Gustavo Oriozabala desafió el hielo del Nahuel Huapi y va por la séptima corona

El nadador de 55 años completó los 8 kilómetros en 1h59m37s en aguas de 11 grados y anunció su próximo desafío: rodear la isla de Manhattan. Tras bajar 40 kilos y volver a competir después de una década, aseguró que hoy tiene "mucho más control mental" que antes.

Gustavo Oriozabala volvió a desafiar el frío, el tiempo y los límites propios. Este fin de semana cruzó a nado el lago Nahuel Huapi, 8 kilómetros en aguas de 11 grados, sin traje de neoprene y en un tiempo de 1 hora, 59 minutos y 37 segundos. "Quería bajar las dos horas", admitió en diálogo con Radio Post. Y lo logró.

A los 55 años, el mendocino no solo volvió a la alta competencia después de más de una década alejado de las pruebas exigentes, sino que lo hizo tras una transformación personal. "Había dejado durante 10 o 12 años. Volví por una cuestión de salud, tenía varios kilos de más. Bajé 40 kilos y me puse en el peso que tenía antes", contó. El regreso también tuvo un motivo íntimo: "Mis hijas casi no me habían podido ver nadar nunca. Dije: vamos a largar algunas pruebas para que me vean".

Lo que empezó como una decisión personal terminó en una nueva etapa de alto rendimiento. Ganó la Santa Fe-Coronda y recibió un reconocimiento como mejor nadador de aguas abiertas de la historia. Luego se propuso el desafío del Nahuel Huapi, esta vez sin traje, algo que -según destacó- nadie había hecho. El cruce tuvo además un componente simbólico: fue en homenaje a los veteranos de Malvinas, a 20 años de cuando él mismo nadó entre las islas. De hecho, uno de ellos lo acompañó en la embarcación durante la travesía.

El frío extremo no lo sorprendió. "Ya estoy entrenado para eso. Sé que a los 20 minutos no voy a sentir las manos y a la media hora no voy a sentir los pies", explicó. Durante la prueba realizó apenas dos paradas breves para tomar té caliente azucarado. Incluso debió corregir la trayectoria tras nadar 700 metros de más por un error de navegación.

Oriozabala asegura que hoy su fortaleza principal es mental. "Estoy muchísimo más maduro que antes. Tengo mucho más control mental", afirmó. Con más de 70 pruebas acumuladas, sostiene que la experiencia le dio tranquilidad. "Ayer nadé muy tranquilo de la cabeza, casi no pensé en el frío".

El cruce en Bariloche se suma a una carrera singular. Es el único hombre en el mundo que posee seis "coronas", nombre que se les da a pruebas emblemáticas de aguas abiertas. Entre ellas enumeró Magallanes, Beagle, Gibraltar (en doble cruce), el Canal de la Mancha, el Nahuel Huapi y el Río de la Plata -donde logró récord mundial-. Ahora va por la séptima.

El próximo 16 de julio intentará rodear la isla de Manhattan, en Nueva York: 49 kilómetros que demandarán entre ocho y nueve horas de nado continuo. "Quiero establecer el mejor tiempo de los argentinos", adelantó. Si lo consigue, ampliará una marca inédita en el circuito mundial.

El entrenamiento acompaña la ambición: para preparar los 8 kilómetros en el sur llegó a nadar 22 kilómetros diarios. Se entrenó en el dique Potrerillos y acumuló experiencia previa en aguas heladas como el Titicaca, Canadá, Malvinas y el propio Alcatraz, donde ganó una edición invernal con agua a 5 grados y sin traje, mientras el resto competía protegido.

Más allá de los récords, Oriozabala reivindica la constancia. "Obsesión, disciplina, trabajo, ejecución", enumeró como claves para alcanzar objetivos. Y rechaza la idea de que la edad imponga límites. "Hay que ponerse las pilas y no sentirse viejo", sostuvo.

Admite que la presión mediática del cruce -cámaras, drones y transmisión en vivo- le restó disfrute en el momento. "Recién cuando terminé y recibí el abrazo de los veteranos me relajé", confesó. Hoy, ya en viaje hacia su próximo destino, asegura que lo está disfrutando más.

Pero no piensa detenerse en Manhattan. "Después ya tengo un par de planes más", anticipó. Porque, como resumió al cierre de la entrevista, "de eso se trata la vida: pasarla bien también".

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