Una señal del mercado que respalda al Tesoro en la renovación de deuda en pesos

Una operación previa a la última licitación permitió reposicionar cerca de $2 billones desde un bono con vencimiento en 2027 hacia otro con plazo más largo. El movimiento sugiere que, con tasas más altas, empieza a aparecer demanda para extender plazos en la deuda en moneda local.

Tras la última licitación del Tesoro Nacional, encabezada por el secretario de Finanzas Federico Furiase, los resultados iniciales parecían mostrar un panorama financiero sólido. El Gobierno informó un rollover del 138,5%, un financiamiento neto superior a los $3 billones y un impacto acotado en las tasas de corto plazo, un escenario que reflejaba cierta calma en el mercado de deuda en pesos.

Sin embargo, con el paso de los días comenzaron a aparecer indicios de movimientos previos que ayudan a explicar cómo se alcanzó ese resultado.

La clave no está en la licitación en sí, sino en lo que ocurrió en las jornadas previas. El lunes 30 de marzo, justo antes de la liquidación de la subasta, los depósitos del Gobierno en pesos en el Banco Central registraron una caída abrupta de $2,12 billones. Al mismo tiempo, los encajes bancarios crecieron cerca de $3 billones.

Por su magnitud, ese movimiento llamó la atención de los analistas. En principio podía interpretarse como una expansión de liquidez dentro del sistema financiero, aunque el origen de esos fondos reveló otra dinámica.

Ver: El Gobierno logró un rollover del 123%, aunque con tasas cercanas al 40%

En el mercado comenzó a tomar fuerza la hipótesis de una operación previa entre el Tesoro y una gran entidad bancaria privada. Según esta reconstrucción, el viernes 27 de marzo se habría concretado la recompra por parte del Tesoro de bonos TZX27 por aproximadamente $1,94 billones a valores de mercado. Ese monto coincide con una operación detectada en el mercado secundario y también con una reducción posterior en el stock en circulación de ese mismo título. La ausencia de un canje formal que justificara esa caída refuerza la interpretación de que se trató de una recompra directa.

Luego se habría producido el segundo paso de la maniobra. El banco que vendió esos bonos habría participado en la licitación del Tesoro y reinvertido esos pesos en el nuevo instrumento TZXS8.

Desde el punto de vista financiero, la estrategia implicó reducir exposición a un bono con vencimiento en 2027 y trasladar esa posición hacia otro que extiende el plazo hasta 2028. En términos de mercado, significó alargar la duration de la inversión.

El dato resulta relevante en un contexto en el que los inversores venían mostrando cierta resistencia a comprometerse con vencimientos más largos, especialmente aquellos que se proyectan más allá del próximo mandato presidencial.

Sin embargo, la operación indica que esa barrera podría comenzar a flexibilizarse si las tasas ofrecidas resultan suficientemente atractivas.

Los rendimientos ayudan a explicar la decisión. El bono TZX27 habría sido recomprado en niveles cercanos a CER más 2,6%, mientras que el nuevo TZXS8 se colocó alrededor de CER más 7,6%, con una tasa implícita a futuro incluso mayor. Ese diferencial refleja el premio exigido por el mercado para aceptar plazos más extensos.

Si esta secuencia es correcta, también modifica la lectura del resultado oficial de la licitación. Al descontar la recompra del TZX27, el rollover efectivo se ubicaría más cerca del 114,2%, en lugar del 138,5% informado inicialmente.

De la misma forma, el financiamiento neto obtenido por el Tesoro pasaría de unos $3,07 billones a alrededor de $1,13 billones.

Más allá de la diferencia en las cifras, el episodio deja otra enseñanza para el mercado. Las licitaciones de deuda ya no pueden analizarse únicamente a partir del porcentaje de renovación o del monto adjudicado.

Cada vez cobra más importancia seguir los movimientos que ocurren en los días previos y posteriores a las subastas: cambios en las cuentas del Tesoro, variaciones en los encajes bancarios o transacciones relevantes en el mercado secundario.

Ver: Fondos de inversión miran el carry trade, bonos CER y energía para 2026 - Noticias de Mendoza - Memo

En este caso, la clave estuvo en una operación silenciosa pero significativa: una entidad financiera que liberó casi $2 billones, vendió un bono y apostó por un instrumento de mayor plazo. Un movimiento que, aunque discreto, terminó influyendo en la lectura final de toda la licitación.


Con información de Forbes

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