Cruce a Chile en tiempos de pandemia: la frontera que nos divide cada vez más

La situación de tensión constante que se está viviendo en el Sistema Integrado Cristo Redentor vino a remarcar las diferencias que existen y la poca voluntad que, por momentos, hay para que el tránsito y la integración de la Argentina y Chile sea mayor.

Si antes de la pandemia la integración a través del Sistema Cristo Redentor era dificultosa, en la actualidad es casi imposible y se generó una grieta que no sabemos si hay voluntad de disminuir.

Crucé desde Mendoza hacia Chile por segunda vez desde que se inició la pandemia. La primera fue durante el período en el que sólo estaba permitido el cruce de nacionales o residentes y ahora con la apertura general.

El tránsito es muy distinto, con muchos menos vehículos particulares y con los camiones dominando la ruta. Una ruta con muchas grietas y pozos que siente la falta de mantenimiento, propio de la pandemia, o propia del olvido que existe en el corredor internacional. Lo llamativo es que del lado chileno también está olvidada y el tránsito desde los Caracoles hacia Los Andes presenta varias zonas en muy malas condiciones.

El estado de las rutas es una muestra de la falta de voluntad en la integración, pero es parte de una serie de señales que es posible identificar al momento de moverse de un país a otro.

El caso de los camioneros es sólo un reflejo de las posturas enfrentadas que existen en el cruce internacional. Argentina por un lado y Chile por el otro, cada uno con sus medidas, con una falta de comunicación impresionante. Una comunicación que, además, no centrada está en Mendoza o Los Andes, sino que en Santiago y Buenos Aires.

Una muestra clara de esa falta de comunicación fue la habilitación del corredor seguro de Cristo Redentor el año pasado, una medida que se tomó cuando los chilenos no tenían permiso para salir de su país por la vía terrestre y sólo se atendieron algunos casos especiales. Recordemos que se instalaron estaciones sanitarias que poco uso tuvieron y que ya están en desuso.

Esa falta de comunicación se mantiene y se mantuvo. Por eso, por ejemplo, cuando la frontera no estaba abierta para usuarios en general, se suspendió el funcionamiento de lo que se denomina sistema simplificado, a través del cual los viajeros hacia Chile hacían un sólo trámite en Libertadores y quienes venían a la Argentina lo hacían en Horcones.

El día que se habilitó Cristo Redentor (cuando Chile quiso), el 4 de enero, las pruebas para volver al sistema simplificado fallaron y a más de un mes de esa fecha, aún ese tema no fue solucionado. Por eso, cuando cruzas tenés que parar primero en Horcones (hacer AFIP y Migraciones) y con un papelito (sí, un papelito escrito a mano), cruzas a Libertadores para continuar con el resto de los requisitos.

En el caso particular del jueves y el viernes, se cortó la luz en Horcones, cuestión por la cual todo el trámite para la salida temporal de los autos y el mismo de Migraciones, se hicieron a mano, ralentizando el proceso y una espera de más de dos horas por vehículos. Contra la falta de recursos, hay que destacar la voluntad y disposición de la gente de Migraciones y AFIP, que en lugar de cerrar (como se ha hecho en otras ocasiones o como se ha hecho en Chile también cuando hubo problemas en Libertadores) siguieron con la atención.

En Chile, con un flujo bastante menor que en otras temporadas, está instalado un sistema que funciona y con PCR incluido demoras cerca de media hora, con mucho personal, pero con el temor de que se active el paro anunciado de Aduanas.

Señales

Más allá de los hechos puntuales que se puedan mencionar, las señales que se observan al cruzar y las que trascienden (como en el caso de los camioneros), lo que indican es que hay una falta de comunicación importante entre los gobiernos centrales.

El movimiento entre ambos países no es una prioridad hoy, y sólo lo fue cuando en Buenos Aires se hizo presión a través del Sindicato de Camioneros. A Chile, por ejemplo, no le complicaban las manifestaciones locales y parecía no importarles la presencia de más de tres mil camioneros en la frontera. Aunque hubo una flexibilización, desde el vecino país siguen mirando con desconfianza los procesos de control de la Argentina y por eso se llegó a pedir un PCR con mayores garantías por certificados "truchos".

La falta, a un mes de la apertura de Libertadores, de la habilitación del sistema simplificado para que los visitantes hagan trámite en un sólo complejo y un viaje menos tedioso, también es una señal de la baja importancia que se le está dando a la "integración" de ambos países.

Por eso, mientras en Chile miran a la Argentina con desconfianza, de este lado hay que analizar las situaciones, porque cuando se acordó un protocolo para que pudieran cruzar los camioneros varados, en Libertadores se habilitaron los centros de testeos y se hizo lo anunciado. En Argentina, en tanto, en Uspallata se registró un desorden tanto a nivel de toma de muestras como también en cuanto a protocolos en caso de positivos. Durante las primeras hora nadie sabía nada y eran los propios choferes los que ordenaron la historia.

En resumen, hoy desde uno y otro lado están culpándose por una y otra cosa, pero no hay comunicación y falta un trabajo mancomunado. De esta forma, es el peor momento de la integración, obviamente empeorado por la pandemia, pero que está muy lejos de las promesas eternas de los gobernantes nacionales para que el movimiento entre la Argentina y Chile, y viceversa, sea más fácil y expedito.


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