Fernández Sagasti, La Jefa

El peronismo de Mendoza se dio cuenta de que quien manda es Anabel Fernández Sagasti. Es ella quien abre o cierra puertas con el Gobierno, la que permite o niega el ascenso a cargos en la estructura de gestión pública cuya decisión pase por la Casa Rosada. Pero también es la mano derecha del verdadero eje de poder político: Cristina Fernández de Kirchner.

Para analizar al peronismo en la conformación de sus propios espacios partidarios no valen parámetros ajenos. Mucho menos los prejuicios y estándares. El Partido Justicialista es la rama orgánica de un movimiento mucho más amplio, al que conduce y que exige hacia adentro verticalidad en la diversidad.

Quien lo conduzca debe tener poder. Ya hemos visto qué pasa cuando tales condiciones no se cumplen: desasosiego de la dirigencia, confusión que habilita a disputas de liderazgo en las escalas de gestión y de poder que poseen y, si bien no se puede llamar anarquía, si quien manda no tiene herramientas para ejercer su mando, tampoco hay una línea identificatoria y todo se vuelve un collage irreconocible más que una fuerza sinérgica.

El peronismo de Mendoza se dio cuenta de que quien manda es Anabel Fernández Sagasti. Es ella quien abre o cierra puertas con el Gobierno, la que permite o niega el ascenso a cargos en la estructura de gestión pública cuya decisión pase por la Casa Rosada. Pero también es la mano derecha del verdadero eje de poder político: Cristina Fernández de Kirchner.

Anabel Fernández Sagasti conducirá al peronismo en Mendoza

Sería un necio el peronista que no le reconozca ese rol y pretendiera disputárselo, de allí la rápida alineación detrás de su postulación, este fin de semana, a ser la presidenta del Partido Justicialista de Mendoza.

Inclusive quienes no hace mucho tiempo se reían de tal posibilidad, desde sectores más vinculados al peronismo no kirchnerista, se apuraron a preguntarles a sus ayudantes cómo tuitear el respaldo, rápidamente.

De tal forma, con Fernández Sagasti en remplazo del inocuo Guillermo Carmona, el peronismo tendrá un ordenamiento interno alrededor de su figura y acción. Pero también el oficialismo conseguirá un único interlocutor válido, después de mucho tiempo de tener que negociar con quien gritara más fuerte, y poco más que eso.

Dos cosas hay que decir sobre la consolidación del peronismo con un liderazgo de Fernández Sagasti

- Le hará bien a la política de Mendoza, otorgándole una polaridad consistente.

- No vale la lectura simplista de la "kirchnerización" del PJ.

Sobre esto último, hay que decir que la senadora nacional y excandidata a la Gobernación no come vidrio ni invita a masticarlo: sabe muy bien que la idiosincracia de Mendoza no le permitiría ejercer un camporismo de barricada, como el que probablemente ella misma ejerza en Buenos Aires.

La joven senadora no ha renunciado, tras su derrota por parte de Rodolfo Suarez, a llegar al poder y consolidará un camino que a veces parece pavimentado y otras, lleno de baches.

El electorado mendocino es esquivo a las enunciaciones meramente simbólicas. El "mucho ruido y pocas nueces" de las posturas "progres" le resbalan, en general. Y como Fernández Sagasti lo sabe interpretar, no habrá sobreactuaciones.

De hecho, sus últimas apariciones son trayendo plata para obras en municipios propios y ajenos y son estos últimos, los no peronistas, los que mejor buscan llevarse con ella a tales fines. ¿Qué hay más pragmático que eso y más útil para la población, sea peronista o radical?

Para el grupo que la acompañó en la "locura" de darle batalla a las estructuras que manejaban municipios en las PASO por la gobernación, ganándolas, este es un paso más en firme. Se sienten artífices de un cambio generacional y propietarios de un futuro capaz de cambiarle la cara a un peronismo al que la sociedad le pasa muchas facturas.

Sagasti será formalmente La Jefa y para el directorio del partido han sido elegidos tres intendentes: María Flor Destéfanis, a quien iba a delegar anteriormente la responsabilidad del cargo que ella misma asumirá, y los jefes comunales Martín Aveiro y Matías Stevanato, todos, de amplia aceptación en sus territorios.

No habrá -se dice- "impresentables". Y para usar este término baste recordar que uno de los miembros de la conducción que se va tuvo que renunciar acusado y procesado por violación, y que la presidencia estaba en manos de alguien a quien la ciudadanía no le revalidó los títulos partidarios que decía poseer.

Una nueva etapa para observar, que obligará a sus contrincantes políticos a levatar la vara y no solamente descalificar para posicionarse.

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