Londres, la ciudad y sus museos
Danilo Albero recorre las salas de Londres para "leer" la historia a través del arte, concluyendo con una reflexión sobre el origen y la preservación del patrimonio universal.
La segunda visita al British Museum empezó por los tesoros del reino asirio, en el foro del rey Sargón en uno de los bancos en realidad parte de la estructura arquitectónica del pórtico del palacio Dur-Sharrukin, un grabado en la piedra de un juego de mesa, según las explicaciones, una suerte de backgammon primigenio que jugaban los custodios, todos los que hicimos guardia en el servicio militar sabemos de lo aburridas que son; más en las horas de la noche.
Los bajorrelieves en alabastro de los reyes babilónicos conservan, muy tenues, restos de pintura, la costumbre de acabar con colores las esculturas no fue solo práctica de los griegos. La cacería del león de Arsubanipal es una visita que no se puede dejar de lado; una suerte storyboard arcaico donde el espectador "lee" la historia a medida que recorre las paredes de lajas con relieves de alabastro y amerita ser narrada.
El largo mural abarca tres paredes de frisos continuos de un extenso rectángulo, comienza cuando un niño abre la jaula de los leones, la persecución en un carro conducido por un auriga mientras el rey va lanzando flechas que se ven surcando el aire, trayectoria que seguimos a medida que avanzamos, hasta que alcanzan leones, muchos en posturas extremas, retorciéndose cuando caen heridos. Un video digitalizado con sonido le da animación a parte de la secuencia.
Destacable, las salas dedicadas al mundo en la época de Alejandro Magno y la cultura helenística que rescató la cultura clásica tal como pervive hasta hoy el macedonio Alejandro Magno tenía como libro de cabecera a la Ilíada y se identificaba con Aquiles.
Del imperio romano, cultura etrusca, y la huella de los griegos en Italia son imperdibles, aparte de armas, los objetos de uso cotidiano: vajilla, cristalería, elementos de aseo, joyas, juguetes muchos semejantes a los que usábamos en nuestra infancia, previa a juegos electrónicos o a pila, dentro de los instrumentos de un carnicero un fémur de buey con grabaciones de las cuentas a pagar por los clientes la "libreta del carnicero" cuando yo era chico. Cerramos la visita con la maqueta del Mausoleo de Halicarnaso y fragmentos de esculturas que dan una idea de las dimensiones originales sólo dos efigies, de Mausolo y Artemisa miden casi 3 metros de altura.
La jornada siguiente nos llevó al Victoria and Albert Museum, dedicado a las bellas artes y las artes decorativas que alberga parte de la obra de William Morris y los prerrafaelitas y el cambio que lograron en el diseños de muebles, murales y tejidos; el movimiento Arts & Crafts (artes y oficios). La presencia de William Morris continúa en el bar diseñado por él y colaboradores, que lleva su nombre (Morris Room) y es un manifiesto del Arts & Crafts; inaugurado a mediados del siglo XIX fue el primer restaurante en un museo del mundo. Imprescindible hacer un alto y vivir la sensación envolvente como si formáramos parte de él; paredes decoradas con hojas y tallos entrelazados le dan un ritmo orgánico, los vitrales filtran la luz que se refleja en azulejos y los murales integrando el conjunto con los comensales de protagonistas.
El broche final, el cast court (patio de moldes y vaciados), una muestra de la tecnología de finales del siglo XIX y principios del XX para obtener copias de tamaño natural, que se pueden apreciar desde las barandas superiores, con una perspectiva que en los originales no es posible, entre otras: el Pórtico de Santiago de Compostela y la Columna de Trajano.
El punto negativo, muchas cartelas están colocadas a nivel del piso (lo normal es colocarlas a un costado de las obras) sumado a la reestructuración del museo mal señalizado; para ver obras en un pasillo delante nuestro, nos encontrábamos con la puerta clausurada y hubo que descender a planta baja y recorrer largos trayectos. Caos que los guías sabían y prevenían.
Tras día y medio engripados, retomamos con el paseo por la National Gallery, previo recorrer Trafalgar Square y ver la columna de Nelson, era hora del salat, un musulmán arrodillado en su esterilla, cabeza orientada hacia la Meca, realizaba sus oraciones. Luego de ver pintores de períodos previos, continuamos por la obra de William Turner, en esta oportunidad habían colocado cuadros francés Claude Lorrain (siglo XVII), provenientes de la colección particular del pintor inglés y que, por su testamento, deberían figurar en ese museo junto con tres de sus óleos más, importantes por el tratamiento de la luz diurna y los reflejos del sol en el agua: El combatiente temerario..., Lluvia vapor y velocidad y Ulises se burla de Polifemo.
La nota la dio un grupo de alumnos de la primaria que fueron con el profesor de arte y una colega. Una clase magistral de cómo ver prefiero la definición de Antonio Muñoz Molina "los cuadros se leen" pinturas. Frente a Ulises se burla de Polifemo, el profesor los hizo sentar en el piso delante del cuadro y que lo observaran; les pidió que ubicaran la zona más oscura, luego la más luminosa. Tablet en mano, los hizo observar que tipo de embarcación era y de que lado soplaba el viento, los niños al ver las velas dijeron "sail ship", luego enfocó en los remos "also oars" y que la proa del el barco se dirigía hacia nosotros, alejándose de algo, además que iba precedido de delfines que le abrían camino. Luego enfocó a la silueta de Ulises con una antorcha y, casi perdido en las sombras de una colina a la izquierda, Polifemo. Finalizó contándoles la historia y frase del artero Ulises cuando se presentó al cíclope y le dijo que su nombre era Outis (nadie). El ciego Polifemo grita "Nadie me ha cegado" a los que otros cíclopes responden "si nadie te ha cegado ¿por qué pides ayuda?". La explicación y enseñanza de "lectura" del cuadro culminó con el relato de una parte de la Odisea y la recomendación de que la leyeran.
Terminamos con la colección de óleos de Tiziano, hay tres cuadros significativos por su interpretación de historias de Metamorfosis de Ovidio: Baco y Ariadna, Diana y Acteón y Diana y Calisto, realizados por encargo de su mecenas (Alfonso I de Este, duque de Ferrara) para decorar su antecámara y dormitorio.
La jornada siguiente culminó con la visita a la Tate Gallery, finalizar el paso por la obra de Turner y una exposición, sobre la rivalidad que tuvo con Constable ahora con un diálogo de obras, seguimos con un lago paseo por las orillas del Támesis hasta llegar al Parlamento, que, bajo la neblina, inspiró varios óleos de Monet, y me dejó una reflexión sobre el patrimonio, ahora del Brititish Museum.
Gran parte de su acervo proviene de otros países pero ¿fué un expolio?; muchas de esas obras fueron descubiertas y recuperadas por arqueólogos que las buscaron, compraron y trajeron, muchas veces con los costes pagados por ellos mismos tal el caso de los frisos del Partenón por lord Elgin. ¿Qué habría pasado si no las hubieran traído? Muchas de ellas habrían sido usadas como material de construcción o fragmentadas para ser vendidas a particulares. No encuentro respuesta a estas preguntas.