Cristo Redentor no tiene remedio y no hay plata para la solución por el sur

Los organismos chilenos no confían en las gestiones argentinas como para abrir y cambiar sus protocolos. Cristo Redentor no tiene remedio y todo apunta a trabajar en el desarrollo fuerte de otros pasos fronterizos.

El paso Cristo Redentor genera controversia hace décadas, por una u otra razón. En las últimas semanas había sido parte del conflicto diplomático que se generó en las dos visitas que hizo el embajador Jorge Faurie, y desde el miércoles se escenario del colapso del tránsito entre ambos países.

Con demoras de 9 horas, ya cruzaron más de 15.000 personas a Chile

Las críticas son las mismas de siempre, pero las demoras se siguen generando -principalmente- porque en Chile se mantienen los exhaustivos controles y más allá de las quejas, son medidas que no cambiarán.

Recordemos que el vecino país no es parte del Mercosur y, por lo tanto, protege sus fronteras pensando en su actividad económica y su política de tratados de libre comercio, lejana de la realidad del resto de los países de la región. Por eso, ir a Chile no es como ir a ninguno de los otros países limitrofes.

A todo lo mencionado, se le debe sumar la cordillera, que de por sí es un obstáculo y más aún cuando casi 10.000 personas por jornada se concentran en la puerta de entrada de los vecinos. 

Cristo Redentor es, en el corto plazo, un problema sin solución porque Chile no modificará sus protocolos en la frontera y no es posible pensar en que el cruce hacia el Pacífico sea más expedito. 

Más allá de los reclamos, otro punto clave para no modificar es que al otro lado de la cordillera no confían en los controles ni el funcionamiento del aparato estatal argentino, una cuestión histórica que se fue acentuando con el paso de los años. Vale recordar solamente, y como ejemplo reciente, los requisitos que estableció Chile en pandemia.

Infraestructura

La solución real para los problemas que se generan en la actualidad en la frontera apuntan a buscar zonas más amigables para unir ambos países. La mejor opción es el túnel Las Leñas, proyecto que está en etapa de análisis pero que detuvo su avance porque Chile hizo su parte de los estudios y la Argentina, sin recursos, no avanzó en la parte que el corresponde.

La opción de Las Leñas también viene a cambiar un poco el concepto de la conectividad entre Chile y la Argentina, considerando que el mendocino -principalmente- está acostumbrado a cruzar a los grandes centros urbanos de la zona central trasandina. Sin embargo, las ventajas que ofrece un paso por el sur, sobre todo para el transporte de carga, son notables. Además, todo apunta a buscar potenciar ese tipo de pasos para el tránsito hacia y desde los puertos chilenos.

Un túnel de baja altura funcionando gran parte del año, aún con nevadas, es una cuestión que parece más viable que invertir en Cristo Redentor. Sin embargo, en estos momentos la situación argentina no permite pensar en ningún tipo de inversión en infraestructura, por lo que en el corto plazo no hay una solución real en el horizonte para las escenas que estamos viendo en el feriado extra largo.

Por eso, cuando Faurie hizo sus reclamos por el funcionamiento de la frontera, con palabras que molestaron del lado trasandino (además de las quejas por las vías diplomáticas que lo obligaron a pedir disculpas), desde el Congreso chileno le pidieron que en lugar de hacer tanto ruido se ocupara de acelerar el avance de  -justamente- el paso Las Leñas.

Cristo Redentor no tiene remedio simple, los controles no van a cambiar y si bien el turismo es importante para Chile, hay factores que parecen pesar más (como el sanitario que maneja el Servicio Agrícola y Ganadero, SAG) en la administración de las fronteras a la hora de fijar los protocolos.

La solución no fue un complejo más grande, tampoco lo fue sumar más cabinas. Generar niveles de confianza y trabajo conjunto implica un proceso largo de profunda cooperación que hoy no se está en la cabeza de ningún funcionario. Ante ese contexto, a armarse de paciencia en un cruce fronterizo que parece más complicado que el que hizo el propio San Martín.

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