Hay clamores y clamores: reelegir a Fernández o que gobierne ahora mismo

Cada quien escucha, en el Gobierno y entre los accionistas del frente gobernante, lo que quiere escuchar y no lo que debiera.

Da la impresión, ante un simple repaso de los 2 años y 9 meses de gestión de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que el Gobierno no ha invertido un solo minuto en gobernar. La mayor parte del tiempo se ha derrochado en designar funcionarios en medio de la tensión interna del Frente de Todos, incluyendo boicots, reemplazos y estancamientos. Hay un plazo incalculable de horas pagadas a los funcionarios que van directamente a la basura de la ciudadanía, aunque representan una especie de "plazo fijo" para ellos: las reuniones partidarias, las bajadas de línea, las movilizaciones autosatisfactorias, los encuentros para darse manija y de autoayuda. Nada de esto último es lo mismo que gobernar, tarea para la que fueron designados mediante el voto uno, y otros, con el dedo de los votados.

Y es posible que esto mismo haya sucedido en otros gobiernos, pero en los que cierto bienestar y holgura de recursos lo supieron disimular

Ahora se nota. Se les nota que no están gobernando y que emiten decisiones al boleo, o bien para conformar a uno u otro sector y que por lo tanto, al no responder a un plan con un horizonte claro, terminan chocándose, anulándose las unas con las otras.

El único plan del que parece hablarse puertas adentro del gobierno nacional es el de supervivencia en el control del poder.

Es por ello que los últimos griteríos públicos entre los accionistas del Frente de Todos han sido directos y sin disimulo, reclamaciones mutuas para no perder las elecciones del año que viene, y no para acomodar las cosas en el país que lucen (y se perciben claramente) notoriamente desacomodadas.

Es tal la distancia del gobernante de este tiempo con la realidad, que es capaz de generarse una realidad virtual, de grupo, de tribu, según las circunstancias. Y lo peor: creérsela. Por lo tanto, mientras la sociedad clama que le digan que va a pasar con los precios hoy mismo cuando salga de compras, o si podrá seguir viviendo en la misma franja social sin descender por algún tiempo más, en el peronismo arman "operativos clamores" que no sintonizan la misma frecuencia que los habitantes comunes y corrientes del país, aquellos que si no trabajan, no comen.

Ayer mismo dos ministros que han resultado rescatados del olvido por Alberto Fernández pagaron otra cuota de su vuelta a los cargos públicos, clamando por un "premio" al Presidente, que seria darle la reelección.

Sin mirar ninguna encuesta más que la cara de quienes caminan por las veredas del Centro de Mendoza en este momento podría asegurar que a nadie se le ocurre tal idea, a no ser que sea el remate de un chiste de esos que hacemos para catalizar las broncas y amarguras de la inseguridad de futuro de la que somos portadores.

Es el clamor que agitan Agustín Rossi, que ni bien le dieron a manejar el aparato de espías del Estado empezó a usarlo partidariamente, y Aníbal Fernández, de quien nadie puede explicar su regreso nada menos que al Ministerio de Seguridad después de lo que otro ministro actual, Julián Domínguez, le endilgara en su competencia interna por la gobernación de Buenos Aires en 2015.

Esto demuestra que hay clamores y clamores. O, en definitiva, una utilización  irracional del término o de las oportunidades.

Cada quien escucha, en el Gobierno y entre los accionistas del frente gobernante, lo que quiere escuchar y no lo que debiera.

En este caso, es el Gobierno el que no le presta atención a la sociedad que no se aguanta más que manoseen su futuro solo por que a un grupo le interesa sostener la manija del poder solo por detentarlo, por mirar desde el costado (o arriba) a la Justicia y no desde abajo, en todo caso.


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