al presidente Roca.

Tampoco en aquel viaje previo (y también esperado con gran recepción) que arribó por el ramal del ferrocarril andino hasta donde por ese tiempo las obras estaban concluidas. Era en la "Estación Gutiérrez" (Maipú) y fue el 23 de mayo de 1884, en medio de la atónita mirada de muchos.

Las crónicas del diario "El Constitucional" dirán que a ese tren que llegó a "Estación Gutiérrez" se lo esperó en medio de un acto con una composición poética en forma de himno realizado por dos eximios cultores de la época: Ignacio Álvarez, eminente músico, y Benigno Díaz, poeta y autor de la letra e interpretado por niños de escuelas mendocinas. La obra se llamó: "Himno al Progreso".

Vaya paradoja, y otra vez como jugando; en "ese tren" simbólicamente venía Fader. Era el tren del progreso. Afortunadamente no llegó solo.

Mendoza la que siempre invita

Y una vez más, esa constante y llamativa predisposición, bien mendocina, por generar escenarios favorables y propositivos que invitan a acercarse a inversores y emprendedores que estuvieran predispuestos a asumir nuevos desafíos.

Ejemplos históricos abundan. Acompañando lo que ya el Preámbulo de la Constitución Nacional sostuvo ("para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino").

Por entonces, Mendoza poseía una serie de estímulos provinciales desde pasado el medio siglo del XIX para atraer inmigrantes y emprendedores, contando además con representantes oficiales en el puerto bonaerense que trabajaban expresamente para el Gobierno de Mendoza como "promotores" en el marco de una política de estado provincial. Tenían un sueldo y un porcentaje extra por los extranjeros que lograban persuadir para que vinieran a trabajar a Mendoza.

Les cuento también una verídica imagen ilustrativa. Carlos Fader hacía unos años estaba en el país. Había arribado a Argentina en 1868. Ya volveremos a ese alemán llegado a Buenos Aires hace más de 15 años atrás, pero este ejemplo data de principio de 1885. Fue apenas producida la apertura de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación para ese corriente año.

Es cuando Fader conoció a Emilio Civit, un joven diputado nacional de 29 años por Mendoza (digresión habitual mediante; uno de los diputados que defendió y votó la progresista Ley de Educación Nº 1420 en 1884), y que andaba llevando permanentemente en su maletín personal una botella con petróleo extraído del paraje "Agua del Corral", en las cercanías de Cacheuta, para contarles a todos en Buenos Aires sobre las virtudes y ventajas que podrían encontrar en Mendoza. Y como si fuera un vendedor ambulante de pomadas y anilinas por ese tiempo, según cuentan los testimonios de la época, Civit a todos les mostraba y explicaba lo que Mendoza produciría en materia combustible, si ese líquido oscuro de la botella de vidrio, llamado "petróleo" (y que era prácticamente desconocido para muchos) se pudiera extraer en gran escala de la provincia. Ni el nombre bien se conocía: "el betún mineral", "la brea", "el chapapote" (para los indios), "el alquitrán", le decían. Era petróleo.

Emilio Civit.

Para tomar dimensión solo diremos que el día del petróleo se conmemora los 13 de diciembre, en honor al hallazgo de un pozo petrolero en Comodoro Rivadavia, precisamente ese día de diciembre de 1907. He aquí lo referencial: un poco más de veinte años antes, ya Mendoza a través de Civit promovía lo que sería una de las monedas de cambio más trascendente de todo el siglo XX: "el oro negro", pero "con un antecedente mendocino, aún mucho más lejano que se remonta a 1787, cuando se usaba petróleo para calafatear (tapar) odres de vino", según Oscar Vicente, por entonces vicepresidente de Pérez Companc, durante el Primer Encuentro Empresarial Europa-Latinoamérica (Madrid - 1999).

Afortunadamente Civit encontró a Fader, conocido del entonces presidente Roca, quien hizo de nexo entre el emprendedor alemán y el diputado mendocino.

De un conventillo de La Boca a los cerros de petróleo

Carlos Fader era un trotamundos. De su natal Alemania siendo adolescente se marchará a Francia donde estudió física y matemática. De ahí partió a España para trabajar en una empresa de manufacturas. Pasará por distintas ciudades europeas, hasta mudarse a Italia, y en Nápoles se recibirá de ingeniero naval, para meterse de lleno a trabajar en una empresa que construía barcos, y en pos de una aventura más se tomó un navío que lo terminó trayendo a la Argentina. Se radicó en La Boca; y al poco tiempo ya tenía trabajo en el recientemente nacido "Ferrocarril Oeste".

Tenía solo 24 años, y se movía como un sabio veterano, pero con la "polenta" lógica de los desafiantes emprendedores que siempre están buscando dar un paso más. Será así que pidió un préstamo bancario, armó una sociedad con Enrique Peña, y juntos fundaron un taller metalúrgico y una de las primeras instalaciones (astilleros) donde se construyeron grandes barcos en el país.

También era Fader de esos personajes que acarrearía amores y odios por igual. La discusión y posterior despido de un operario de la fábrica, hizo que éste obrero en violenta represalia incendiara toda la instalación naviera. La catástrofe no lo detuvo a Fader. Pedirá una audiencia al presidente Roca, y por medio de la directa injerencia presidencial le otorgaran un préstamo que posibilitará la alternativa de reiniciar el emprendimiento.

Y así de nuevo, como será una constante en Fader, ya estaba otra vez subido al tren. Pero al tiempo dejó todo en Buenos Aires, y provocado por otro reto sacó un nuevo boleto. Próxima parada: Mendoza.

La botellita de Civit

A Fader le había "quedado picando" esa promoción de Civit cuando le propuso venir a trabajar a una Mendoza que se estaba abriendo al mundo de la mano de nuevas alternativas y hallazgos sorprendentes. Esa botella llena de petróleo que Civit con ímpetu promovía debió ser muy considerado por Fader. En el fondo, el petróleo ya comenzaba a ser una realidad concreta en el resto del mundo desde aquella positiva experiencia de la "Pennsylvania Rock Oil Company" en Titusville (responsable de la primera perforación petrolífera de la historia en 1859), lo que abría la posibilidad a Fader de convertirse en el pionero de la extracción petrolífera argentina, no dejando de ser un desafío y un buen negocio.

Lo cierto fue que esa botella viajó junto al mismo Fader a Alemania para ser analizada de primera mano por los mejores especialistas.

¿El resultado del análisis?, será evidente. En 1886 Carlos Fader, junto a sus socios (Enrique Peña y Guillermo White), inauguraban la "Compañía Mendocina de Petróleo" que llegó a perforar más de 30 pozos en Cacheuta con una profundidad promedio de 300 metros cada uno y logrando una producción acumulada de 8.000 metros cúbicos. Llegando a producir hasta 1891, por ejemplo, la exorbitante cifra de 8 millones de litros de petróleo. El convencido marketing de Civit al pasearse por todos los pasillos de las oficinas de los emprendedores y empresarios del momento había dado resultado.

 

"La Compañía Mendocina Explotadora de Petróleo llegó a poseer una concesión de 19.000 hectáreas en Cacheuta y hasta construyó un oleoducto hasta las vías del ferrocarril, para facilitar su traslado, pero las dificultades que se presentaron para hacer rentable esta explotación, indujeron a la mayoría de los accionistas de la empresa a vender el petróleo crudo que obtenían a la compañía inglesa del Ferrocarril Oeste, por lo que Fader, disconforme con esta decisión renunció y vuelca todos sus esfuerzos en su "Usina de Gas', empresa que será la que reemplazará con sus servicios, al alumbrado con faroles de kerosene, que iluminaba las calles de Buenos Aires" ("El arcón de la historia: El petróleo de Cacheuta". 1 de noviembre de 2016).

Él quería comprar una destilería de querosén, aceites lubricantes y parafinas para aprovechar el petróleo restante y de baja calidad. No le dieron bolilla sus socios y se fue.

Fader, sinónimo de energía: petróleo, gas, carbón y usinas de vanguardia

Así era Fader. Se podría acabar la explotación petrolífera; las crisis económicas podrían no ayudar; podría pelearse con los socios; pero lo que este alemán no podrá jamás, será quedarse quieto. Al negocio se sumaron sus hijos y así se metió de cabeza en la nueva "Compañía de Gas Mendocino". Y luego probará emprendimientos con el carbón, y más tarde con el gas de leña.

Habrá otra acción trascendente en la vida de Fader, significativa también en la historia de Mendoza, y fue la creación de la primera usina hidroeléctrica de Mendoza, y del país, en 1889, sirviéndose del agua de río Mendoza y determinando un salto de esas aguas bajantes, haciendo dentro de la caja del río un dique para levantar el nivel hídrico hasta la altura de las turbinas. Un aluvión cordillerano la destruirá en 1913.

La usina hidroeléctrica de Cacheuta.

La historia continúa

Carlos Fader se había casado al poco tiempo de llegar a Mendoza con Celia Bonneval, nacida en Francia, vizcondesa, descendientes de los Condes de Delor. El matrimonio tuvo seis hijos varones. Todos emprendedores y profesionales como él. Ingenieros, banqueros, diplomáticos, funcionarios públicos.

Fernando Fader.

Pero uno de esos hijos pintará un paraíso lleno de expresiones que lo terminaran consagrando en un indiscutido icono cultural de Mendoza. "Es un Fader", dirán. Un cuadro cuya paleta con el padre se plagaba de petróleo y con este hijo se cubrirá de pinceles. Ambos, Carlos y ese hijo pintor, con distintas herramientas forjaran con sus obras esas imágenes protagónicas que siguen llenando de color la vida y los convierte en inmortales. Serán de esas personas que invitan a continuar soñando en el futuro. Esas locomotoras sociales que todas las generaciones necesitan.

En el fondo estas historias relatadas son el común denominador de muchas vidas de Mendoza donde una huella genética articula el desafío, el esfuerzo, el convencimiento y el talento.

Así era Carlos Fader, quien también será el padre de otra historia. La de un pintor que se llamaba Fernando.


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