Cambiar la forma de votar: una pulseada entre el marketing y la oportunidad de cambiar

Se discute el cambio de sistema de votación: de la lista sábana a la Boleta Única. Apareció en el debate el tema de la "subestimación a la capacidad del electorado". Y se suman incógnitas, correcciones y advertencias ante la gran oportunidad de contar con una buena ley, y no con algo de lo que haya que arrepentirse o corregir.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

Podría ser que solamente se pretenda salir a "vender" otra diferencia de Mendoza con el resto de las provincias y la Nación, inclusive: "Aquí se aprobó votar con Boleta Única y se mejoraron los antecedentes de Córdoba y Santa Fe". O puede que, finalmente, se esté iniciando un proceso de mejora en la calidad de los representantes al ofrecer un mejor sistema de elección.

Hay más opciones posibles, pero todavía no están en discusión: por ejemplo, empezar antes de la boleta. Un caso sería que en su menú de candidatos de cada elección, los partidos políticos ofrezcan mejores opciones, más trabajadas, surgidas de procesos menos automáticos y más participativos. Hay un paso inicial a escala general con la ley de Ficha Limpia y habría que estudiar qué más hacer para que quienes lleguen a cargos de ejecución o de discusión tengan un mínimo de capacidades para ejercer esos cargos, y no lleguen a aprenderlo sobre la marcha, con ensayo y error a costo de todos.

El asunto es que la política es la que reforma a la política. Es correcto que así sea, pero no lo es dejar afuera del debate a toda esa masa crítica que la sociedad civil posee en instituciones interesadas en mejorar la calidad institucional. Si la política se cierra sobre los intereses del que más número tiene o el que grita más fuerte, se vuelve una corporación más y no ejerce el rol de gran instancia ciudadana que le otorga la Constitución. Nadie distinguirá en su amontonamientos quiénes opinaron de una u otra manera y seguirán siendo "los políticos" versus "la gente".

El proyecto que el Poder Ejecutivo de Mendoza envió a la Legislatura se suma a muchos otros que ya habían sido presentados por diversas fuerzas políticas. Esta vez, el oficialismo tiene en sus manos la oportunidad de aparecer como el dueño de un triunfo, luego de frustradas iniciativas de reforma constitucional, reducción del peso del costo de la política en el Presupuesto y varios más. Es un momento importante, además, para definir por qué y para qué se quiere cambiar de la boleta sábana a la Boleta Única, y si efectivamente se podrá aplicar cuando haya elección unificada con la Nación o qué pasará en las PASO con ella, y sobre todo, con las listas colectoras y espejo.

Los dos puntos álgidos en el debate por la Boleta Única en Mendoza

Días atrás, en un debate ad hoc organizado por la Fundación Nuestra Mendoza se planteó el tema desde dos puntos centrales: si se permite en la Boleta Única la opción de votar por lista completa y cuándo se podrá votar realmente con este sistema. Todos estuvieron de acuerdo en avanzar con la Boleta Única. Hubo tres voces oficialistas en el encuentro, Juan Carlos Jaliff, Omar de Marchi y Fernando Alín. Los tres pensaron diferente y se puede decir que protagonizaron las mayores diferencias en torno al nuevo sistema de elección. También opinaron Miriam Gallardo, José Luis Ramón, Mercedes Llano y Emanuel Fugazzotto, que aportaron otras miradas y se opusieron a que se pueda votar por lista completa.

Pero quedó latiendo, debido al escaso tiempo para el debate, una idea que se introdujo en la ocasión y que pasa por la subestimación o no por parte de la política a la capacidad propia del electorado. ¿Por qué? Lo planteó Jaliff cuando insinuó cierta desconfianza del resto de las fuerzas hacia la actitud del elector en el cuarto oscuro, al punto de querer negarle la oportunidad de votar por toda la lista de un partido político.

Surgió una polémica que no es artificial, sino de fondo: ¿Y entonces, por qué cambiar de sistema hacia una Boleta Única? ¿No es acaso la desconfianza en cómo se usa el actual sistema lo que empuja a buscar otro?

Podría cualquiera preguntarse por qué no troquelar las boletas actuales, si lo que se quiere es facilitar un trámite para terminar es con el arrastre de la primera figurita de la lista, suponiendo siempre (y aquí ya hay un pretexto siempre prejuicioso) de que todos los que van detrás se "esconden" en la figura de uno más potable que el resto de los candidatos.

Hay buenos argumentos en todos los sectores, dentro y fuera de la Legislatura, para discutir más un proyecto al que, de entrada, y el mismo día de su presentación, se le formularon correcciones desde el propio oficialismo. 

Es, además, una buena oportunidad de que salga una buena ley, de fácil aplicación, que no deje dudas y que a la hora de votar no genere inconvenientes.

Las mañas siempre complotan contra la mejora en la calidad política y son la herramienta más a mano a la hora de tomar decisiones importantes. Por ello, esta discusión a la luz del día tiene un gran obstáculo que sortear: el marketing como objetivo, que es de efecto efímero. Mejor que una ley instantánea, una que todos recuerden -por sus buenos resultados- cuándo y quiénes la hicieron. Así se revalorizará el rol de la política cuando se trata de acotarse a sí misma.

Bonus track: mirá el video 

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