Bloqueo sindical: El futuro es una topadora que ningún camión podrá detener

Podrán poner a la gente en las vías de ese tren imparable, para evitar que los capos gremiales sean atropellados por la realidad. Pero llegará igual. Más aun cuando los que están de rehenes de dinastías millonarias y eternas de dirigentes, se den cuenta, se corran y la realidad imponga nuevas formas de ejercer una verdadera defensa de los trabajadores.

Mientras la mayor parte del sindicalismo se mira el ombligo, los trabajadores reales, que cumplen tareas y que se sustentan con su labor, están atentos a los cambios que el mundo exige para poder sostenerse y, en todo caso, escalar. En el medio, una casta dirigencial bloquea, por ejemplo, a Mercado Libre, para captar más clientela cautiva a la maquinaria gremial del Siglo XIX, al servicio de la patronal sindical.

Lo que ocurre en esa empresa es una metáfora de una realidad más amplia, en la que no hay más defensa de los trabajadores ni de sus posibilidades de conseguir empleo, sino una pelea por que subsistan mecanismos que acorralan a empleados bajo la órbita de uno u otro espacio político, empresario y hasta personalista al que se les llama arbitrariamente "gremios".

No ha salido el sindicalismo argentino aunque tal vez haya alguna excepción con la que estamos siendo injustos- a capacitar a los nuevos requerimientos de la realidad mundial a sus afiliados y, de tal modo, defender el trabajo.

El aferramiento al pasado responde a una lógica perversa. Es que allí han cosechado sus privilegios los dirigentes, y no la gente, y temen perderlo en un contexto en el que los trabajadores pasan a ser protagonistas de su propio futuro, sin intermediarios: esto es así no solo porque el mundo exige nuevas capacidades, sino porque sus referentes gremiales no cambiaron, son los de un tiempo que poco a poco va quedando en color sepia.

El futuro avanza, como una topadora. 

Podrán poner a la gente en las vías de ese tren imparable, para evitar que los capos gremiales sean atropellados por la realidad. Pero llegará igual. Más aun cuando los que están de rehenes de dinastías millonarias y eternas de dirigentes, se den cuenta, se corran y la realidad imponga nuevas formas de ejercer una verdadera defensa de los trabajadores.

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