Milei pelea por el superávit y las empresas lo hacen por las nuevas reglas de competencia
La caída de la recaudación complica las cuentas públicas mientras las empresas tratan de entender las nuevas tendencias de consumo. Por Rodolfo Cavagnaro.
En el gobierno nacional están mirando con mucha preocupación la marcha de la recaudación, que bajó en términos interanuales un 3% y bajó el superávit quedando muy cerca del límite. El problema que más atención genera es la caída del IVA comercial, que cayó un 10% en enero, lo que revela el menor ritmo de la actividad económica.
Las preocupaciones aumentan al advertir que los ingresos no crecen al ritmo de la inflación mientras muchos gastos están indexados. El principal, las jubilaciones y pensiones, que representa el 40% de las erogaciones del Tesoro, que en febrero aumentaron 2,8% y que en marzo lo harán otro 2,9%. Caputo mira y no deja de sacar cuentas. La nueva ley laboral, con el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) va a generar una baja de los aportes patronales de muchas empresas y eso representa menores ingresos a la nación.
Todo esperan que haya una reactivación de la economía, pero eso no se está verificando y el escenario se vuelve a parecer al de una estanflación, es decir inflación elevada (casi un 3% mensual es muy elevada) y una economía que no crece (aunque algunos sectores muevan los números). Porque, incluso, se registró un buen saldo comercial, por una caída de las importaciones 10% mientras las exportaciones crecieron un 18%.
La Universidad Di Tella, en un reciente informe, afirmó que existe un 99% de posibilidades de que la economía caiga en recesión. Este panorama no luce muy optimista toda vez que el gobierno acelera la quita de subsidios a las tarifas de servicios públicos, pero, por otra parte, no permite aumentar los salarios más del 1% mensual. Cuidan la inflación, pero se pueden ir al otro extremo, que es tan peligroso como el primero. Lo cierto es que el consumo se ve resentido y se nota en la vida de las empresas.
Los negocios con nuevas reglas
Si bien es cierto que la caída del poder adquisitivo de los salarios de algunos sectores se siente en el comercio, también es cierto que la falta de inflación les generó muchos problemas a muchas empresas. El primero fue que todas venían con un sobrestock de mercadería para cubrirse de la inflación y ninguno creía que podría bajar.
Otro tema es el cambio de modalidades comerciales. Las personas también dejaron de comprar en grandes cantidades para sus hogares para cubrirse de los precios. Hoy en general los aumentos de alimentos son menores y las mayores subas se dan en el rubro servicios, que han crecido casi el doble por el notable atraso que tenían las tarifas.
Por esta razón las familias extreman la creatividad para tratar de hacer durar sus salarios y se van generando nuevas modalidades de compras. Al principio, el desafío fue comprar en mayoristas y fueron muchos clientes los que perdieron los supermercados. Pero también en este sector hubo cambios cuando se dieron cuenta que tenían que ir a negocios de cercanía, más pequeños, con menos productos, pero los de mayor rotación.
Esta modalidad se va instalando para compartirles a los almacenes de barrio o a los supermercados chinos, pero todavía sienten el peso de las grandes estructuras. Aún hoy siguen creciendo los negocios de cercanía y sufren las grandes estructuras. Los de cercanía, además, suelen ser negocios familiares donde no impactan los impuestos al trabajo ni el peso de los sindicatos.
En los últimos tiempos, también, florecieron los strip centers, que son unidades comerciales pequeñas con una selección cuidada de negocios que están cerca de las nuevas urbanizaciones. En muchas de ellas, incluso, funcionan centros médicos, cafeterías o restaurantes y negocios de indumentaria, a un costo para los comerciantes mucho más bajo que instalarse en uno de los grandes centros comerciales.
Esta semana, y por una rara coincidencia, ya que lo hicieron cuando comenzaba el debate por la ley laboral, la empresa Fate, productora de neumáticos, volvió a anunciar el cierre y el despido de todo el personal (ya lo había hecho tres años atrás, en la gestión de Alberto Fernández). Sobran argumentos, entre los cuales aparece las importaciones, siendo que ellos siempre tuvieron protección del gobierno desde la época en que José Ber Gelbar era ministro de economía de Campora, en 1973.
El caso de Fate es un problema de atraso tecnológico y falta de inversiones unido a problemas estructurales que afectan todas las empresas. Uno de ellos son los costos de logística. Otro tiene que ver con los impuestos. Los neumáticos tienen una importante carga de impuestos directos, impuestos internos, IVA, ganancias, ingresos brutos, miles de tasas municipales. A esto debe sumarse la conflictividad gremial, que originó el cierre en 2022.
Evidentemente, esta empresa estaba acostumbrada a la protección de mercado y, al abrirse las importaciones y bajar la inflación, eclosionó toda la realidad ineficiente. Antes, a pesar de que dicen que tenían problemas de muchos años, tenían rentabilidad garantizada por las ventajas del proteccionismo asistencialista.
El dólar sigue cayendo
El viernes el valor del dólar oficial minorista llegó $1395, un valor que no registraba desde octubre pasado y el mercado sigue desorientado. El valor está cada vez más alejado del techo de la banda de flotación y siguen fluyendo dólares al mercado producto de la liquidación de exportaciones y también de origen financiero, por colocaciones de deuda de empresas.
Mientras tanto, el Banco Central sigue comprando divisas. El viernes ingresó 167 millones y acumula us$ 2412 millones en lo que va del año, algo más del 20% de la meta que se había fijado para todo el año. Las reservas también subieron, pero están sujetas a nuevos vencimientos de deuda. Dado lo exiguo del superávit, el Tesoro hoy no puede comprar muchos dólares.
Hasta mediados de año, con la liquidación de las exportaciones de soja a pleno, el flujo de dólares seguirá firme. Habrá que ver cómo juega las inversiones, ahora que l gobierno extendió el RIGI a otras actividades industriales, como la automotriz. El gobierno sigue sosteniendo las tasas altas y eso no es bueno y, si bien fomenta que los inversores salgan de dólares para pasarse a pesos, (carry trade) encarece el crédito productivo y para el consumo interno, que no puede recuperar los niveles de consumo.