Bad Bunny: ¿un conejo salido de la galera de Trump?

¿Acaso un gobierno como el de Trump, que invadió a un país como Venezuela y capturó a Maduro, iba a tolerar en un evento como el Super Bowl una manifestación explícita en su contra, sin hacer nada por impedirlo? Es la pregunta angular de esta columna "incómoda".

Historiador y actor mendocino.

Demasiado ruido se ha hecho con la performance de Bad Bunny en el entretiempo del Super Bowl en el Levi's Stadium el pasado 8 de febrero, en Santa Clara, California, USA. En redes sociales, con más fuerza y viralización en la red X (ex Twitter) de Elon Musk, un gran porcentaje de usuarios se ha dedicado a ensalzar a Bad Bunny y convertirlo, de hecho, en el abanderado de la unión de pueblos latinoamericanos, como una expresión artística o política de oposición a la política inmigratoria del gobierno de Donald Trump.

Esta postura se generaliza sobre todo entre usuarios de ideología de izquierda o centro-izquierda, que ven en el artista a un referente célebre, famoso y archiconocido, parándosele nada menos que a Trump, abrazando a los pueblos latinoamericanos, más concretamente, dando un espaldarazo racial a los que habitan en suelo norteamericano, sean nativos, legales o ilegales.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Acaso un gobierno como el de Trump, que invadió un país soberano y secuestró a su presidente y su esposa, iba a tolerar en un evento de semejante importancia y masividad una manifestación explícita en su contra, sin hacer nada por impedirlo? La respuesta es sencilla: no hizo nada por impedirlo, a la que sigue otra pregunta más: ¿por qué? Respuesta: Porque al gobierno ultraderechista de Trump le convenía descomprimir la cuestión latina, habida cuenta de la sorda oposición que sus políticas raciales e inmigratorias están despertando en una población cada vez más extensa de "latinos" en EEUU.

No solo le convenía para descomprimir la mala relación del gobierno con estos grupos, sino que también le convenía por otras cuestiones no menos importantes para la economía del imperio.

Como todos saben, este año se juega en EEUU el mundial de fútbol (o "soccer" como prefieren nombrar los norteamericanos de bien, bajándole el precio porque "fútbol" hay uno solo para ellos). Las tendencias indican que el latino medio se inclinará por asistir al mundial 2026, dejando sus dólares en las arcas de la FIFA, en desmedro de las hambrientas cajas del Super Bowl, ícono de la cultura y tradición anglosajonas que el MAGA quiere restaurar a toda costa.

Ver también: Bad Bunny, identidad latina y desafío político: las claves del show que incomodó a Trump

Entonces, Mr. Trump no solo hace la vista al costado con esta manifestación de hermandad latinoamericana de Bad Bunny en el Super Bowl, sino que la promueve al permitirla, para que esos latinos que tan mal le caen al presidente de pelo naranja, vean que también las tradiciones y costumbres deportivas de los anglosajones les alcanzan a ellos y puede libremente dejar en las boleterías reales o virtuales, el importe de la entrada al espectáculo deportivo yankee por excelencia.

Eso es todo. Bad Bunny no iba a ser molestado ni lo será. Como muchos artistas famosos, a sabiendas o no, es un instrumento del poder de turno y a su alrededor giran tantos ejes que nos sorprendería estudiar cada uno de ellos.

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