La crisis del vino chileno empieza a verse en los viñedos: productores arrancan parras ante la falta de mercado

La reducción de la superficie plantada y el mal momento de las exportaciones y precios empuja a productores chilenos -grandes y pequeños- a arrancar viñas, diversificar cultivos o replantear su futuro, en un escenario que también interroga a la vitivinicultura de Mendoza.

La histórica industria del vino chileno atraviesa una de sus peores crisis recientes, que ya no se mide solo en números comerciales: los productores han comenzado a arrancar parras y reducir hectáreas destinadas a la vid, una señal de ajuste radical ante un mercado que no absorbe toda la oferta disponible.

Según cifras oficiales, entre 2015 y hoy la superficie plantada en Chile disminuyó de unas 145.000 a poco más de 116.900 hectáreas, y expertos estiman que la cifra real podría ser incluso menor. Ante precios de uva que no cubren los costos de producción -alrededor de $100 por kilo frente a costos cercanos a $(Ch)250- y una caída de exportaciones de vino embotellado y granel, productores de todas las escalas han comenzado a replantear su actividad.

La situación golpea tanto a bodegas integradas -aquellas que elaboran y venden vino- como a pequeños agricultores. En el Valle de Colchagua, cooperativas y asociaciones de pequeños viticultores reportan que sus hectáreas tradicionales han caído drásticamente: de unas 150 gestionadas históricamente por la agrupación Red del Vino, hoy quedan menos de 50, mientras muchos productores arrancan sus viñedos tras décadas de trabajo.

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El director del Centro Tecnológico de la Uva y el Vino de la Universidad de Talca, Yerko Moreno, señala que el ajuste podría extenderse: para lograr un equilibrio entre la oferta y la demanda, estima que la superficie de viñedos destinada a vinificación en Chile podría necesitar descender incluso hasta unas 85.000 hectáreas.

La crisis -destacada en la última Jornada Reflexión del Vino Chileno- está relacionada con múltiples factores globales y estructurales: una disminución del consumo de alcohol en mercados tradicionales, una mayor conciencia sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas alcohólicas, y la presión económica derivada de inflación y menor poder adquisitivo de los consumidores.

A su vez, los datos de gremios como Wines of Chile reflejan una caída en las exportaciones de vino embotellado: en noviembre de 2025 las ventas fueron 16% menores en volumen y 17% en valor respecto al mismo mes de 2024, y la campaña cerró con cifras generales en retroceso.

Frente a este complejo panorama, algunos productores han optado por diversificar sus actividades, plantando cerezos, ciruelos, paltos u otros frutos en reemplazo de la vid, mientras que otros pequeños agricultores retornan a cultivos tradicionales o arrendan sus tierras.

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Este fenómeno no es exclusivo de Chile: regiones vitivinícolas del mundo, desde Languedoc en Francia hasta Santorini en Grecia, también han reportado contracciones en sus superficies y producciones por diversas presiones económicas y climáticas.

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