¿El fin de la encrucijada?

La investigadora comienza a cerrar su ciclo de análisis histórico y la duda se sostiene en cada avance de su recorrido por los sistemas de gobierno a lo largo del tiempo.

Isabel Bohorquez

Notas sobre el mundo que se asoma dejando atrás la era de la división

En los últimos artículos hemos desarrollado una mirada crítica sobre las identidades políticas tradicionales (izquierda y derecha) y la búsqueda de modelos que prioricen la dignidad humana sobre la posición ideológica (la tercera vía).

La política no debería ser un dogma, menos aún una especie de religión secular. Todo lo opuesto a ello, la política debe ser una tarea compartida y estos últimos dos siglos hemos quedado atrapados en una oposición que ha dividido el mundo.

¿Cómo emergemos de esta dicotomía?

¿Cómo salimos de la encrucijada de elegir entre una y otra opción?

En cada país donde el debate político es posible, seguimos tironeando de los jirones de partidos que ya murieron hace rato o que se convirtieron en una metáfora absurda de lo que dicen defender o en una metamorfosis kafkiana que siempre resulta distópica. La política encarnada en esos partidos termina jugando el mismo juego en el tablero del poder (alianzas y contra alianzas entre ellos nomás).

Aquí en Argentina lo vivimos a diario con la confrontación entre libertarios (de derecha) y esa abstracción del viejo peronismo (de derecha también) ahora identificado como kirchnerismo (de izquierda). Los demás partidos parecen agonizar sin remedio o resurgir siempre negociando con uno de los dos bandos en pugna.

¿Por qué nadie de un lado y del otro de la vereda que indignamente separa a los argentinos discute, por ejemplo, la reforma laboral del modelo nórdico, trae expertos de allí, revisa las estadísticas de estos países que han alcanzado el 100% (o muy cerca) de empleo formal, tienen los porcentajes más altos de inversión de su PBI en formación laboral en el mundo y les va bien? Recordemos que los países del actual modelo nórdico (Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia) eran muy pobres a principios del siglo XX... cuando Argentina ya era un país muy rico...

¿Qué nos pasó (a nosotros y a tantos países) que empobrecimos y ellos salieron adelante?

Nosotros quedamos anclados en la discusión conveniente de los extremos para que esos mismos sectores subsistan.

Seguimos en el ejercicio del debate burdo, ofensivo y violento.

Seguimos atrapados en un relato de quién tiene la razón cuando en realidad, nadie la tiene y todos la tienen porque no se trata de tener razón sino de construir otra cosa diferente.

Esa es la verdadera batalla cultural e ideológica que hay que dar.

La tarea es constructiva.

¿Por qué no abandonan, por un momento, la superioridad moral insoportable -de un lado y del otro-, dejan las calles en paz y se sientan a estudiar un modelo exitoso y cómo transicionar hacia él?

Porque no les conviene.

En realidad, la única forma de que exista la derecha y la izquierda es que se mantengan en pugna y entre medio, no haya más que vacío. Son socios en la cuadratura del círculo político.

La tercera vía es peligrosa para los extremos porque pone en riesgo su estructura de poder.

La tercera vía obliga a la izquierda a ser pragmática y dialógica en vez de revolucionaria y obliga a la derecha a enfocarse en el bien común y no solo en las ventajas competitivas.

La tercera vía aniquila a la izquierda porque la vacía de sentido y disciplina a la derecha al punto de limitarle sus ambiciones.

Las lecciones del camino

A lo largo de este recorrido, hemos identificado ejes que explican esta dinámica bicentenaria:

1. La brújula es pragmática, no moral: Las categorías de "izquierda" y "derecha" no son mapas inamovibles; los actores han cruzado estas líneas según su necesidad de conservar el poder.

2. La traición como mecanismo intrínseco: Todas las revoluciones llevan el germen de su propia traición. Los mecanismos utilizados para "liberar" terminan siendo opresivos, como ilustra la obra de Trotsky.

3. La autocratización como "la noche oscura": El mundo atraviesa una ola donde la autoridad de un grupo se convierte en ley suprema, resultando siempre en una pérdida de libertad.

4. La "herejía exitosa" del Modelo Nórdico: Frente al fracaso de los extremos, surge una tercera vía que combina el dinamismo del capitalismo con una protección social robusta. Es una herejía porque desafía los dogmas de ambos bandos.

¿Cuál es la gran tensión -más discursiva que efectiva- entre la izquierda y la derecha? Es aquella entre el discurso de liberación y la realidad de la opresión, donde estructuras aparentemente opuestas (como la izquierda radical y las teocracias islámicas, por ejemplo) convergen en detrimento de la libertad individual y del bienestar de los ciudadanos. ¿Cuál es el punto común? no es la ideología, sino el método de control y la construcción de un enemigo común.

Es tiempo de empezar a leer el mundo con otras gafas.

La izquierda y la derecha ya no explican el mundo (ni lo salvan). Lo oprimen o lo mortifican, lo exprimen o lo dejan en agonía.

La respuesta a la revolución francesa y a posteriori, la marxista, la del proletariado, de la revolución industrial, ya se elaboró; la posibilidad para que el capitalismo se desarrolle positivamente (y reguladamente) ya se construyó, la alternativa ya existe. Sólo hay que mirar hacia allí, aprender y generar una propia versión.

El borramiento del sujeto y la infamia de la izquierda

Las infamias que aún sostiene la izquierda se basan en la construcción de un "nuevo sujeto revolucionario trasnacional". La vileza de esta narrativa es que borra al sujeto histórico con su biografía y fe local para reemplazarlo por un "oprimido militante". La libertad individual se sacrifica en el altar de la identidad colectiva.

El hilo conductor que une a Irán con la izquierda no es el amor a la teocracia, sino el rechazo a Occidente como el mal absoluto, cualquier estructura que se le oponga es vista como "liberadora", aunque en su interior sea profundamente opresiva. Es el fenómeno del "enemigo de mi enemigo es mi amigo".

La tremenda incongruencia es cómo la izquierda asumió que podía definir la opresión sin las personas o a costa de ellas, defender al pueblo sin el pueblo, hasta constituirse en un modo autoritario y hegemónico de "salvar".

La izquierda arrasa así con las identidades nacionales, con sus valores y sus costumbres, menospreciando (incluso ultrajando) las tradiciones que señala como fascistas o conservadoras (la familia, la religión, la patria) porque antepone "su sujeto a liberar" y para ello necesita arrasar con todo lo demás en nombre de su justicia.

Esta paradoja se encuentra presente en lo que algunos autores llaman "tercermundismo ideológico".

Carlos Rangel (es quizás el crítico más importante, fue un intelectual venezolano que causó un escándalo intelectual en su época porque se atrevió a cuestionar las vacas sagradas del pensamiento de izquierda latinoamericano 1929-1988), en Del buen salvaje al buen revolucionario (1976), ya advertía que el tercermundismo es un mito compensatorio que culpa al colonialismo para no asumir responsabilidades propias estancándose en un victimismo que justifica el fracaso interno.

En su libro posterior, El tercermundismo (1982), extiende su análisis fuera de la región y plantea que esta ideología es una herramienta utilizada por las élites locales y bloques de poder internacionales para ejercer control político bajo una fachada de justicia social.

Rangel es considerado un profeta por muchos analistas actuales, ya que sus advertencias sobre el declive de la democracia y el auge del populismo parecen describir escenarios que ocurrieron décadas después de su muerte.

Pascal Bruckner (filósofo francés, ensayista, 1948) y Jean-François Revel (filósofo francés, periodista, 1924-2006), profundizaron esta crítica, señalando cómo las élites intelectuales idealizaron el "Tercer Mundo" como una reserva de pureza revolucionaria, ignorando las dictaduras reales.

Pascal Bruckner en Las lágrimas del hombre blanco (1983) y en La tiranía de la culpa (2006) entre otros textos, analiza el sentimiento de culpa europeo y cómo el tercermundismo se convirtió en una especie de "religión" donde el éxito occidental es visto inherentemente como un robo.

Esta intelectualidad se especializó en diagnosticar la opresión, pero fue incapaz de proponer una convivencia que no terminara en exclusión.

Si el éxito es siempre "capital heredado" y el fracaso es siempre "violencia simbólica" (Bourdieu), se elimina el valor del esfuerzo individual y se culpa a la estructura. Al situar el conflicto en el centro de la identidad (yo soy quien soy porque el sistema me oprime), se crea una política basada en la queja perpetua.

La intelectualidad francesa de izquierda (incluyendo a Sartre y luego a los posestructuralistas) a menudo se enamoró de la estética de la ruptura. Sus ideas impulsaron cambios que no se materializaron de manera justa porque estaban diseñadas para la crítica, no para la administración.

El resentimiento sumado a la superioridad moral que abraza todas las banderas posibles para su beneficio (género, diversidades, discapacidad, etnias, minería, medio ambiente...) es el motor de la pretendida revolución actual. El horizonte de esa vía es demasiado inquietante.

La frialdad del cálculo y el vacío de la derecha

Su contracara, la derecha, adolece de una frialdad de cálculo y un vacío de propósito humano. El reduccionismo economicista en el que suele incurrir ubica el crecimiento económico por delante las personas, cree que, si el PBI crece, la sociedad está "curada", ignorando que una economía puede ser exitosa mientras su tejido social se desintegra y la soledad aumenta.

Históricamente, la derecha ha pecado de una falta de empatía estructural al considerar las desigualdades como "naturales". Si la izquierda sobreactúa la herida, la derecha a veces la niega, asumiendo que quien no prospera es solo por falta de mérito y soslayando las mismas condiciones que impone. Su brújula no marca la libertad como valor absoluto, sino la estabilidad como condición para el mercado, lo cual la lleva a pactar con autoritarismos siempre que mantengan el "orden".

Un mundo con ansias de ecuanimidad como el que se asoma y no se detiene, no se conforma solo con orden público; necesita un propósito ético que la derecha, en su versión puramente mercantilista, no sabe proveer.

Christopher Lasch (1932-1994) historiador y sociólogo estadounidense, crítico tanto de la izquierda como de la derecha planteó magistralmente en su obra La rebelión de las élites y la traición a las democracias (1994 póstuma) que el peligro real viene de arriba, de las élites que han perdido el sentido de responsabilidad hacia su propia nación. Y cuestiona la muerte del debate público reemplazado por las guerras culturales y la gestión técnica.

Otro autor ineludible es Augusto Del Noce (1910-1989) fue uno de los filósofos y pensadores políticos italianos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Considerado el profeta de la sociedad de consumo, se le reconoce por haber predicho, ya en los años 60, que el marxismo no caería ante el cristianismo, sino que se disolvería en un materialismo burgués radical. Para él, la sociedad opulenta era la etapa final donde el ateísmo se vuelve "vivido" y el bienestar sustituye a la verdad. Planteó el riesgo del nihilismo del mercado de una sociedad de consumo puramente materialista, tecnócrata y deshumanizada, sin Dios.

¿Hay una derecha orientada en valores? Sí, justamente los mismos valores que la izquierda rechaza y menosprecia.

Sin embargo, su inclinación extrema ha gestado nacionalismos fascistas o ha justificado limpiezas raciales y étnicas (notablemente los más oscuros de la historia comenzaron ubicados en la izquierda socialista y luego metamorfosearon a una derecha nacionalista extrema como el nazismo de Hitler o el fascismo de Mussolini, por ejemplo).

La gran ventaja de la derecha quizá sea que, siempre que pueda ajustarse a regulaciones que asuman el bienestar social como factor estructurante de cualquier nación, se puede negociar con ella porque esa es su lógica.

Recordemos el origen de ambas, la derecha pretendió un orden institucional pragmático que conservara el régimen monárquico y que, a su vez, resguardara sus intereses. Mientras que la izquierda quiso abolir todo para reescribir la historia. Tanto, que los primeros izquierdistas en cambiar de bando (y luego sufrir la guillotina) fueron los comerciantes que solamente querían un régimen republicano seguro y confiable para trabajar y progresar.

La derecha entiende la racionalidad del intercambio. En cambio, la izquierda, siempre anhela el caos revolucionario.

La buena noticia: Archipiélagos de sensatez

De a poco en el mundo surgen otras formas de cooperación y multilateralismo internacional basado en valores más que en la geografía. Países con intereses comunes están creando sus propios "mapas" y esta herejía exitosa a escala global implica que los que creen en la libertad y la honestidad trabajen juntos, dejando a los autócratas fuera de la mesa.

Países que no son superpotencias, pero que tienen democracias sólidas, están creando clubes cerrados de cooperación como el Future of Investment and Trade (FIT) Partnership (Asociación para el futuro de la Inversión y el Comercio), lanzado formalmente en septiembre de 2025, es el ejemplo perfecto de esta "tercera vía" aplicada a la economía y la geopolítica.

No es un bloque regional (como el Mercosur o la UE), sino un grupo transcontinental. Es una iniciativa lanzada por 16 miembros: Singapur, Suiza, Noruega, Emiratos Árabes Unidos, Nueva Zelanda, Chile, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Marruecos, Brunéi, Islandia, Liechtenstein, Marruecos, Ruanda, con incorporaciones recientes como Malasia y Paraguay para fomentar un comercio abierto, justo y basado en normas que, apartándose de la parálisis que les provocan los gigantes como China o Rusia, han decidido actuar.

Este modelo funciona mediante la agilidad informal y la resiliencia. No es vinculante por la fuerza, sino por conveniencia: se basa en la honestidad y el beneficio mutuo e implica un "multilateralismo de geometría variable" cuando los organismos tradicionales (como la OMC o la ONU) se bloquean por las peleas entre las grandes potencias, permite que los países medianos y pequeños que quieren seguir progresando dejen de esperar y armen sus propios "clubes".

Busca fortalecer cadenas de suministro y facilitar tanto inversiones como intercambios mediante un enfoque flexible, diversificando las relaciones comerciales y aumentando la influencia de economías pequeñas y medianas a la vez que intentando reducir las barreras no arancelarias.

Su declaración de marzo de 2026 se centró en mantener las cadenas de suministro abiertas frente a las guerras en curso, protegiendo sus economías del caos externo.

Además del FIT, hay más movimientos que confirman que en el mundo se están estableciendo otras alianzas fuera del radar izquierda-derecha y que pueden recomponer el mapa roto a nivel mundial desde nuevas dinámicas.

El bloque de la seguridad de suministros: Alianzas entre países que tienen minerales críticos (como Chile o Australia) y centros tecnológicos (como Singapur o los países nórdicos), puenteando a las potencias que intentan monopolizar esos recursos.

Acuerdos de Economía Digital (DEPA): Liderados por Chile, Nueva Zelanda y Singapur. No hablan de aranceles de carne o granos, sino de cómo proteger los datos y la identidad digital, algo que los viejos organismos ni siquiera entienden bien todavía.

¿Qué ganan estos países y por qué es importante para la tercera vía?

Seguridad jurídica y previsibilidad. Mientras la ONU discute reparaciones del siglo XVIII, estos países están discutiendo cómo usar la IA para que sus aduanas sean honestas y rápidas. Están construyendo una red de confianza que ignora los binarios viciados de izquierda y derecha.

El sistema multilateral de la posguerra esté llegando a su fin (ojalá), pero lo que viene no es necesariamente el vacío, sino un mapa de "archipiélagos de sensatez".

Esta rebelión pragmática de países que deciden que su destino no tiene por qué estar atado a la "noche oscura" de las grandes autocracias ni a la inacción de los viejos burócratas es el faro hacia donde mirar.

Nos queda reflexionar -en el próximo texto- sobre el actual escenario de conflictos y guerras a la luz de esta esperanza.

La zaga completa mirada crítica sobre las identidades políticas tradicionales (izquierda y derecha)

El Dios del Islam: del desierto al mundo

El origen de la política moderna que dividió al mundo (y un suspiro de doscientos años)

El mapa roto (o quítate el velo)

La brújula inquieta

Un mundo imperfecto

La herejía exitosa (tras las huellas de un modelo de sociedad)

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